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Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Poseída Por El Diablo. Imperio De Pasión

Status: Terminada
Genre:CEO / Posesivo / Mafia / Completas
Popularitas:15k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Tradición, armas y sangre: la mafia tiene reglas claras, y la primera es que ninguna mujer gobierna. Valeria Rossi vino a destruirlas todas. Acostumbrada a dominar el mundo empresarial, su vida da un vuelco cuando cae en las garras de Dante Volkov, un líder despiadado que no perdona ni comparte lo que es suyo. Entre noches de placer salvaje que le hacen olvidar a su novio y una posesión rabiosa que la quema por dentro, Valeria y Dante transformarán la atracción en una guerra de poder. Porque ella no se rinde ante nadie... y si Dante la quiere a su lado, tendrá que aprender a gobernar con una reina por delante.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 16: La ruptura con Martín y el diamante que no se rinde

El sodo del timbre rompió el silencio del departamento con la precisión de un bisturí. Valeria permaneció inmóvil un segundo en el centro del living, sintiendo que las piernas le pesaban como si estuvieran hechas de plomo. Respiró hondo, ajustó la bata de seda negra alrededor de su cintura y caminó hacia la entrada con el pulso desbocado.

Al abrir la puerta, Martín apareció con la sonrisa apacible de siempre. Se había quitado el saco del traje, llevaba las mangas de la camisa azul arremangadas en los antebrazos y traía una pequeña bolsa de papel de la panadería gourmet que tanto le gustaba a ella.

—Te traje esos bocaditos de limón que te encantan —dijo él entusiasmado, dando un paso al frente para darle un beso en los labios.

Valeria instintivamente corrió el rostro. El beso de Martín terminó impactando en la comisura de su boca, seco, helado, completamente fuera de lugar.

Martín se congeló en el umbral. El gesto de rechazo fue tan claro que la sonrisa se le borró de la cara al instante. La miró a los ojos, notando por primera vez la palidez de su piel y los párpados ligeramente hinchados.

—Pasá, Martín. Por favor —murmuró ella con la voz temblorosa, haciéndose a un lado.

Él dejó la bolsa sobre la mesa ratona con una lentitud calculada. Se dio vuelta despacio, guardó las manos en los bolsillos del pantalón y la observó con una mezcla de desconcierto y preocupación repentina.

—¿Qué pasa, Vale? Me estás asustando. ¿Ocurrió algo con tu familia? ¿Con el puerto?

—No, no es el puerto —articuló Valeria, sintiendo un nudo gigantesco apretándole la garganta. Se armó de un valor desesperado, mirándolo directamente a los ojos, dispuesta a asumir la peor parte de sí misma—. Es sobre nosotros, Martín. Ya no puedo seguir con esto. Necesito que rompamos el compromiso.

El silencio que siguió fue atronador. Las palabras flotaron en el aire del departamento como una explosión sorda. Martín ni siquiera pestañeó; solo la miró fijo, mientras la sangre se le iba del rostro a pasos agigantados.

—¿De qué estás hablando? —preguntó él en un susurro raspado, intentando procesar la frase—. ¿Romper el compromiso? ¿Por qué? Si estuvimos planeando el viaje a Miami hace tres horas...

—Porque te estoy mintiendo, Martín —soltó Valeria, sintiendo que las primeras lágrimas amargas le resbalaban por las mejillas—. Te estoy mintiendo en la cara y no puedo más. No me lo me lo permito. Vos sos un hombre impecable, sos un tipo noble, leal, que me cuidó durante tres años... y yo me convertí en una porquería que no te merece.

Martín dio un paso hacia ella, extendiendo una mano con desesperación.

—Vale, tranquilizate. Si estás estresada, si te abrumó la organización del casamiento o la presión de tu papá, lo hablamos, lo postergamos...

—¡No es la presión de mi papá! —lo interrumpió ella con un sollozo ahogado, retrocediendo un paso para evitar que la tocara—. ¡Se trata de que te traicioné, Martín! ¡Cometí el peor error de mi vida y no te amo como vos te merecés!

Martín se quedó petrificado en el lugar. La mano que tenía extendida en el aire cayó lentamente al costado de su cuerpo.

—¿Qué estás diciendo? —murmuró él, con la voz quebrándosele por primera vez.

—Te engañé —confesó Valeria sin anestesia, con una franqueza brutal que le desgarraba el pecho pero que necesitaba sacar de su cuerpo de una vez por todas—. Me confundí con alguien más. Dejé que otro hombre me tocara, que me llevara a un límite que jamás había conocido... Te juraba que te quería, pero la verdad es que ese hombre desató un fuego en mí que me demostró que entre nosotros no queda nada. Me calentó, me encendió la sangre de una forma enfermiza y salvaje que yo ni sabía que existía.

