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Se Lo Dejo A Su Amante

Se Lo Dejo A Su Amante

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Venganza / Divorcio
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Creyó vivir un cuento de hadas hasta que descubrió la traición: su esposo compartía su vida, su tiempo y su dinero con otra mujer. En lugar de luchar por un amor muerto, decidió renunciar a todo… menos a sí misma.

Pero pronto descubrirán que recibir lo que otros abandonan, trae consecuencias terribles. Ella se libera, se transforma y triunfa; ellos caen en la trampa que ellos mismos construyeron. ¿Quién saldrá ganando al final?

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Capítulo 4: Primeros pasos hacia la verdad

El sol ya subía alto sobre los tejados de Cali, tiñendo las calles de luz dorada y calidez, pero dentro de la casa el aire se sentía distinto: más ligero para Yaneth, como si se hubiera quitado un peso inmenso de encima al dejar de engañarse a sí misma. Cerró con cuidado la puerta del estudio, asegurándose de dejar todo exactamente igual a como lo había encontrado, sin mover ni un solo papel, sin dejar rastro de que había estado allí. Esa era la regla principal: no dar señales, no adelantarse, no mostrar debilidad. Mientras Emiliano creyera que ella seguía siendo la misma esposa tranquila, confiada y ajena a todo, ella tendría tiempo para prepararse.

Se sentó en el escritorio de la sala, sacó una libreta que usaba para anotar asuntos del hogar y tomó el bolígrafo con firmeza. Escribió primero, claro y preciso: Clarisa Méndez. Debajo, copió el número de teléfono y la dirección que había visto en la agenda, y luego empezó a anotar todo lo que hasta ahora sabía: fechas en que él llegaba tarde, olores extraños, llamadas cortadas, regalos que nunca aparecían, excusas repetidas una y otra vez. Cada detalle, por pequeño que pareciera, lo apuntó con cuidado, porque sabía que al final todos formarían la prueba completa.

—No voy a actuar por impulso —se dijo mientras escribía—. No voy a gritar ni llorar delante de él todavía. Si me precipito, él lo negará todo, me culpará a mí, dirá que estoy loca, que invento cosas… y perderé la ventaja que tengo ahora.

Recordó lo que había aprendido durante años viviendo con él: Emiliano era orgulloso, muy cuidadoso de su imagen y su estatus, pero también descuidado cuando daba por hecho que nadie lo vigilaría. Se sentía seguro, intocable, convencido de que su esposa nunca se atrevería a investigarlo ni a enfrentarlo. Esa seguridad era justo lo que Yaneth pensaba aprovechar.

Pasó la mañana entera organizando sus pensamientos y separando documentos importantes: papeles de la casa, escrituras, facturas, certificados, todo lo que tenía valor legal o personal. Guardó copias en una carpeta aparte, en un lugar seguro y fuera de la vista. Sabía que si llegaba el momento de separarse, Emiliano intentaría quedarse con todo o culparla de cualquier cosa para perjudicarla. No quería quedarse sin nada después de haber entregado su vida entera allí.

A media mañana, sonó su teléfono. Al ver el nombre en la pantalla, una sonrisa leve y sincera apareció en su rostro: era Marisol, su mejor amiga desde la infancia, la única persona que siempre la había conocido de verdad, la que sabía cómo era su vida, sus sueños y también sus silencios. Dudar un instante, pero luego contestó con voz serena, aunque por dentro sentía que necesitaba desahogarse con alguien de confianza.

—¡Yaneth! ¿Cómo estás, mi vida? Hace días que no hablamos y ya te extraño —dijo Marisol con su tono cálido y animado—. ¿Todo bien por allá? ¿Emiliano sigue trabajando tanto como siempre?

La pregunta directa hizo que se le cerrara la garganta por un momento, pero respiró hondo y respondió despacio:

—Sí… él sigue igual, siempre ocupado, siempre con reuniones y viajes. Pero Marisol… tengo que contarte algo. Algo muy grave. No puedo decírtelo por teléfono, pero necesito verte. ¿Puedes venir a casa o nos vemos en algún lugar tranquilo?

Marisol captó de inmediato el cambio en su voz, la seriedad y el dolor que se escondía detrás de sus palabras.

—Voy ahora mismo, Yaneth. No te muevas, en veinte minutos estoy ahí. Aguanta, ya llego.

Colgó y Yaneth se quedó sentada, con las manos juntas sobre la mesa, sintiendo cómo por primera vez tenía a alguien más de su lado. No estaba sola. Esa certeza le dio más fuerza de la que imaginaba.

Cuando Marisol llegó, entró rápido, cerró la puerta detrás de sí y fue directo a abrazarla con fuerza, sin preguntar nada todavía. Yaneth se dejó sostener unos instantes, dejando salir las lágrimas que había contenido toda la madrugada, sin esconderse, sin fingir que todo estaba bien. Cuando se calmó un poco, se sentaron juntas en la sala, y ella le contó todo: las dudas, los olores ajenos, el pañuelo, el papel con la nota, el nombre de Clarisa Méndez y cómo Emiliano había cambiado poco a poco durante años.

Marisol escuchaba en silencio, con el rostro endureciéndose más y más a medida que avanzaba la historia. Conocía a Emiliano desde que se casaron, siempre le había parecido un hombre ambicioso y frío, pero nunca pensó que pudiera llegar tan lejos.

