Isabella, una escritora huye a Italia a buscar algo que la inspiré para una historia de amor. Su novio la engaño con su mejor amiga y su jefa le dijo que no sirve para escribir.
No imagino que en aquel pueblo de Italia encontrará el amor, disfrazado de una coraza celosa, posición y amor.
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La Noche Bajo La lluvia.
Era Mayo. Ya no había LaBeouf en Toscana. Dante se había vuelto a Roma porque el juez le dijo que si se acercaba a Montalcino otra vez, él también iba preso. Donata ya se había ido a Arezzo. La villa volvió a ser solo de ellos dos.
Esa tarde llovió fuerte en Montalcino. El viñedo se mojó todo, la tierra olía a tierra mojada, los cipreses goteaban. Pietro e Isabella pudieron salir. Se quedaron encerrados en la villa de piedra, con la chimenea en descanso, con las luces bajas, con las ventanas empañadas.
Isabella estaba en la cocina, haciendo pasta, con un vestido simple de verano color crema, con el pelo rizado suelto, descalza. Pietro entró con el hombro ya casi curado, solo con una venda chiquita, con una camisa blanca arremangada, con los ojos que le brillaban como en enero, cuando la conoció.
La miró desde la puerta. Mucho tiempo. Con esa mirada posesiva, joven, peligrosa y enamorada que solo él tenía.
—Isabella — dijo.
—¿Sí? — dijo ella, dándose vuelta.
—Deja la pasta.
Ella dejó la cuchara. Sabía lo que venía. Lo sentía en el aire. Desde el hospital no se habían tocado de verdad. Por el hombro. Por el miedo. Por las trampas. Pero esa noche, con la lluvia afuera y la chimenea adentro, se tenían ganas. Ganas de esas que se guardan mucho tiempo y duelen.
Pietro se acercó. Le agarró la cara con las dos manos. La besó. Un beso largo, profundo, con todo lo que no le había podido decir en los capítulos de sangre y miedo. Un beso que era de un dueño que por fin recupera a su mujer después de pensar que la podía perder.
Isabella lo abrazó por el cuello. Se puso de puntillas. Le devolvió el beso con la misma pasión desmedida que ella había guardado desde la fiesta, desde el hospital, desde la capilla.
—Te extrañé — susurró ella contra su boca —. Te extrañé aunque dormíamos juntos.
—Yo también — dijo él —. Te juro que tenía miedo de tocarte y hacerte acordar de lo que te pasó en el castillo y en la capilla.
—No me haces acordar de eso — dijo ella —. Me haces olvidar. Solo tú me haces olvidar. Tócame.
Pietro la levantó en brazos. Como la primera vez en la nieve. La llevó desde la cocina hasta la sala grande, frente a la chimenea. Afuera llovía más fuerte. Adentro solo se escuchaba la lluvia y su respiración.
La acostó sobre la alfombra gruesa frente a la chimenea. Con cuidado al principio, por su hombro. Pero después con esa pasión lujuriosa y desenfrenada que los caracteriza a los dos desde la primera vez. Esa que es adictiva. Esa que es peligrosa porque no pueden parar.
Se amaron frente a la chimenea. Con amor, con lujuria, con esa entrega total donde ya no se sabe quién es de quién. Él posesivo, diciéndole "eres mía" al oído, pero con amor, no con celos. Ella diciéndole "soy tuya, solo tuya, siempre tuya", agarrada a su espalda, con su pelo rizado mezclado con el de él.
Fue largo. Fue lento y después fue intenso. Fue la primera vez que lo hacían desde que le dispararon. Y por eso fue más fuerte. Porque habían sentido que se podían morir sin volver a tocarse así. Él la embestía sin parar, los minutos eran duraderos, su miembro palpitaba en su húmeda feminidad, haciendo que ella quiera más y más.
La puso de espaldas dejando su redondo trasero a disposición, mientras el besaba su cuello por detrás la volvía a pxnxtrar con rudeza y ella amaba eso de él, Isabella jadeaba cada vez más hasta que su garganta se quedaba ronca, ella pedía más y el no se lo negaba, dejando salir su líquido caliente dentro de ella, aún mantenía su miembro en el interior de Isabella y ella agotada.
Después se quedaron tirados frente a la chimenea apagada, tapados con una manta, sudados, con la pasta fría en la cocina y sin importarles, mirando la lluvia caer por la ventana, seguían abrazados.
Pietro le besó la frente, el pelo, los ojos cerrados.
—Isabella Del Prado — dijo —. Si algún día escribes este capítulo en tu novela, no pongas detalles. Pon solo que esa noche llovió y que nos amamos frente a la chimenea como si fuera la primera vez y la última vez a la vez. Porque así fue.
Isabella sonrió, con la cabeza en su pecho, escuchando su corazón que todavía latía rápido por ella.
—Así lo voy a escribir — dijo —. _Y esa noche entendí que la lujuria con amor no es pecado. Es hogar._
Aunque a mí me gustaría gritar a lo cuatro vientos que mi hombre me hace el amor con lujuria, posesión, que duramos muchos minutos que lo hacemos hasta tres veces al día y en algunas madrugadas también nos amamos. Y qué con esa boca que me ha besado absolutamente todo de mí, me habla también con dulzura y amor.
... Y ahora vamos a nuestra habitación.
Pietro la miro sonriente y con la cara aun caliente. — Quieres dormir, ¿te cansaste tan rápido? —
—¿Eso piensas?—
Cuando entraron a la habitación Isabella lo guio y lo sentó sobre el filo de la cama, para luego untar crema dulce sobre su miembro...
Pietro instintivamente fue sintiendo la erección entre sus piernas, no dijo nada, se mordió los labios al sentir la lengua de Isabella, su mujer.
Isabella lamia con delicadeza cada parte de la masculinidad de Pietro. Cuando estuvo listo se lo metió en su boca dejando Pietro sin palabras. Ella lo disfrutaba al igual que él.
—Isabella amore mío... Haaaaa... —
— Disfruta amor quiero que sientas lo que mismo que yo cuando tu lengua está dentro de mi feminidad —
Pietro jadeaba cada vez más. Isabella sonreía al verlo así, se le subió encima y comenzó a cabalgar sobre él, mientras ella se movía más rápido.
Afuera siguió lloviendo toda la noche en Montalcino. Y adentro, en la villa de 4 pisos, el dueño del vino y su mujer no durmieron hasta el amanecer.
Declaró tomar Vino es más peligroso que tomar Ron puro.
Atrapa
afloja
y habré lo que se debe mantener cerrado.
y acá va a:
calentar.
subir la temperatura y abrir lo que estaba cerrado pero entrando en calor y poniendo más aguado que gelatina fuera del enfriador. ( nevera o heladera)
ahora lo culpan😭