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Mi Destinada

Mi Destinada

Status: En proceso
Genre:Hombre lobo / Mafia / Posesivo
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Dante Vassari es un poderoso alfa y jefe de una de las organizaciones mafiosas más temidas. Hace años perdió el olfato tras un misterioso atentado, y con él perdió toda posibilidad de encontrar a su destinada. Hasta que una nueva becada llega a su empresa. Aria Moretti es inteligente, obstinada y demasiado sincera para su propio bien. No le teme a Dante y no duda en señalar los errores de sus proyectos, aunque eso signifique enfrentarse al hombre más poderoso de la empresa. Lo que ninguno de los dos sabe es que su encuentro no es una casualidad. Porque quizá la destinada que Dante lleva años buscando siempre estuvo más cerca de lo que imaginaba.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No me importa

Dante leyó el mensaje una vez más.

«Deja de acercarte a la chica. No sabes quién es ni lo que ocurrió hace diez años».

Diez años.

La misma cantidad de tiempo que había pasado desde el atentado que le arrebató el olfato y dejó a su lobo sumido en un silencio insoportable.

No creía en las coincidencias.

—Luca —dijo cuando su mano derecha respondió la llamada—, quiero saber quién envió ese mensaje. Y no quiero que nadie se entere de que estamos investigando.

—¿Tiene que ver con la reunión?

—Tiene que ver con Aria Moretti.

Hubo una pausa.

—¿La becaria?

—¿Conoces a otra Aria Moretti que trabaje para mí?

—No, pero me sorprende que finalmente admitas que te interesa.

—Luca.

—Ya estoy trabajando en ello.

Dante cortó la llamada.

Su mirada regresó a la pantalla del teléfono.

No sabía quién estaba detrás del mensaje ni por qué mencionaba a Aria. Tampoco sabía qué relación podía tener ella con lo ocurrido diez años atrás.

Pero había algo que tenía claro: no permitiría que nadie la utilizara para llegar hasta él.

Aunque eso no significaba que le importara personalmente.

Por supuesto que no.

⸻

Aria notó el cambio esa misma tarde.

Dante, que apenas unas horas antes había compartido un café con ella, volvió a convertirse en el hombre distante de siempre.

No la llamó a su oficina.

No le pidió que revisara ningún documento.

Y cuando se cruzaron en el pasillo, se limitó a saludarla con un movimiento de cabeza.

Aria se quedó mirándolo, desconcertada.

—Qué hombre tan encantador —murmuró.

—¿Hablabas conmigo?

Mateo apareció a su lado con dos carpetas.

—No. Hablaba con una pared que tiene problemas de comunicación.

Mateo soltó una carcajada.

—¿Vassari?

—¿Quién más?

—Quizá solo está ocupado.

—Quizá nació así y nadie tuvo el valor de decírselo.

Mateo volvió a reír.

Desde el otro extremo del pasillo, Dante escuchó aquella risa.

Y, naturalmente, decidió que tenía cosas mucho más importantes que hacer.

Como revisar un informe que ya había leído tres veces.

O comprobar la hora.

O preguntarse por qué Mateo parecía encontrar tan divertidas todas las cosas que decía Aria.

⸻

Al día siguiente, Aria llegó temprano a la oficina.

Tenía una presentación importante y quería revisar las últimas cifras antes de la reunión.

Encontró a Dante en la cocina, preparando café.

Se detuvo en la entrada.

—Buenos días.

—Moretti.

Aria esperó.

Dante continuó con lo suyo.

Ella miró la cafetera, luego a él.

—¿Eso es todo?

—¿Qué esperaba?

—No sé. Un «buenos días, Aria», quizá. Una sonrisa. Una señal de que no está planeando conquistar el mundo antes del desayuno.

—No planeo conquistar el mundo.

—Menos mal. Ya bastante difícil es conseguir una reunión con usted.

Dante dejó la taza sobre la encimera.

—¿Necesita algo?

La pregunta, pronunciada con tanta frialdad, terminó de irritarla.

—No. Solo quería saber si había hecho algo para molestarlo.

Él la miró.

El mensaje anónimo seguía rondándole la cabeza. Desde que lo había recibido, una parte de él le exigía mantenerla lejos de cualquier peligro.

Y la manera más sencilla de hacerlo era alejarse.

Aunque verla marcharse le resultara insoportable.

—No todo gira alrededor de usted, Moretti.

Aria sintió que la frase le caía como un golpe.

—Tiene razón. Y tampoco todo gira alrededor de usted, aunque parece haberlo olvidado.

Tomó su taza de café y salió de la cocina sin esperar una respuesta.

Dante se quedó inmóvil.

Su lobo gruñó dentro de él.

La lastimaste.

—Cállate.

No le gusta que la ignores.

—No te he pedido tu opinión.

Entonces deja de pensar en ella.

Dante apretó la taza.

Su lobo guardó silencio.

Porque ambos sabían que aquello era imposible.

⸻

A media mañana, Mateo se acercó al escritorio de Aria.

—¿Te gustaría almorzar conmigo?

Ella levantó la vista de su computadora.

—¿Hoy?

—Si no tienes otros planes.

