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BAJO LA CLAUSULA DE TU AMOR

BAJO LA CLAUSULA DE TU AMOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Rocío Vega, empresaria de moda de 24 años, arrastra la culpa de llevar seis años distanciada de su hermana. Cuando esta fallece trágicamente dejando huérfanos a Lucas (5 años) y Mía (3 años), el mundo de Rocío da un vuelco total.
En la notaría se encuentra con Mario Alva, el atractivo y frío CEO de una corporación de cruceros de lujo. Para su sorpresa, el testamento incluye una cláusula ineludible: para mantener la custodia de los niños y evitar que vayan a un orfanato, deben convivir juntos bajo el mismo techo.
El choque entre la empresaria que regala sueños y el magnate de alta mar es inmediato. Pero entre crisis médicas nocturnas e inspectores judiciales, las defensas caen. La paciencia de Mario empezará a sanar los traumas del pasado de Rocío, encendiendo un deseo irrefrenable.
Sin embargo, una sombra acecha: la muerte de sus hermanos no fue un accidente y alguien en la naviera los vigila. ¿Podrán salvar a los niños y descubrir que la cláusula más estricta era la del amor?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 14. EL ABRAZO DEL HOGAR Y EL ECO DE UNA CARTA

POV ROCÍO

El sol del amanecer empezaba a teñir el cielo de un tono anaranjado cuando el coche de Mario se detuvo frente a la casa. El trayecto de vuelta desde el hospital había sido silencioso y tranquilo. En el asiento trasero, Mía venía profundamente dormida, con la piel ya fresca y el oso de peluche bien sujeto entre sus brazos. A su lado, Lucas mantenía la cabeza apoyada en la ventanilla, vencido por el sueño tras pasar la noche en vela en los sillones de urgencias.

Mario apagó el motor y nos quedamos un segundo disfrutando de la quietud de la mañana. Nos miramos de reojo, compartiendo el mismo cansancio físico, pero también una satisfacción indescriptible. Habíamos superado nuestra primera gran prueba de fuego médica.

Con un trabajo en equipo perfecto, cargamos a los niños hacia el interior de la casa. Mario subió a Mía en brazos directamente a su habitación para acomodarla bajo las mantas, mientras yo guiaba a Lucas, ayudándole a quitarse las zapatillas y el abrigo antes de que se desplomara en su cama. El niño, justo antes de cerrar los ojos, me miró y murmuró un "gracias, tía" casi inaudible que me ensanchó el corazón.

Al bajar a la cocina, el peso del cansancio se desvaneció en cuanto me encontré a solas con Mario. Él se había quitado la chaqueta del traje y se estaba preparando un café cargado. Al verme entrar, dejó la taza sobre la encimera, se giró y me atrapó la mirada con una intensidad que me hizo contener el aliento.

—Ven aquí —dijo con una voz profunda, teñida por la falta de sueño.

No dudé ni un segundo. Caminé hacia él y dejé que sus brazos me rodearan por la cintura, pegando mi cuerpo al suyo. Apoyé mis manos en sus hombros, sintiendo la firmeza de sus músculos bajo la camisa.

—Rocío, la noche en el hospital me ha servido para confirmar lo que te dije ayer —murmuró, acortando la distancia entre nuestros rostros—. No quiero que nos escondamos detrás de la palabra "tutores" ni del "guion" de la trabajadora social. Lo que siento por ti es real. Te quiero en mi vida. De verdad.

Sentí una oleada de calor recorriéndome el pecho. Las dudas del pasado se disolvieron ante la firmeza de sus palabras.

—Yo también te quiero en mi vida, Mario —respondí en un susurro, mirándole fijamente a los ojos—. Ya no tengo miedo.

Mario no esperó más. Se inclinó y me reclamó los labios en un segundo beso que no tuvo nada que ver con la timidez del primero. Fue un beso apasionado, urgente, cargado de una posesividad limpia y de todo el alivio acumulado tras la noche de angustia. Sus manos bajaron por mi espalda, presionándome contra él, mientras yo me empinaba sobre la punta de los pies, enredando mis dedos en su cabello húmedo. En mitad de esa cocina iluminada por los primeros rayos de sol, pusimos una etiqueta real a lo que nos unía: ya no éramos enemigos obligados; éramos una pareja dispuesta a amarse en mitad del caos.

POV MARIO

Cuando nos separamos a duras penas, ambos con la respiración entrecortada y sonrisas cómplices en los labios, decidí que era hora de recoger un poco el comedor para dejar la planta baja ordenada antes de que los niños bajaran a desayunar.

Caminé hacia la mesa de centro del salón, donde Rocío había estado revisando unos documentos la tarde anterior antes de la caótica visita de la trabajadora social. Al mover un par de carpetas legales del seguro de vida de mi hermano, noté que algo se había deslizado por la rendija del forro de la carpeta de cuero que nos había entregado el abogado Alarcón.

