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La esposa que dejó de esperar

La esposa que dejó de esperar

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Reencarnación / Completas
Popularitas:58.3k
Nilai: 5
nombre de autor: gigiwww

Sabrina Elvara lo tuvo todo: una mansión, un apellido de prestigio y un esposo que cualquier mujer envidiaría. Lo único que nunca tuvo fue el amor de León Ardián.

Casados por obligación tras una noche que ninguno de los dos recuerda con claridad, su matrimonio no fue más que una jaula dorada. León la ignoraba. Sabrina lo perseguía. Y cuando descubrió que estaba embarazada, él se alejó aún más.

Hasta que un día Sabrina dejó de esperar.

Sin avisar, sin pedir permiso, huyó a Europa con su hija en el vientre. Dio a luz sola en Holanda durante una tormenta de nieve, reconstruyó su vida en Roma con un pequeño negocio de flores y crió a Liora —una niña de ojos enormes y risa contagiosa— sin la sombra de los Ardián.

Tres años después, León la encuentra por accidente. Pero la mujer que lo recibe ya no es la Sabrina que conoció: no suplica, no sonríe por compromiso, no necesita que él la salve. Y Liora, la hija que no sabía que existía, lo desarma con una sola frase:

—¿Tú eres el señor del parque?

Porque el amor no se demuestra con grandes gestos.

Se demuestra quedándose.

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Capítulo 18 — El reencuentro tras tres años

La habitación del hospital se volvió asfixiante de golpe.

Alya se quedó petrificada al ver a León en el umbral. El corazón le latía tan fuerte que le zumbaban los oídos.

No.

Es demasiado pronto.

No estoy lista.

Del otro lado, León tampoco lograba apartar la mirada ni un milímetro.

Tres años.

Tres años de búsqueda, de rabia, de vacío y de arrepentimiento.

Y ahora Sabrina estaba de verdad frente a él.

Real.

Viva.

Igual de hermosa.

Pero algo había cambiado.

Sus ojos ya no lo miraban con aquel amor de antes.

Ya no había en ellos esa luz que siempre lo esperaba.

Lo único que León encontró ahora fue estupor… y desconfianza.

Su mirada se desplazó lentamente hacia la cama pequeña junto a Alya.

Una niña dormía profundamente abrazada a un conejo de peluche. Sus mejillas redondas seguían algo enrojecidas por la fiebre.

Y cuando León distinguió aquel rostro con más claridad…

Se le cerró el pecho.

Esa niña…

Era extraordinariamente parecida a él.

Sobre todo los ojos.

—Sabrina…

La voz de León sonó ronca por primera vez.

Ese nombre hizo que Alya se tensara al instante.

Hacía mucho que nadie la llamaba así.

—Vete.

La voz de Alya fue baja, pero helada.

León se quedó inmóvil un segundo.

—Solo quiero hablar.

—Te dije que te vayas.

El tono de Alya empezó a temblar.

No era miedo.

Era que las emociones la desbordaban.

León dio un paso hacia el interior de la habitación.

—¿Es mi hija?

La pregunta congeló el aire de la habitación entera.

Alya se levantó por instinto y se plantó delante de la cama de Liora, como un escudo frente a su hija.

La expresión de León se volvió turbia al presenciar ese gesto mínimo.

Sabrina lo estaba protegiendo de él.

—Te lo pregunto una vez más… —la voz de León se suavizó apenas— ¿Es mi hija?

Alya se mordió el labio con fuerza.

Las lágrimas estaban a punto de caer, pero las contuvo con todo lo que tenía.

—Hace tres años dijiste que ibas a quitarme a esta niña en cuanto naciera.

León enmudeció de golpe.

Esas palabras lo golpearon como un mazo.

Alya soltó una risa breve, sin humor.

—Escuché todo aquella vez en la cafetería.

El rostro de León cambió al instante.

Entonces…

Sabrina de verdad había oído aquella conversación.

—Sabrina, escúchame…

—¡Estaba muerta de miedo en ese momento! —la voz de Alya se quebró al fin en un murmullo herido—. ¡No podía ni dormir de tanto pánico a perderla!

Los ojos se le iban enrojeciendo.

—¡Así que no vengas ahora a preguntar por qué me fui!

La habitación volvió a quedar en silencio.

León solo pudo contemplar a la mujer que tenía delante, incapaz de defenderse.

Porque todo lo que Alya decía era cierto.

En aquel entonces, él pensaba exactamente así.

