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SOY LA VERDADERA HEREDERA - RENACIDA PARA VENGARME

SOY LA VERDADERA HEREDERA - RENACIDA PARA VENGARME

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:47.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Adriánex Avila

Gala Ponce murió sola, atropellada en una calle oscura, huyendo de un esposo que la despreciaba, de una hermana que la destruyó y de una familia que nunca la quiso.

Pero el destino le dio otra oportunidad.

Despertó diez años atrás, en la piel de la joven ingenua que alguna vez fue, con todos los recuerdos de la tragedia que estaba por venir. Esta vez, no permitirá que la manipulen. No dejará que la casen a la fuerza. No dejará que la atropellen.

Pero lo que Gala no sabe es que el hombre que más la odió —ese esposo frío y despiadado que la convirtió en prisionera— fue también el único que lloró su muerte.

Y cuando él descubra la verdad... ya no habrá vuelta atrás.

Porque a veces, el peor enemigo es también el único que puede salvarte.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Al día siguiente, un viernes, Barbara estaba en su estudio, temprano como acostumbraba. Frente a ella había una mujer de mediana edad, más o menos de su misma edad, pero a leguas se veía la diferencia de condición social. Lina era una ex empleada de los Ponce, despedida después de aclarar un malentendido entre Elia y Gala, protegiendo a Gala. Eso le había costado su trabajo, pero no se arrepentía. Había visto día tras día la injusticia con la que esa hermosa joven era maltratada, y no podía callarlo más.

Ahora, un día antes, la gente de los Ricci la había buscado. Querían toda la información. Querían saberlo todo. Y así fue.

—La señorita Gala, cuando llegó, todos ahí parecían felices —comenzó Lina, con la voz temblorosa—. Pero la señorita Elia la vio, y yo vi la envidia en sus ojos. La señorita Gala es hermosa, con o sin joyas, con o sin maquillaje. Pero su belleza de espíritu es aún más clara. Y eso le trajo más dolor.

La mujer tomó aire y se dispuso a contar todo.

—Al mes de que la señorita Gala llegó, Elia empezó a perder joyas, a perder bolsos. Aunque nunca acusaba directamente a la señorita Gala, siempre decía que eso... antes... o sea, antes de que la verdadera heredera volviera, no pasaban esas cosas.

Barbara escuchaba en silencio, su rostro impasible, pero sus ojos grises brillaban con una furia contenida.

—Después comenzó a aparecer con moretones, con heridas —continuó Lina—. Nunca acusaba a la señorita Gala, pero lloraba y miraba a Gala con miedo. Eso, para mí, era una acusación descarada.

—¿Y los padres? —preguntó Barbara, su voz gélida.

—Al principio, ellos trataban de no ser parciales. Pero Elia es muy hábil. Primero vinieron los regaños, luego las humillaciones, y por último, los golpes. El señor Ponce la abofeteó más de una vez. Sus hermanos la arrastraban del brazo para encerrarla en su habitación, dejando moretones en sus brazos. Días sin comer. Y cuando salía, todos la trataban como si ella les debiera la vida. Le daban de comer como si les hubiera robado esa comida y debería agradecer por tener un pan en la boca.

Barbara apretó los puños. La mujer quería matar a alguien. Definitivamente. Lo que le habían contado sobre esa situación había sido una versión suavizada, casi romántica. Pero lo que vivió esa jovencita en ese supuesto hogar era demente.

—Por último —continuó Lina—, comenzó a enviarse a sí misma fotos de la señorita Gala con hombres. Esos tipos se veían de mal vivir. Y la señorita Elia decía que... debe ser un error, que estaban incriminando a su hermana. Pero no dejaba de mostrarlo a toda la familia.

Barbara cerró los ojos. Ya sabía lo que venía.

—Lo peor pasó cuando salieron las notas del semestre anterior, hace casi un mes. Gala sacó la mayor nota de su grado y la mejor de la universidad. Es realmente brillante. Y esa pequeña víbora... no sé qué hizo, pero esa noche, la señorita Gala no volvió. Regresó dos días después. Más tardó en entrar que en salir. Yo ya no estaba, pero una de las cocineras me contó lo que pasó.

Barbara frunció el ceño. Hace un mes había sido el incidente de su hijo en el hotel. Hace un mes, Gala Ponce había desaparecido por dos días y volvió a esa casa solo para mudarse. Eso sí que era extraño.

—¿Qué decían los padres de Gala? —preguntó Barbara, mientras miraba unos papeles en su escritorio.

—Al principio, trataban de no ser parciales. Pero Elia es muy hábil. Primero vinieron los regaños, luego las humillaciones, y por último, los golpes.

Barbara respiró hondo. Tenía toda la información que necesitaba. Y ahora, sabía exactamente qué clase de monstruos eran los Ponce.

—Gracias, Lina —dijo, con una calma que no sentía—. Has hecho lo correcto. Ahora, si me disculpas, tengo una llamada que hacer.

Lina asintió y se retiró. Barbara tomó su teléfono y marcó un número.

—Lorgio, necesito que prepares todo. La cena del sábado con los Ponce... va a ser muy interesante.

*_*

Mientras tanto, en su habitación, Gala se despertaba inquieta, agitada. Las pesadillas habían vuelto, y la razón ella sabía cuál era. Su camisón estaba casi empapado de sudor. Se fue a bañar.