A Martín se le descompuso el rostro. El dolor físico de la revelación pareció doblarle la espalda por un segundo, pero no gritó. No insultó. La escuchó con la frente perlada de sudor y los ojos inyectados en sangre por las lágrimas contenidas.

—¿Quién es? —preguntó Martín con un tono helado, apretando las mandíbulas—. Decime quién fue, Valeria.

—No importa quién es —negó ella desconsolada, sacudiendo la cabeza—. No te lo voy a decir porque el problema no es él. El problema soy yo. Me di cuenta de que te estaba dando sobras, de que te estaba ofreciendo una relación a medias, de rutina, mientras por dentro me quemaba por sentir intensidad. Vos te merecés a alguien que te ame de verdad, que se entregue entera a vos, no a una mujer rota que te miente en la cara. Perdoname, Martín... de verdad, perdoname si podés.

Valeria se desarmó en llanto, cubriéndose el rostro con las manos, aplastada por la vergüenza de su propia confesión. Esperaba los gritos, los portazos, la rabia justificada de un hombre traicionado.

Pero Martín permaneció en absoluto silencio durante dos minutos enteros. Se pasó la mano por la cara, respiró profundamente por la nariz y, cuando volvió a hablar, su voz mantenía una integridad y una caballerosidad que a Valeria le atravesaron el alma como una espada.

—No te voy a gritar, Valeria —dijo Martín con una serenidad dolorosa—. Tampoco te voy a insultar. Me acoplás el corazón en mil pedazos, no te lo voy a negar. Escuchar lo que acabás de decirme me destruye por dentro. Pero soy un hombre, y no voy a perder la dignidad rogándote ni reaccionando como un salvaje.

Se acercó lentamente hacia la puerta. Antes de salir, se giró para mirarla. A pesar del golpe devastador, la mirada de Martín no reflejaba odio; reflejaba una determinación inquebrantable.

—Acepto devolverte la libertad en este momento —pronunció Martín con firmeza, clavándole los ojos—. Acepto que estés confundida y que ese tipo te haya encandilado con un espejismo de pasión momentánea. Pero te voy a hacer una promesa, Valeria, y quiero que me escuches bien.

Valeria levantó la vista, secándose las lágrimas, sorprendida por el tono de su voz.

—No me voy a rendir con vos —le aseguró Martín con una convicción que le heló el pecho a Valeria—. Sé la mujer que sos. Sé el valor que tenés. Sos un diamante, Valeria, la mujer de mi vida, y no voy a dejar que un error o un desliz de mierda destruya lo que construimos. Te voy a dar tu espacio, pero voy a luchar por recuperar tu amor y por traerte de vuelta a mi lado cueste lo que cueste.

Sin esperar respuesta, Martín abrió la puerta del departamento y salió a paso firme, cerrando con suavidad a sus espaldas.

Valeria se quedó completamente sola en la inmensidad del living.

El impacto de la madurez y la nobleza de Martín la dejó desarmada. Se dejó caer sobre el sillón de cuero, mirando el espacio vacío por donde su novio acababa de desaparecer. La alianza de compromiso, la vida ordenada, el futuro seguro en Miami... todo había quedado hecho cenizas en cuestión de minutos.

Se llevó la mano al pecho, sintiendo un vacío helado. El corazón se le debatía dolorosamente entre la culpa por haber destrozado a un hombre bueno y la aterradora certeza de que ya no había vuelta atrás.

Al cerrar los ojos, la imagen de Martín se desvaneció al instante, reemplazada por la figura masiva de Dante Volkov, su boca hambrienta, sus manos posesivas reclamándole la piel y esa voz rasposa prometiéndole destruirla por completo.

El fuego salvaje del ruso la estaba esperando a la vuelta de la esquina, listo para consumir los últimos restos de su cordura, y Valeria comprendió que ya no le quedaba ningún refugio donde esconderse.

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Mine Romero
Excelente novela, muchas gracias por actualizar 🙂🙂
Dulce maria Canelon
pobre Dante te compadezco cariño😘😘😘
Maria Mongelos
Par de idiotas, no saben con quien se mete
Isabel Fernández
Me gusta Dante 🤣🤣
Milagros Medina
Dios mío me tenéis sufriendo esa novedad buenísima más capítulo
Maria Mongelos
Gianni, ese hombre ya tiene dueña, él la eligió, llegaste tarde
Maria Mongelos
Está muy buena esta historia
Maria Mongelos
Interesante comienzo 💕
Yura Ran
😁😁😁😁😁😁😁🤪🤪🤪 dale pues lo suyo
Milagros Medina
me encanta cada capítulo mas xfa
Milagros Medina
Buenos días más capítulo está buenísima la novela
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