Una corona es hurtada por el Capitán Adam, un Fey Pirata. Con la ayuda de Jena, una joven arcángel, encarnación de la oscuridad.
Ese mismo robo regresa años más tarde con las consecuencias, para empujar a Eva, una Reina Elfo, a buscar una de las coronas del fin del mundo con ayuda de Jena, Len, uno de los cinco héroes elementales; Vin Ryder, una diosa de la Guerra; y Adam, el caótico Capitán de Pandora.
¿Eva podrá conseguir la corona? ¿La tripulación del barco Pandora podrá sobrevivir al viaje al fin del mundo?
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Capitulo #19: Muerte de la bruja
Mientras me encontraba con Marko, el Capitán estaba encargándose de la señorita Aracne con ayuda de mi rifle de hielo y el fuego que no dejaba de deformar su rostro.
—¡¡Basta!! ¡¡Los voy a liberar!! ¡¡Lo haré!! ¡Solo detente! ¡Déjanos vivir a mí y a mi hijo! Por favor —suplicó liberando a la tripulación de los capullos con sus garras—.
—¿Crees que vine por ellos? —se asomó para verificar que los basiliscos estaban huyendo del lugar—. Sí, los necesito, pero ya te lo dije ayer en la noche —le respondió haciéndola retroceder mediante disparos para llevarla a los cultivos, en los que estaban peleando nuestros compañeros—.
—¡¡Eres un…!!
Como si fuera un relámpago, el héroe de la tripulación cortó por la mitad a Aracne con su espada de hielo. La mitad que aún seguía siendo de una mujer cayó frente a Adam, justo debajo de su pie.
—Tus ojos son el tesoro de esta isla —se burló apagando el fuego con la tierra que había en los cultivos—.
—Sucio… bastar… —jadeó Aracne por última vez con el rostro calcinado—.
—Gracias por tu comida, tu agua, todos tus recursos —añadió notando que los ojos de Aracne estaban intactos—. Y tus ojos, fuiste un grandioso botín.
Con la muerte de la bruja, por lógica nuestros compañeros dejaron de ser cerdos para regresar a su forma normal. Nuestro Capitán no desaprovechó eso y se acercó a ellos para darles una orden.
—¡Dejen de dormir! Y vayan a robar a la finca, que esto no son vacaciones familiares —les ordenó, deteniéndose frente a ellos—.
—¿Qué? ¡Oye!, no podemos… —le reprochó Len al escucharlo—. Además, ¿dónde mierda estabas hace unas horas?
—En el barco buscando mi botella y de nada, por salvarles el trasero. Ahora dile a Jen que venga con nosotros, dudo que Eva haya salido ilesa del combate contra ese dios. Y apresúrate, ella necesita de ese maldito dragón ahora.
—¿Qué? Ah… eh, ¡S-sí! —respondió el héroe tartamudeando—.
Mis amigos fueron a verme lo más rápido posible para atender mis heridas con ayuda del aliento curativo de mi dragona, unas vendas y unas plantas medicinales.
—No vas a perder al bebé ¿Cierto? O… o… o vas a… —me preguntó Len vendando mi cabeza—.
—N-no, tranquilo. Soy más resistente de lo que piensas, lo que pasó no me hará perder a mi pequeña Pan —le respondí jadeando y con un intenso dolor de cabeza que no dejaba de aturdirme—.
—Bien, en ese caso. Es mejor que te recuperes pronto, porque nos iremos al amanecer y con más recursos de los que teníamos antes —añadió Adam dándome palmadas en la cabeza—.
Al final logramos obtener lo que buscábamos, comida, agua y el Capitán también se llevó un tesoro. Solo que no sabía si fue una victoria, al menos por mi parte no se sintió como una, sino que más bien, se sintió como una derrota debido al vacío que me dejó al regresar al barco.
—¿Estás bien? Primer oficial —me dijo Adam sentándose a mi lado—. Has estado más callada y menos gruñona conmigo.
—Mm… sé que es estúpido que te lo pregunte a ti en específico pero… nosotros… ¿somos los buenos? ¿O los malos? —le pregunté abrazando mis rodillas, con una mirada perdida en mi cama—.
—Sí, es estúpido, pero… —comenzó el capitán acariciando mi cabeza con cariño—. No creo que se trate de eso.
—¿Entonces de qué se trata? —continué con la voz llorosa—.
—Solo se trata de robar… digo, ayudar y… hacer lo necesario, aun cuando eso significa elegir el mal menor —añadió abrazándome y dándome palmadas en la cabeza—.
—Zarrapastroso… —suspiré acurrucando mi cabeza en su hombro—.
—Por cierto, cambiando de tema, hay una cosa que fue traída por un dios mensajero.
—¿Por Hermes? ¿Es de un estúpido pretendiente? Ugh, cuando era Kore odiaba cuando el idiota de…
—Cassy te envió un pastel.
No pude responder, con solo escuchar que me había enviado un regalo, mi corazón se detuvo al instante. Quedé paralizada con una cara que no sabía cómo reaccionar.
—Lily también me envió uno, pero ya me lo comí, el tuyo está en mi camerino por sí…
Salí disparada de mi camerino para ir al del Capitán. Al poner mi mano en la manecilla de la puerta, escuché una risa proveniente de un joven de mi edad con un suave cabello blanco que era tan suave como la lana de una oveja. En su cabeza tenía un gorro con alitas y en sus pies tenía unas zapatillas con alas. En su pecho tenía una cangurera que contenía a un bebé con el cabello morado, con ojos rojos y que olía como el vino, pero no de la mala manera como Adam.
—¿Buscabas esto? Perséfone —me dijo con mi pastel en sus manos—.
—¿Hermes? —gruñí dándome la vuelta para verlo—. Y... ¿Ese es...?
—Es Dionisio, nuestro nuevo hermano menor por parte de papá.
—Ugh. ¿Qué quieres? Hermes. No me digas que vas a unirte a la tripulación.
—No. Obvio no. Los mortales son divertidos, pero —ese dios apareció detrás de mí en un parpadeo—. Vi tu berrinche. Lloras y sufres por los mortales cuando…
—¡¿Son basura?! Tú… —apreté los puños con fuerza—. ¿Tú también crees eso?
—Ya te lo dije, son divertidos, me agradan más de lo que piensas. Aun así, nuestro hermano menor tenía un punto, somos superiores por naturaleza —añadió usando sus zapatillas para volar a mi alrededor—.
—Tal vez… Pero eso no les da derecho a tratarlos como escoria.
—¿Les da? Veo que olvidaste algo importante, hermana —se rió agarrándome de las manos para darme el pastel—. Tú no eres la excepción de esa regla —me entregó el pastel en mis manos—. Eres una diosa. ¿O lo olvidaste?
—V-Vuelvo a repetirlo. ¿Qué haces aquí? Hermes. Dudo que hayas venido solo para verme.
—Vas a necesitar monedas para convencer a Caronte y cruzar al infierno —me respondió sacando una bolsa de monedas de su sombrero—. Toda tu familia divina reunimos un par para ayudarte, solo ten cuidado ¿sí? No dejes que nadie se deje engañar y baje del barco. O tendrá que quedarse eternamente en el Inframundo.
—G-Gracias.
—No me des las gracias, solo evita que mueran en el Inframundo o por las almas lotófagas.
—¿Qué? ¿Almas…? —cuando estuve por terminar la frase, ese dios había desaparecido del barco en un mísero parpadeo, dejando tan solo el sonido de los tripulantes moviéndose por el barco y las olas golpeando la parte inferior del barco—. Mm… entiendo.