Su baño privado era hermoso, casi del tamaño de su dormitorio en el orfanato. Abrió la tina y el agua caliente se deslizó por el suave mármol. Se sumergió para calmar su mente y lo logró. Pero cuando salía de la tina, ese mareo repentino le hizo perder el equilibrio y cayó pesadamente en el duro y frío piso del baño.

Gritó. Pero después, el dolor de su costado golpeando al piso no la dejó emitir ningún sonido.

Y como por arte de magia, Boris Ricci entró por la puerta.

Ya traía su traje ejecutivo, listo para salir. Y se encontró con Gala en el piso: adolorida, desnuda, y hermosa en proporciones que ni él mismo podía explicar.

Gala gritó. Ahora sí gritó. Se puso roja como un tomate y cerró los ojos, en la lógica de "si no te veo, tú no me ves".

Boris quería reír por su reacción, pero estaba demasiado preocupado por sus golpes como para eso.

Tomó el albornoz del colgador y la cubrió. Luego la levantó del suelo, con cuidado, y la acomodó en su pecho.

Gala se quejó de dolor, pero las cosas no podían quedar ahí. Podía ser más bochornoso.

Cuando Boris la llevaba a la habitación para dejarla en su cama, Eliana entró con cara de preocupación, la cual se quedó congelada.

Barbara llegó dos centésimas de segundos después —nadie sabe cómo— y con cara de angustia, la cual se quedó igualmente congelada.

Y Gala tenía la cara roja como un tomate, con expresión de "trágame tierra".

El único que tenía la cara fría, pero un brillo de diversión en los ojos, era Boris Ricci, quien sentía que había salido ganando con toda esta situación.

—¿Qué pasó aquí? —preguntó Eliana, con los ojos abiertos de par en par.

—Se cayó en el baño —respondió Boris, con su tono neutro de siempre—. El mareo. Ya sabes lo que dijo el médico.

—¡Gala! —Eliana corrió hacia la cama, apartando a Boris sin ceremonias—. ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Quieres que llame al doctor?

—Estoy bien —murmuró Gala, con la voz ahogada por la vergüenza—. Solo... resbalé. Nada más.

Barbara, que había observado toda la escena con una sonrisa que no llegaba a sus ojos, se acercó.

—Querida, tienes que tener más cuidado. Esos mareos pueden ser peligrosos. ¿Quieres que te traiga algo? ¿Un té? ¿Un calmante?

—No, gracias, señora Ricci. Estoy bien. De verdad.

Boris, que seguía de pie junto a la puerta, las observaba con una expresión indescifrable. Sus ojos grises se posaron en Gala, que seguía roja como un tomate, con el albornoz cubriéndola apenas.

—Voy a salir —dijo, con su tono seco—. Tengo una reunión. Pero... —hizo una pausa, como si dudara—. Más tarde, quiero hablar contigo, Gala. Sobre lo que pasó en el hotel.

Gala lo miró, sorprendida. ¿El hotel? ¿Se refería al hotel Majestic? ¿O al hotel Aurora?

—¿Sobre... qué exactamente? —preguntó, con cautela.

—Sobre todo —respondió Boris, y salió de la habitación sin esperar respuesta.

Gala se quedó mirando la puerta, con el corazón latiéndole con fuerza. Eliana y Barbara se miraron entre sí, y luego la miraron a ella.

—¿De qué habla? —preguntó Eliana, curiosa.

—No lo sé —mintió Gala.

Pero en el fondo de su mente, una alarma sonaba.

Boris sabe algo. ¿Qué sabe? ¿Cuánto sabe?

1
Johann
🤭🤭🤭🤭
Johann
👏👏👏👏
Johann
🤔🤔🤔🤔
Vianey Hernandez Ortiz
Ay Boris aunque te hagas el frío, ya estás ardiendo por Gala🤭🤭🤭
Nancy Parraga
Que irá hacer Boris con las mentiras de los ponces?
ya quiero leer que va a pasar con la intrigosa de Elia
Nancy Parraga
Nos corto en lo mejor 😂😂😂
Vianey Hernandez Ortiz
Será que Boris recuerde en algún momento??🤔🤔🤔
Nancy Parraga
bien Boris has que esos desgraciados le entreguen lo que le corresponde a Gala
Nancy Parraga
Esa víbora 🐍 es una desgraciada quiere quedarse con la herencia de Gala que gente más hdp
Nancy Parraga
Ahora ya ellos saben la verdad y quién los drogo
Elvira Fretes
emocionante ❤️, esa cena será épica 😂😂
Kely Medina
Dios esto se ba poner de infarto ba correr sangre
Elvira Fretes
seguro fue Elia y quizás en complot a sus padres y hermanos
Elvira Fretes
mmm, quien será ?, bueno ya se aclaro el tema Boris, ahora a proteger a Gala
Filomena Ramírez Jiménez
Interesante novela, como todas las q escribes Adriana, contamos q pronto escribas los siguientes capítulos. Gracias
Miriam Colín
Me encanta la historia, felicidades autora. No nos abandones tanto tiempo querida autora plis.
Miriam Colín
En espera de más capitulos emocionantes, deseo leer que va pasar en esa cena.
Jose Salazar
cada vez más atrapante
Miriam Colín
Si de verdad fue Elia quien desea quedarse con la herencia es una maldita zorra avariciosa y envidiosa.
Nadvel
esa cena va a estar buenisimaaa
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