Aria pensó en la mañana que había tenido.

Pensó en Dante, en su actitud inexplicable y en lo irritante que resultaba que aquel hombre pudiera alterar su humor sin siquiera proponérselo.

Después sonrió.

—Me vendría bien despejarme.

—Entonces, invito yo.

—Acepto, pero la próxima vez pago yo.

—Trato hecho.

No vieron a Dante salir de su despacho.

Tampoco escucharon sus pasos detenerse al otro lado de una pared.

Pero él oyó perfectamente la invitación.

Y la respuesta.

No queremos que vaya.

Dante cerró los ojos un instante.

—No es asunto nuestro.

Entonces, ¿por qué queremos romperle la cara a Ferrer?

—Porque eres un animal.

Su lobo soltó un gruñido que, por alguna razón, se pareció sospechosamente a una risa.

Dante regresó a su despacho y cerró la puerta.

No podía prohibirle a Aria salir con quien quisiera.

No podía exigirle explicaciones.

Y no podía soportar la idea de que ella comenzara a mirarlo como a cualquier otro jefe.

Lo peor era que se lo había ganado.

⸻

A la hora del almuerzo, Aria y Mateo salieron juntos.

Dante los vio desde el ventanal.

Mateo le abrió la puerta del automóvil y ella le dijo algo que lo hizo reír.

Aria también se rio.

Dante apartó la mirada.

—No me importa —murmuró.

Su teléfono vibró sobre el escritorio.

Era Luca.

—Tengo algo —dijo su mano derecha—. El número desde el que enviaron el mensaje no está registrado a nombre de nadie. Pero hay una cosa extraña.

—Habla.

—El mensaje se envió desde un teléfono desechable. Sin embargo, antes de desaparecer de la red, recibió una llamada de un número que aparece en nuestros archivos antiguos.

Dante se quedó quieto.

—¿Qué archivo?

—El del atentado de hace diez años.

El silencio se volvió absoluto.

—Envíame todo lo que tengas —ordenó.

—Dante… hay otra cosa.

—¿Qué?

—El registro de aquella noche tiene un nombre que no habíamos visto antes. Moretti.

Dante sintió que algo helado le recorría la espalda.

—¿Estás seguro?

—Estoy revisándolo, pero sí. El apellido aparece en un informe secundario.

Dante colgó sin responder.

Miró hacia el estacionamiento.

El automóvil de Mateo ya no estaba.

Aria se había marchado a almorzar con él, sin saber que su apellido acababa de aparecer en uno de los capítulos más oscuros de la vida de Dante.

Por primera vez, su deseo de mantenerla cerca chocó de frente con su necesidad de protegerla.

Y no sabía cuál de las dos cosas podía terminar destruyéndolos.

⸻

A varios kilómetros de allí, Aria estaba terminando su almuerzo cuando recibió una llamada de su madre.

—Hola, mamá. ¿Todo bien?

—Sí, cariño. Solo quería saber cómo estabas.

Aria sonrió.

—Estoy bien. Estoy almorzando con Mateo, un compañero del trabajo.

Hubo un silencio breve al otro lado.

—¿Con quién?

Aria frunció el ceño.

—Con Mateo. ¿Por qué?

—Con nadie, cariño. Solo preguntaba.

—Mamá, ¿qué está pasando?

—Nada. Prométeme que volverás directamente a casa cuando termines de trabajar.

—¿Por qué?

—Por favor, Aria.

La voz de su madre había cambiado.

Ya no sonaba curiosa.

Sonaba asustada.

Aria se incorporó en la silla.

—Mamá, me estás preocupando.

—Solo prométemelo.

Aria miró a Mateo, que esperaba pacientemente mientras ella hablaba.

—Está bien. Te lo prometo.

Cuando terminó la llamada, se quedó mirando la pantalla.

Algo no estaba bien.

Primero, sus padres le habían pedido que no hablara de su infancia.

Ahora, su madre parecía aterrorizada por algo tan sencillo como que saliera a almorzar.

Aria guardó el teléfono.

No sabía qué escondían sus padres.

No sabía por qué Dante había cambiado de actitud.

Y tampoco sabía que, por primera vez en diez años, alguien había comenzado a unir las piezas de una historia que muchos habían intentado enterrar.

Lo único que sabía era que estaba cansada de que todos decidieran qué podía saber y qué no.

Y esta vez, pensaba averiguarlo.

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Paola Gonzalez
ME ENCANTA!!💙💙
Lety Nava
me gusta la novela , por favor actualiza para continuar leyendo ,
Paula Giaccaglia
me encanta, pero no entiendo ¿ por qué? hay varias novelas empezadas y ninguna terminada antes de empezar a escribir otra
Maleramram: Me gusta escribir, en verdad las ideas vienes y prefiero plasmarlas en algo antes de perderla
Además , las obras las terminó rápido solo que las dejo en borradores para darles suspenso , es un poco cruel lo siento 😅
Con gusto puedes comentarme alguna otra inquietud con alguna novela y subiré las capítulos
total 1 replies
Paula Giaccaglia
realmente ella es hermosa, él no tanto pero tiene poder y dinero
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