—¡No lo puedo creer! —exclamó cuando Yaneth terminó de hablar—. ¡Ocho años! Ocho años tú entregándolo todo, sacrificándote, cuidando que nada le falte… y él te paga así, engañándote, viviendo una doble vida, llevando a otra mujer incluso a tu propia casa… ¡Qué bajo ha caído! Yaneth, tienes que dejarlo, tienes que denunciarlo, tienes que sacarlo de tu vida cuanto antes.

—Lo sé —respondió ella con voz firme, ya sin llanto—. Pero no puedo hacerlo así de golpe, sin prepararme. Si me voy ahora mismo, ¿qué me llevo? ¿Con qué me quedo? Él tiene todo a su nombre, sabe moverse con papeles y negocios, y si no tengo pruebas claras, él puede hacerme daño legalmente, dejarme sin nada… y se quedaría con todo lo que construimos juntos, incluso con la satisfacción de haberme vencido. No quiero eso, Marisol. No voy a darle el gusto de verme derrotada y pobre.

—Tienes razón —admitió su amiga, tomándole la mano—. Tienes toda la razón. Hay que hacerlo bien, paso a paso, con cabeza fría. Pero no te olvides de que no estás sola. Yo te ayudo en lo que necesites: buscar abogados, conseguir información, acompañarte donde haga falta. Lo que sea, cuenta conmigo siempre.

Yaneth le apretó la mano agradecida. Ese apoyo era el primer ladrillo de su nuevo camino.

—Primero necesito saber más de ella —continuó Yaneth con determinación—. Clarisa Méndez. Quiero saber quién es realmente, qué hace, cómo lo conoció, qué sabe ella de mí… y si sabe de verdad quién es el hombre que tiene al lado. Porque tengo la impresión de que ella también cree mentiras que él le cuenta. Tal vez ella también es una víctima… o tal vez no. Pero necesito descubrirlo.

—Yo puedo averiguar cosas —dijo Marisol decidida—. Conozco gente, puedo buscar en redes, preguntar discretamente, sin levantar sospechas. Dame unos días y te traigo todo lo que encuentre. Pero ten cuidado, Yaneth: no te confíes, no actúes sin pensar, y sobre todo… no dejes que él note nada todavía.

—Así lo haré —prometió ella—. Seguiré siendo la esposa tranquila, obediente y ocupada que siempre ha sido. Él no va a sospechar nada hasta que yo decida que sea el momento justo. Y cuando llegue ese momento… se va a sorprender mucho.

Pasaron la tarde juntas, hablando, planeando, ordenando ideas y consolándose mutuamente. Yaneth sentía que el peso en el pecho seguía ahí, pero ya no era solo dolor: ahora se mezclaba con propósito, con planes claros, con la certeza de que el tiempo trabajaba a su favor.

Cuando Marisol se fue, ya caía la tarde. Yaneth volvió a revisar sus notas, guardó todo en su lugar seguro y miró hacia la ventana, donde el sol empezaba a ocultarse tras las colinas de la ciudad, pintando el cielo de naranja, púrpura y gris. Ya no esperaba a Emiliano con ilusión ni con amor; ahora esperaba como quien vigila un juego, como quien conoce las cartas que el otro cree tener escondidas.

—Sigue creyendo que me tienes en la palma de tu mano, Emiliano —susurró hacia el vacío—. Sigue mintiendo, sigue ocultando, sigue construyendo tu vida falsa. Yo ya estoy armando el rompecabezas completo… y cuando lo tenga todo listo, verás quién pierde realmente.

Esa noche, cuando él regresó tarde, cansado y de mal humor como siempre, ella lo recibió con calma, con la misma amabilidad aparente de siempre, le sirvió lo que pidió y no hizo ninguna pregunta. Él se sintió tranquilo, seguro, convencido de que nada había cambiado. Pero Yaneth sabía que todo había cambiado. Absolutamente todo.

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Eliana Angulo
excelente capítulo @🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆ 👏👏
Eliana Angulo
no te quedes callada Yaneth dile más a ese perro😡
Eliana Angulo
se hace el loco este hombre ..... todo lo que le está pasando, se lo busco el
Eliana Angulo
pero que reclama este hombre... si el fue que quiso vivir dos vida y fue el le pintó un vida a la amante que no podía darle
Eliana Angulo
🤣🤣🤣 mija le pintaron pajaritos en el aire🤣🤣
Eliana Angulo
Yaneth eres la mejor... así deberíamos ser las mujeres..no pelear por hombres, que las amantes solas se estrellen con la realidad 🤣🤣
Eliana Angulo
más de ladrón bufon... sinceramente que de los hombres se puede esperar cualquier cosa... ahora ella le sale a deber😡
Eliana Angulo
así se habla Yaneth 👏👏👏
Eliana Angulo
una mujer valiente, yo desde que me hubiera enterado que tiene otra le reclamaría así sea que me llamara loca
Flickr Mary Soly
Livertad dice pero sigue siambulando por ahi
Flickr Mary Soly
Y que hace hay ella por que no se va
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Porque primero necesita reunir todas las pruebas, aclarar todo lo oculto
total 1 replies
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