Donatella lo dio todo por su matrimonio. Veinte años dedicada a un hombre que dejó de verla, a una vida que dejó de ser suya. Hasta que un día decidió que ya era suficiente.
A los cuarenta, la mayoría del mundo le dice que su mejor momento ya pasó. Pero Donatella está a punto de descubrir que la mujer más poderosa de su vida siempre estuvo ahí, esperando ser liberada.
Nueva ciudad. Nuevo cuerpo. Nueva actitud. Y un hombre que aparece en el momento exacto para recordarle que el deseo no tiene fecha de caducidad.
Porque después de los cuarenta no se termina la historia. Se empieza la mejor parte.
NovelToon tiene autorización de Vlaucia Campos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Leonardo
Roma
—Adelaide, Leonardo quiere verla —dijo Aurélio.
—Sí señor, ya voy —respondió Adelaide.
—Ade, ¡no necesita llamarme de señor! Usted me conoce hace años, desde que trabajo para Leo, en realidad desde antes, cuando era apenas amigo de él —dijo Aurélio.
—Sí, pero muchacho, conoce al señor Leonardo —dijo Adelaide, sonriendo.
—Y usted también, sabe que solo tiene la cara de malo —dijo Aurélio, riendo. Ambos entraron en la oficina de Leonardo.
—Escuché lo que hablaban —dijo Leonardo.
—Discúlpeme, es que Aurélio no tiene remedio —dijo Adelaide.
—Sé bien cómo es él, no se preocupe, Adelaide —dijo Leonardo, serio. Él difícilmente reía o sonreía.
—Pero que es feo, es feo, pobrecito, y aun así se mueren de amor por el misterioso y serio Don Leonardo —dijo Aurélio, riendo.
Leonardo no dijo nada, apenas esbozó una pequeña sonrisa de lado. Él era así.
—¿Usted mandó a llamarme? —preguntó Adelaide.
—Sí. Adelaide, sabe que es de mi confianza. También sabe que confío en pocos, o sea en Aurélio, Ítalo y Renata. Solo ustedes —dijo Leonardo.
—Sí, señor, sé eso y sabe que puede confiar en mí, lo vi crecer —dijo Adelaide.
—Lo sé, y por eso quiero que me escuche con atención. ¡Estaré ausentándome por algunos meses! Necesito hacer algunas cosas referentes al pasado y ese tiempo es necesario. Aurélio e Ítalo irán conmigo. Aurélio la auxiliará en línea, así como Ítalo, en lo que puedan. Como sé que hay muchas cosas y sin que nosotros tres estemos presentes, va a necesitar ayuda. Entonces contrate una secretaria para mí, pásele las cosas que sean más fáciles, como pagar la escuela de mis hijos, comprar los materiales necesarios, pasarle el dinero a doña Renata, asesorarla, agendar mis futuras reuniones y ayudarla en todo lo que pueda. Adelaide, escúcheme bien, tiene que ser de confianza y será su responsabilidad elegir a una persona, no me importa si es mujer o hombre, pero sabe que si es mujer, que sepa exactamente cuál es su lugar. No me gustan los contratiempos y usted lo sabe —dijo Leonardo.
—¡Ay, Dios mío! Señor Leonardo, ¿y si no encuentro a nadie? Porque si fuera para ser novia de usted encontraría a muchas... pero para trabajar para usted, ¿y de confianza? Hoy no es fácil —dijo Adelaide.
—Si no encuentra, quédese sola y vamos haciéndolo como podamos, pero sepa que si encuentra a alguien, es de su responsabilidad —dijo Leonardo.
—Viejo, si fuera yo, contrataría solo chicas lindas y me las agarraría a todas —dijo Ítalo.
—Como si el Don Leonardo, o el famoso Despiadado, no pudiera agarrarse a todas las que quisiera —dijo Aurélio.
—El problema es que él es muy pesado —dijo Ítalo, riendo.
Leonardo ignoró a los amigos.
—Adelaide, está en sus manos, solo avíseme si no encuentra a nadie —dijo Leonardo.
—¡Wow! Él hace como si no nos escuchara —dijo Ítalo.
—Sí, qué frío es, parece hielo o peor, un iceberg —dijo Aurélio.
Ambos amigos rieron, Adelaide terminó riéndose también, pues Ítalo y Aurélio eran bromistas y los únicos a los que Leonardo les permitía bromear con él.
—¿Sabe más o menos cuántos meses estará ausente? —preguntó Adelaide.
—No, la mantendré informada. Sin embargo, creo que más de ocho meses —dijo Leonardo.
Adelaide
Salgo nerviosa de la sala del señor Leonardo, sé bien cómo es él, no será fácil encontrar a alguien con tal disposición y peor aún, que sea confiable y no le dé confianzas.
Él sería como el actor de la foto de arriba (foto tomada de internet)
Leonardo
Soy Don Despiadado o, si lo prefieren, el empresario Leonardo Lucheses. En estos mis 47 años de vida me convertí en un hombre frío y despiadado, es lo que dicen.
Hijo de uno de los Dones más crueles que Italia haya conocido, yo mismo lo habría matado si no lo hubieran hecho. Aunque le debo mucho, por haberme convertido en este hombre casi sin corazón.
Mi madre, la mejor mujer que tuve el privilegio de conocer, murió hace años, a manos de un infeliz. Fue mi propio tío quien la obligó a eso.
Cuando mataron a mi padre, tenía apenas 16 años y todavía no podía asumir la mafia. Mi tío asumió, el problema fue que quiso que mi madre se casara con un hombre peor que mi difunto padre, todo por una alianza, y ella se negó. Pero en la mafia no funciona así y lo peor sucedió: ese gusano mató a mi madre por rechazarlo.
Mi difunto tío, en vez de mandarlo a matar, lo perdonó y mi madre quedó como la culpable. Cuando cumplí mis 18 años, él sabía que iba a matarlo, que nada ni nadie podría protegerlo.
Mi padre, a pesar de haber sido un dmonio en la tierra, hizo un documento para el consejo, en el cual constaba que en el momento que cumpliera mis 18 años, ¡sería el Don! Estuviera vivo o muerto. Creo que él sabía que iba a morir...*
El día que cumplí dieciocho años, mi tío y su amigo desaparecieron. Vengo buscándolos hace años y ahora estoy en su rastro, no puedo permitir que desaparezcan nuevamente, por eso voy a dejar todo y personalmente los atraparé. Puede tomar meses o hasta más de un año, pero por mi madre, necesito hacerlo.
El problema será estar lejos de mis hijos, fue lo que me quedó de un matrimonio fracasado. Me casé por obligación y ella ni el lujo de ser buena esposa tuvo.
Juré hacer de todo por una única mujer, aun sin amor, estaba dispuesto a amarla como pudiera, pero la traición es imperdonable. Puedo no ser disciplinado ni tan organizado, pero soy muy bueno leyendo personas, otra traición más para la lista, pobrecitos, ni tuvieron oportunidad, los atrapamos a todos bien antes...
Claro que el consejo me está presionando para casarme nuevamente y cuando vuelva tendré que resolver eso.
En este momento, vengar la muerte de mi madre y la mafia son mis prioridades. Sé el tipo de traición que están tramando, solo que soy bastante inteligente y ya contacté a mis socios Enrico, Alexandre y Salvatore.
Esta vez no tendrán adónde correr.