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La Culpa De Nuestros Deseos

La Culpa De Nuestros Deseos

Status: En proceso
Genre:Poder equitativo / Amor-odio / Romance de oficina / Secretos de la alta sociedad
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: mila1204

Anastacia Thompson lo sacrificó todo por salvar a su padre, incluso al hombre que amaba. Ella hizo lo impensable.

Años después, conoce a Edmund Carter. Él le devuelve la ilusión, la hace creer nuevamente en el amor y termina convirtiéndose en su prometido. Con él, Anastacia cree haber encontrado el amor que tanto había temido volver a sentir.

Pero ningún amor está libre de errores.

Cuando los secretos, el deseo y las heridas comienzan a poner a prueba su relación, todo aquello que Anastacia creía tener bajo control empieza a desmoronarse.

Todo cambia cuando Adrian Blake, el hermano mayor de Edmund el hombre que nunca olvidó a Anastacia, vuelve a su vida. Entre ellos existe un pasado que jamás murió una atracción que ninguno de los dos puede ignorar.

Mientras Edmund lucha por conservar el amor de la mujer que ama, Anastacia comienza a quedar atrapada entre la seguridad de un amor que conoce y el deseo prohibido de un hombre que nunca debió volver a su vida.

NovelToon tiene autorización de mila1204 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Encuentro inesperado

Por un instante, volví a sentirme como la niña que compartía sus sueños con su mejor amiga, convencida de que algún día tendría una boda preciosa y un hombre que la amaría para siempre.

Y ahora ese día estaba cada vez más cerca.

Me separé un poco de Silvia y la miré con una sonrisa.

—Está bien. Vamos a buscar mi vestido será el de mi sueño.

Ella dio una palmada, entusiasmada.

—¡Sabía que aceptarías! Y te advierto una cosa, Anita: cuando te pruebes el vestido perfecto, vas a llorar.

—No voy a llorar.

Silvia arqueó una ceja.

—Claro que no. Y yo soy una mujer tranquila que jamás se mete donde no la llaman.

—Tú no eres tranquila ni cuando duermes.

—¡Exactamente! Por eso soy la persona indicada para organizar esta boda

Mientras conducía hacia la casa de los Carter, me descubrí sonriendo sin una razón concreta. La conversación con Silvia seguía rondándome la cabeza, especialmente sus planes para mi vestido de novia. Todavía podía escucharla describiendo cada detalle como si ya lo tuviera delante de sus ojos.

Negué con la cabeza, divertida.

Silvia era un desastre, pero era mi desastre favorito.

Me hacía bien tenerla cerca. Con ella podía reírme, hablar de tonterías y olvidarme por un momento de las preocupaciones que últimamente parecían perseguirme a todas partes. Quería disfrutar de mi compromiso, de los preparativos de la boda y de la vida que estaba construyendo junto a Edmund. Me lo merecía después de todo lo que había vivido.

Cuando llegué a la residencia Carter, estacioné el automóvil y entré por la puerta principal.

—Buenos días, señorita Anastacia.

El mayordomo se acercó para recibirme. Era un hombre de mediana edad, siempre impecable y discreto, que llevaba años trabajando para la familia.

—Buenos días. ¿Cómo está usted?

—Muy bien, señorita. Me alegra verla por aquí.

—Gracias. ¿Está Edmund en casa?

—El señor Edmund salió hace un rato con el señor Robert. Tenían algunos asuntos que atender. La señora Margaret, en cambio, se encuentra en su habitación, acompañada por la señorita Wendy.

Me detuve apenas un instante.

—¿Wendy? —pregunté, procurando que mi sorpresa no se notara demasiado.

—Sí, señorita. Llegó hace un rato para visitar a la señora Margaret.

No hice más preguntas. No quería sacar conclusiones sin saber qué estaba ocurriendo, y mucho menos delante del personal de la casa.

—Entiendo. Gracias por informarme. Iré a ver a Margaret.

—Por supuesto, señorita Anastacia. ¿Desea que le prepare algo mientras tanto?

—No, gracias. Más tarde tomaré algo.

El mayordomo inclinó ligeramente la cabeza y se apartó para dejarme pasar.

Avancé hacia las escaleras con la intención de subir directamente a la habitación de Margaret. Me preocupaba su salud después de lo ocurrido y quería comprobar por mí misma cómo se encontraba. Aunque Edmund me había dicho que estaba mejor, no era lo mismo escuchar sus palabras que verla con mis propios ojos.

