Después de dejar atrás las mentiras, Alessandro Moretti y Valentina Visconti descubren que el amor no basta cuando el poder, la mafia y los secretos familiares reclaman su lugar. Viejos enemigos regresan, nuevas alianzas nacen y el apellido Moretti demostrará que la felicidad siempre tiene un precio. Porque algunas guerras no se eligen... pero sí obligan a decidir hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona que amas.
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18- primeras grietas
La puerta del apartamento se cerró detrás de ellos.
Valentina dejó las llaves sobre la pequeña mesa de la entrada y, apenas se giró...
Sonrió.
Alessandro apenas tuvo tiempo de verla acercarse antes de que ella rodeara su cuello con los brazos.
Él soltó una pequeña risa.
—¿Por qué está tan feliz, doctora?
Valentina apoyó la cabeza sobre su pecho.
—Porque siento que, por fin...
Hizo una pequeña pausa.
—Todo está cayendo en su lugar.
Alessandro acarició suavemente su espalda.
—¿Todo?
—Casi todo.
Ella levantó la mirada.
—Aunque todavía no me gusta la idea de hacerme responsable de la empresa de mi familia y del hospital.
Alessandro arqueó una ceja.
—¿Te preocupa?
—Un poco.
Sonrió.
—Creo que, al igual que tú, voy a tener una doble vida.
Alessandro soltó una carcajada.
—¿Una doble vida?
—Sí.
Valentina comenzó a enumerar con los dedos.
—Doctora por las mañanas.
Directora del hospital.
Responsable de la empresa familiar.
Y probablemente... La novia que intenta recordar que su novio también necesita atención.
Alessandro sonrió.
—La última parte es mi favorita.
Valentina le dio un pequeño golpe en el pecho.
—No seas presumido.
—Solo digo la verdad.
Ella lo observó durante unos segundos.
Después sonrió.
—Aunque pensándolo bien... Creo que tu vida es mucho más interesante.
—¿Ah, sí?
—Claro.
Alessandro arqueó una ceja.
—¿Y por qué?
Valentina empezó a reír.
—Porque tú tienes reuniones secretas, hombres armados, puertos, negocios internacionales...
Hizo una pausa.
—Y probablemente una cantidad absurda de problemas.
—No lo niego.
—La mía es más aburrida.
Alessandro negó con la cabeza.
—¿Aburrida?
—Sí.
Valentina sonrió.
—Salvar personas, dirigir unas cuantas cosas...
Se encogió de hombros.
—Cosas de superhéroes.
Alessandro soltó una carcajada.
—Entonces somos dos.
—¿Superhéroes?
—Exactamente.
Valentina volvió a abrazarlo.
—Aunque creo que tú necesitas más entrenamiento.
—¿Ah, sí?
—Muchísimo.
Alessandro sonrió.
—Podrías enseñarme.
Valentina levantó la mirada. Durante unos segundos... Ninguno dijo nada.
La sonrisa de ella desapareció lentamente.
Sus ojos recorrieron el rostro de Alessandro.
Habían pasado varios días desde la última vez que habían tenido un momento completamente para ellos.
Entre reuniones, responsabilidades y preparativos...
Apenas habían conseguido descansar juntos.
Valentina acercó el rostro.
Lo besó. Alessandro respondió inmediatamente.
El beso comenzó siendo suave.
Pero pronto adquirió una intensidad que ninguno de los dos intentó detener.
Valentina pasó los brazos alrededor de su cuello.
Alessandro la sostuvo por la cintura.
—Te extrañé.
Murmuró ella contra sus labios.
—Solo han sido unos días.
—Demasiados.
Alessandro sonrió.
La besó nuevamente. Esta vez con mayor intensidad. Valentina dejó escapar una pequeña risa entre el beso.
—Creo que alguien también me extrañó.
—Mucho más de lo que debería admitir.
Ella volvió a besarlo. Las manos de Alessandro recorrieron suavemente su espalda mientras Valentina se aferraba a él.
Por unos instantes... No había ninguna responsabilidad. Solo ellos.
Alessandro la tomó entre sus brazos.
Valentina sonrió al rodear su cuello.
—¿Adónde me llevas?
—A nuestra habitación.
—¿Y por qué?
Él la miró con una sonrisa.
—Porque llevamos demasiado tiempo siendo responsables.
Valentina soltó una pequeña risa.
—Estoy de acuerdo.
Alessandro la llevó hasta la habitación, la coloco frente a la cama y con sus hábiles dedos, le soltó el vestido que había llevado en la boda. dejándolo caer a sus pies.
Alessandro estaba acostumbrado a verla sin ropa, Pero no dejaba de robarle el aliento cada vez que lo hacía, el cuerpo de Valentina se había convertido en la obra más exquisita que admiraba con lujuria.
la recostó en la cama, entre besos, luego bajo a su cuello y de ahí siguió hasta la clavícula y su pecho, deteniéndose justo lo necesario para jugar con ellos.