Planeaba divorciarse de Sabrina después del parto.

Y esa realidad ahora resultaba brutal al ver con sus propios ojos cómo Sabrina había criado sola a aquella niña.

—Estuve mal.

Las palabras salieron quedas de los labios de León.

Alya se paralizó un instante.

En todo ese tiempo, León jamás había pedido disculpas.

Jamás había reconocido un error.

Y sin embargo, ahora estaba frente a ella con el rostro demacrado y los ojos cargados de remordimiento.

—No sabía que habías escuchado aquello —continuó León en voz muy baja—. Y nunca imaginé que llegarías tan lejos.

Alya dejó escapar otra risa seca, desprovista de alegría.

—Pues me fui.

—Sí…

La mirada de León cayó de nuevo sobre Liora.

La niña dormía con la respiración tranquila, ajena por completo a que sus dos padres estaban de pie con el corazón destrozado.

Liora.

León lo comprendió entonces.

El nombre de la floristería.

Liora Florist.

Algo tibio y doloroso a la vez le brotó en el pecho.

—Se parece a ti —murmuró León sin pensar.

Alya le clavó la mirada.

—No te acerques.

León se detuvo.

—No voy a quitártela —dijo en voz baja.

Pero esas palabras solo hicieron que Alya se alterara más.

—¡¿Cómo voy a creerte?!

Su voz subió lo suficiente para que Liora se removiera en la cama.

Ambos se callaron al instante.

Liora abrió los ojos despacio y se los restregó con las manitas.

—Mami…

Alya se apresuró a acercarse.

—Aquí estoy, cariño.

Pero unos segundos después, los ojos redondos de Liora captaron la figura alta junto a la puerta.

Y la niña esbozó una sonrisa pequeña.

—El señor del parque…

León se quedó de piedra.

Alya entró en pánico al instante.

—Lio, vuélvete a dormir.

Pero Liora se sentó despacio, abrazando su peluche.

—Vino otra vez…

La mirada inocente de la niña provocó algo extraño en el pecho de León.

Algo muy cálido.

Un sentimiento que no había experimentado jamás.

León se acercó un paso, despacio.

—Hola…

Liora lo observó con curiosidad.

—Mamá dice que no debo hablar con desconocidos.

Alya se cubrió el rostro, dividida entre la vergüenza y el pánico.

Y entonces, por primera vez en su vida, León dejó escapar una risa baja.

Aquel sonido grave hizo que Alya se quedara inmóvil.

Hacía una eternidad que no oía reír a León.

—No soy una mala persona —le dijo León a Liora con suavidad.

La niña ladeó la cabeza con un gesto adorable.

—¿Y quién eres?

La pregunta sencilla hizo que la habitación volviera a quedar en silencio.

León contempló aquel rostro diminuto durante un largo rato.

Y respondió despacio:

—Yo soy…

Pero las palabras se le cortaron.

Porque de pronto fue consciente…

De que ni siquiera sabía si merecía llamarse padre después de haber estado ausente tres años enteros.

Liora aguardó con inocencia.

Alya contenía el aliento, tensa.

Y por primera vez…

León Ardián sintió de verdad el terror de perder algo inmensamente valioso.

1
Paola Vanessa Davila Salinas
Sabrina
Paola Vanessa Davila Salinas
Autora, revisa bien antes de publicar, el no la conoce como alya, la conoce como Sabrina. Es un pequeño error, pero la historia va tan bien, que esos pequeños errores hacen ensombrecer tu trabajo, y la verdad, no me parece justo, porque la historia me está gustando mucho.
Veronica Pinto
pero si la conoció en Roma ...
Karen Lilibeth Medina Marroquin
Bueno
Nilda María Ovelar Zarate
En qué momento dejó de ser Sabriiinaaa
Sofia Chavez Gutierrez
exactamente,
Leticia V
muy buena se dieron un oportunidad más felicidades
Margelis Izarra
se supone que ella reencarnó como Sabrina¿ por qué el esposo le dice Alya?
Ivyta🇦🇷💙💛💙
hermosa!! sin maldad de más. gracias por tomarte el tiempo y entretenernos
Dora Guzman Pacherres
Para que la busque él no la quiere además de que debe saber que ella escuchó todo lo que dijo. Para que solo firma el divorcio y cásate con quién tú dices que amas. Ella está tranquila ahora.
Manzanita
Pobre Bastian, tal vez pueda enamorarse de Kate?
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