Era un sobre de color azul claro, un tono que reconocí de inmediato. Mi cuñada Elena siempre usaba ese papel de cartas para sus notas personales. En el reverso, escrito con una caligrafía temblorosa pero inconfundible, se leía: "Para Rocío. Por si el orgullo no nos permite volver a abrazarnos".

Se me congeló la sangre en las venas. Tomé el sobre con cuidado, sintiendo el peso de un mensaje del más allá.

—Rocío... ven a ver esto —llamé, manteniendo la voz baja para no romper la paz de las habitaciones de arriba.

Rocío se acercó, secándose las manos con un paño de cocina. Al ver el sobre azul en mis manos y leer la letra de su hermana, la palidez regresó a su rostro de golpe. Sus ojos se abrieron de par en par y dio un paso atrás, llevándose una mano al pecho.

—Es... es de Elena —susurró, con la voz temblando por la emoción—. ¿Dónde estaba?

—Estaba escondida en el doble fondo de la carpeta que nos dio el abogado. Parece que Elena la dejó allí a propósito, sabiendo que tarde o temprano tendrías que revisar los documentos de la custodia —le entregué el sobre con la máxima delicadeza—. Es para ti, Rocío. Es su voz.

Rocío tomó el papel como si fuera a romperse en cualquier momento. Con los dedos trémulos, rompió el sello del sobre y extrajo una hoja doblada en tres partes. Se sentó en el sofá gris y yo me coloqué a su lado, rodeándole los hombros con el brazo para transmitirle mi apoyo.

Comenzó a leer en voz alta, con una voz que se iba quebrando a cada línea:

“Querida Rocío:

Si estás leyendo esto, significa que mi peor temor se ha cumplido y ya no estoy aquí para decírtelo a la cara. Sé que llevamos seis años separadas por un muro de silencio que yo misma ayudé a construir con mis exigencias aquella noche. Pero necesito que sepas la verdad antes de que juzgues mi ausencia.

Hace unos meses, cuando perdí a mi tercer bebé, la oscuridad se me echó encima. Buscando consuelo, me puse a revisar el antiguo baúl con los papeles de nuestros padres que guardábamos en el desván de esta casa. Rocío... descubrí un secreto que me terminó de romper la mente. Nuestro padre no murió en un accidente de coche limpio por un simple fallo mecánico. Encontré cartas de extorsión y amenazas. Él estaba metido en unos negocios de importación muy oscuros y le debía una cantidad ingente de dinero al dueño de una gran naviera. El hombre que manejaba esos hilos, el que amenazó a nuestro padre y provocó indirectamente la ruina y el accidente de nuestra familia, es el difunto padre de Victor y Mario.

Cuando lo descubrí, entré en pánico y se lo confesé a Víctor. Mi esposo se quedó horrorizado al enterarse de lo que su propio padre había hecho en el pasado. Víctor se sentía tan culpable y tan avergonzado por los pecados de su familia que por eso se desvivía trabajando el triple, intentando compensarme y hacerme feliz. Mario no sabe nada de esto; él siempre fue el hijo marginado y es completamente inocente de la crueldad de su padre, pero yo ya no puedo soportar el peso de esta verdad.

Te pido perdón por no haber sido la hermana que necesitabas. Cuida de mis hijos, y si el destino te une a Mario en esa casa por el testamento, por favor... ten cuidado. El pasado tiene garras largas y temo que las viejas deudas de la naviera vuelvan a cobrarse facturas con los inocentes...”

Rocío detuvo la lectura, la hoja cayendo de sus manos hacia la alfombra. El silencio que se apoderó del salón fue atronador, pero esta vez no era un silencio de luto, sino un silencio de puro espanto.

Giré la cabeza despacio para mirarla, sintiendo que el suelo se abría bajo mis pies. ¿Mi padre? ¿El hombre que me había rechazado por ser el hijo de la criada era el responsable de la ruina y la muerte de los padres de Rocío?

Miré a Rocío y vi el reflejo de mi propio shock en sus ojos. El primer beso y nuestra recién consolidada relación sentimental acababan de chocar de frente contra un secreto familiar enterrado que amenazaba con destruir los cimientos del frágil hogar que con tanto amor estábamos construyendo para Lucas y Mía.

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Cliente anónimo
Muy linda la historia de amor de Mario y Rocio y su resilencia, además de la protección a sus sobrinos
Carolina Molnár
Excelente historia...
Helizahira Cohen
Excelente novela 👍 muy buena, creo que no la han leído pero fue Excelente
Helizahira Cohen
Esta muy buena, interesante
Helizahira Cohen
se equivoco al irse y abandonar todo pero era una chica que no sabía nada y la hermana una adolescente que asumió el rol de mamá, no supieron manejarlo y se perdieron los mejores años de sus vidas
Helizahira Cohen
Empezó muy bien
EM
muy linda
Zulema Neme
Pobres Niños perder.a sus Padres y Enfrentar a su tía que no visito por tantos años a s Madre Enferma 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏. Dios los Consuele Angelitos ❤️❤️❤️
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