Valentina lo admiraba con esos ojos cafés. Alessandro se colocó en su entrepierna, bajo su ropa interior y dejo su flor expuesta.
paso su lengua con suavidad, logrando que Valentina soltará un gemido ahogado.
Alessandro volvió a mover su lengua sobre su humedad, Valentina se arqueo y gimió ahora mas fuerte.
—Ale....
Alessandro soltó a su bestia, y se hundió dentro de ella, con movimientos rítmicos.... Valentina gemia y se aferraba a su espalda, haciendo que sus uñas se clavaran ligeramente en su espalda.
—Vale... ya no puedo aguantar más... Vente conmigo.
Y como si fuera un clic dentro de Valentina, alcanzó el climax junto a Alessandro.
aquella noche...
Por esas horas...
Los dos dejaron de ser la doctora y la heredera de una familia poderosa.
Él dejó de ser el jefe de los Moretti.
Ella dejó de pensar en hospitales, empresas y responsabilidades.
Solo fueron Alessandro y Valentina.
Dos personas enamoradas...
Disfrutando de la intimidad que durante tantos días habían tenido que posponer.
A la mañana siguiente...
El mundo volvería a reclamar su atención.
Pero aquella noche...
Se pertenecieron únicamente el uno al otro.
...****************...
Tres días después de la boda...
La Mansión Moretti había recuperado su habitual ritmo.
Las celebraciones habían quedado atrás.
Los invitados habían regresado a sus ciudades.
Y las familias habían vuelto a concentrarse en sus negocios.
Alessandro se encontraba en su despacho revisando varios informes cuando Matteo entró con una carpeta.
—Tenemos un problema.
Alessandro levantó la mirada.
—¿Qué ocurrió?
Matteo dejó la carpeta sobre el escritorio.
—El cargamento de Milán no salió anoche.
Alessandro frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Problemas con la autorización del puerto.
Leonardo, que se encontraba junto a la ventana, se acercó.
—¿Quién estaba encargado de supervisarlo?
Matteo revisó nuevamente el informe.
—Dante.
Alessandro levantó la mirada.
—¿Dónde está?
Matteo negó con la cabeza.
—No lo sé. Intenté localizarlo esta mañana.
No responde.
Alessandro tomó su teléfono y marcó.
Una vez.
Dos veces.
Nada.
La llamada pasó directamente al buzón.
Dejó el teléfono sobre el escritorio.
—Eso no es normal.
Leonardo permaneció pensativo.
—Quizá está investigando lo ocurrido.
—Entonces debería haber informado.
Alessandro cerró lentamente la carpeta.
—Encuéntrenlo.
Matteo asintió.
—enseguida.
Dante observó su teléfono.
Tenía siete llamadas perdidas.
Todas de la Mansión Moretti. Sabía que debía devolverlas.
Pero todavía no podía hacerlo.
No en ese momento.
Guardó el teléfono en el bolsillo.
Después respiró profundamente y se quedó unos minutos más donde estaba.
Cuando finalmente salió...
Ya había decidido qué iba a decir.
Dos horas después... Dante apareció nuevamente en la Mansión Moretti.
Matteo fue el primero en encontrarlo.
—¿Dónde estabas?
Dante se quitó el abrigo.
—Tuve que ocuparme de un asunto.
—¿Qué asunto?
Dante lo miró.
—Uno que no podía esperar.
Matteo frunció el ceño.
—Te llamamos siete veces.
—Lo sé.
—Entonces podrías haber respondido.
Dante guardó silencio durante unos segundos.
—No podía.
Matteo lo observó.
—¿Y el cargamento?
—Estoy revisándolo.
—Ya lo revisamos.
La respuesta fue inmediata.
Dante levantó la mirada.
—Entonces sabrás que hubo un problema con la documentación.
Matteo cruzó los brazos.
—Sí. Y también sabemos que tú eras responsable de esa documentación.
Dante permaneció serio.
—Lo solucionaré.
Matteo no respondió. Simplemente se apartó.
Dante continuó caminando.
Pero por primera vez...
La mirada de Matteo no era la misma.
Esa tarde...
Alessandro reunió a Matteo y Leonardo en su despacho.
Sobre la mesa había varios informes.
—Tenemos demasiadas coincidencias.
Dijo Leonardo.
Alessandro levantó la mirada.
—Explícate.
—Primero tuvimos información filtrada.
Después aparecieron problemas en varias operaciones. Y ahora Dante desaparece precisamente cuando una de ellas falla.
Matteo negó lentamente.
—No estoy diciendo que sea él.
Pero tampoco podemos ignorarlo.
Alessandro permaneció en silencio.
