Una joven que sufrió la violencia y la humillación pública más desgarradora regresa irreconocible al lugar de su pesadilla, convertida en alguien que ya no tiene miedo y viene por lo que le pertenece.
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CAPÍTULO 9 — UNA CELEBRACIÓN INOLVIDABLE
Pensé que aquel fin de semana sería solamente una celebración entre amigos… nunca imaginé que terminaría llevando un anillo en mi dedo.
El sábado nos encontramos los seis para celebrar nuestro primer lugar.
Mateo, Emilia, Catalina, Thiago, Demián y yo habíamos decidido pasar el día juntos.
El primer destino fue Fantasilandia.
Apenas llegamos, Thiago comenzó a señalar los juegos.
—¡Tenemos que subirnos a todos!
Catalina soltó una carcajada.
—A todos menos a los que dan miedo.
—¿Tú tienes miedo? —preguntó Thiago.
—Yo no. Simplemente tengo criterio.
Todos comenzamos a reír.
Mateo y Emilia iban juntos, como siempre, mientras Catalina y Thiago discutían sobre qué juego sería el primero.
Demián caminaba a mi lado.
—¿Y tú? ¿A cuál quieres subirte?
—Al que sea, pero no me dejes sola.
Él sonrió.
—No lo haré.
Comenzamos recorriendo el parque entre risas, gritos y fotografías.
En algunos juegos terminábamos riéndonos tanto que apenas podíamos hablar.
En otros, salíamos completamente despeinados.
Fue uno de esos días en los que por unas horas olvidé todas mis inseguridades.
Me sentía feliz.
Y, sobre todo, sentía que por fin tenía amigos con quienes podía compartir momentos así.
Cuando comenzó a oscurecer, decidimos salir del parque y buscar un lugar para cenar.
Llegamos a un restaurante y nos sentamos los seis alrededor de una mesa.
—Tenemos que brindar —dijo Emilia.
Levantamos nuestros vasos.
—¡Por el primer lugar!
—¡Y por nosotros! —agregó Mateo.
Todos chocamos los vasos.
La conversación continuó entre bromas y recuerdos del día.
Yo estaba distraída escuchando a Catalina cuando sentí que Demián tocó suavemente mi mano.
Lo miré.
—¿Qué pasa?
—Cuando terminemos de cenar, ¿puedo hablar contigo?
—Claro.
No quise preguntar más.
Después de cenar, los demás comenzaron a salir.
Demián se quedó conmigo.
—Ven.
Caminamos unos metros hasta un lugar más tranquilo.
Me miró durante unos segundos.
—Sophie, quería hacer esto desde hace un tiempo.
Sentí nervios.
—¿Hacer qué?
Demián sacó una pequeña caja.
Mi corazón se aceleró.
—No puede ser…
Él sonrió y abrió la caja.
Dentro había un hermoso anillo.
—Sophie, quiero preguntarte algo.
Me quedé mirándolo.
—¿Quieres pololear conmigo?
Por unos segundos no pude hablar.
Sentía una emoción enorme.
—Sí —respondí finalmente.
Demián tomó mi mano y colocó el anillo en mi dedo.
Lo miré emocionada.
—Es precioso.
—Quiero que lo tengas siempre.
Sonreí.
—Lo voy a cuidar.
Nos quedamos mirándonos en silencio.
Yo no podía dejar de mirar el anillo.
Para mí, aquel pequeño objeto representaba el comienzo de algo hermoso.
Después regresamos con los demás.
Emilia fue la primera en notar el anillo.
—¡Sophie!
Todos miraron mi mano.
Catalina sonrió sorprendida.
—¿Eso significa lo que creo?
Yo asentí, completamente feliz.
—Demián me pidió pololeo.
Los cuatro comenzaron a felicitarnos.
Aquella noche terminó entre risas, abrazos y fotografías.
Yo me fui a casa pensando que acababa de vivir uno de los días más felices de mi vida.
Miré el anillo antes de dormir.
Jamás imaginé que algún día aquel mismo anillo sería mucho más que un recuerdo.
Sería la prueba de una historia que terminaría de una manera que ninguno de nosotros podía imaginar.