Sin embargo, cuando estaba a punto de subir el primer escalón, una joven apareció por el pasillo a una velocidad considerable.

Ninguna de las dos tuvo tiempo de apartarse.

—¡Cuidado!

Chocamos hombro contra hombro. La joven perdió el equilibrio y sus gafas cayeron al suelo, mientras ella se aferraba apresuradamente a la barandilla.

—¡Cuidado! —exclamé, sujetándola del brazo—. ¿Está bien?

—Sí, sí… Creo que sí.

Su voz sonó algo nerviosa.

Me agaché para recoger las gafas y, al levantar la mirada, pude observarla mejor.

Era una mujer joven, de cabello castaño claro que le caía en suaves ondas sobre los hombros. Tenía la piel clara, facciones delicadas y unos ojos grandes que, sin las gafas, parecían todavía más expresivos. Llevaba una blusa color crema, una falda elegante y unos zapatos de tacón que, a juzgar por el incidente, no parecían estar ayudándola demasiado aquella mañana.

Le entregué las gafas con una sonrisa.

—Creo que esto le pertenece.

—Muchas gracias. Y perdón, de verdad. No estaba mirando por dónde iba.

—No se preocupe. Yo tampoco estaba prestando demasiada atención.

La joven intentó dar un paso, pero su rostro se contrajo ligeramente y se apoyó en la barandilla.

—¿Se lastimó?

—Creo que me torcí un poco el pie.

—Espere, déjeme ayudarla.

Le ofrecí el brazo y ella lo aceptó dudosa. Bajamos despacio los escalones que acababa de subir, procurando que no apoyara demasiado peso sobre el pie lastimado.

—Debería tener más cuidado con esos tacones —comenté, mirando sus zapatos—. Son preciosos, pero parecen tener algo personal en su contra.

La joven soltó una risa breve.

—Empiezo a pensar lo mismo. Aunque debo admitir que la culpa ha sido mía. Siempre termino caminando más rápido de lo que debería.

—Entonces tenemos algo en común. Yo también suelo ir con demasiada prisa.

—En ese caso, quizá deberíamos hacer un acuerdo: la próxima vez que nos encontremos, caminaremos más despacio.

—Me parece una excelente idea.

Sonreímos. La muchacha parecía amable y me agradó que, a pesar del pequeño accidente, se hubiera tomado el tiempo de disculparse.

Estábamos llegando al final de las escaleras cuando la puerta principal se abrió.

—¡Wendy! ¿Qué demonios haces aquí?

La voz de Sara resonó.

La joven a mi lado se quedó inmóvil.

Me volví hacia la entrada y vi a Sara acercarse con el rostro endurecido. Su mirada pasó de Wendy a mí, y después se fijó nuevamente en ella.

—Sara… —murmuró Wendy.

—No me llames así  —respondió ella, cortante—. ¿Qué parte de que no quiero verte aquí no has entendido?

Fruncí el ceño, desconcertada.

—Sara, espera —intervine—. La señorita solo ha venido a visitar a Margaret.

Ella me miró como si acabara de decir una barbaridad.

—Anastacia, por favor, no te metas.

Su tono me sorprendió.

—Solo estoy diciendo que no hay necesidad de hablarle de esa manera.

Sara soltó una risa sin humor y volvió a mirar a Wendy.

—Esa mujer no necesita que nadie la defienda. Es una desvergonzada, una cualquiera que aparece cuando le conviene y después pretende que todos la reciban con los brazos abiertos.

Abrí los ojos, horrorizada.

—¡Sara, basta!

La voz llegó desde lo alto de las escaleras.

Las tres nos volvimos al mismo tiempo.

Margaret estaba allí, vestida con una bata clara y apoyada ligeramente en la barandilla. Aunque todavía se la veía pálida, su expresión era firme. A su lado no había nadie que la ayudara, y me pregunté si había bajado al escuchar las voces o si acababa de salir de su habitación.

—¡Mamá! —exclamó Sara.

Margaret comenzó a descender con cuidado.

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Rossy Bta
OMG 🥺🥺
Rossy Bta
será Silvia?? sabe algo
Rossy Bta
🔥🔥 encantada con la historia ❤️
mila: muchas gracias ❤️❤️
total 1 replies
Ann
Exelente me encantó , pero que tencion
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