—Dante lleva años con nosotros.
Dijo finalmente.
—Lo sé.
Respondió Leonardo.
—Y precisamente por eso sería el hombre perfecto para alguien que quisiera infiltrarse.
La frase quedó suspendida en el despacho.
Alessandro no respondió.
No quería creerlo.
Pero tampoco podía permitirse ignorar las señales y las opiniones de su personal de confianza.
—No vamos a acusarlo.
Todavía no.
Matteo asintió.
—Entonces... ¿Qué hacemos?
Alessandro cerró la carpeta.
—Observamos.
Dos días después...
Una nueva operación tuvo problemas.
Esta vez...
Una mercancía desapareció antes de llegar al puerto.
El encargado de seguridad aseguró que las instrucciones habían sido modificadas horas antes.
Alessandro recibió el informe.
—¿Quién autorizó el cambio?
Leonardo respondió:
—Dante.
Alessandro permaneció inmóvil.
—¿Dónde está?
Matteo miró su teléfono.
—Otra vez no responde.
Leonardo intercambió una mirada con Alessandro.
Aquello comenzaba a ser demasiado frecuente.
Dante apareció esa misma noche.
Llegó a la mansión cerca de la medianoche.
Alessandro lo esperaba en el vestíbulo.
—¿Dónde estabas?
Dante se detuvo.
—Tuve que resolver un asunto fuera de la ciudad.
—¿Qué asunto?
—Personal.
Alessandro lo observó fijamente.
—¿Personal?
—Sí.
—¿Y por qué no informaste?
Dante permaneció unos segundos en silencio.
—No pensé que fuera necesario.
Alessandro sostuvo su mirada.
—Ahora sí lo sabes.
Dante asintió.
—Sí, jefe.
Alessandro se apartó.
—Puedes irte.
Dante comenzó a caminar.
Pero antes de desaparecer por el pasillo...
Alessandro volvió a hablar.
—Dante.
Él se giró.
—¿Sí?
—No vuelvas a desaparecer sin informar.
Dante sostuvo su mirada.
—Entendido.
Se marchó.
Alessandro permaneció observándolo hasta que desapareció de su vista.
Una semana después...
Las pequeñas anomalías ya no parecían tan pequeñas.
Tres cargamentos habían sufrido retrasos.
Dos operaciones comerciales habían sido alteradas.
Información confidencial había aparecido en manos equivocadas.
Y en cada ocasión...
Dante había estado ausente.
Leonardo dejó varios documentos sobre la mesa.
—Esto ya no puede considerarse una coincidencia.
Matteo permaneció callado.
Alessandro observó los informes durante largos segundos.
—¿Creen que Dante está involucrado?
Matteo bajó la mirada.
Era evidente que aquella posibilidad le resultaba difícil de aceptar.
—No quiero creerlo.
Leonardo respondió con mayor cautela.
—Yo tampoco. Pero si alguien está filtrando información... Tiene que ser alguien con acceso.
Alguien de confianza.
Alessandro cerró lentamente la carpeta.
—Entonces descubriremos la verdad.
Matteo levantó la mirada.
—¿Y si realmente es Dante?
Alessandro permaneció en silencio.
No respondió inmediatamente.
Finalmente dijo:
—Entonces será él quien tenga que explicármelo.
Y se hará responsable como es debido.
Esa misma noche...
Dante se encontraba nuevamente lejos de la mansión.
Su teléfono vibró.
Miró la pantalla.
Otra llamada perdida.
Otra vez Alessandro.
Dante cerró los ojos durante unos segundos.
Sabía que cada ausencia hacía más grande la sospecha.
Sabía que sus excusas comenzaban a agotarse.
Pero no podía contar la verdad.
Todavía no.
Guardó el teléfono.
Miró hacia la oscuridad frente a él.
Y tomó una decisión.
La próxima vez... No desaparecería durante tanto tiempo.
Pero ese error le estaba saliendo muy caro, Porque para los hombres de la familia Moretti...
La pregunta ya no era:
¿Dónde está Dante?
Ahora era:
¿De qué lado está?
Mathias Greco otro resentido más que jugará a ser padre de Sophia veremos qué pasará con Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Ahora aparece Mathias el hermano gemelo de Samuel y "supuestamente padre de Sophia" que papel jugará en esta guerra.
Una pregunta si Mathias sobrevivió la madre de Marcus y Sophia que se llama Elena si murió 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que decisión tomará Marcus Greco con su hermana y con Dante Moretti porque no los quiere juntos.
Puede ser Matteo 🤔🤔🤔❓❓❓
Puede ser Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Alessandro no creo su padre Alexander y su madre lo estaban criando para ser el futuro heredero Moretti igual no me asombraría si Liose cambia ese panorama sería feo enfrentar a dos medios hermanos.