Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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UN VIAJE DE NEGOCIOS
La rutina diaria de la mansión Acuña recobró su ritmo habitual, envolviendo a la casa en una aparente calma.
Sin embargo, durante el desayuno de esa mañana, el aire cambió súbitamente cuando Renato dobló su servilleta y fijó la mirada en la mesa.
“Hijas, tengo un viaje de negocios muy importante al extranjero” anunció con tono solemne.
Estela, a su lado, le tomó la mano con ternura y esbozó una sonrisa complacida “Y como ya es costumbre, yo acompañaré a su padre” añadió la matriarca.
Renato inclinó la cabeza para besar con delicadeza el dorso de la mano de su esposa y luego se giró hacia su hija mayor.
“Lesly, te dejo a cargo de todo: la empresa y el manejo de la casa” instruyó el patriarca con voz severa pero confiada.
Después, desplazó su mirada hacia la menor “Julieta, obedece en todo a tu hermana”
“Cualquier eventualidad, por mínima que sea, nos avisan de inmediato” agregó Estela, mirando a ambas.
“Está bien, papá. Haré lo mejor posible, como siempre” respondió Lesly, asimilando la responsabilidad sobre sus hombros “¿Por cuánto tiempo estarán fuera?”
“Serán tres meses” explicó Renato “Además de los negocios, estoy aprovechando este compromiso para tomar un descanso con su madre. Hace mucho tiempo que no disfrutamos de unas verdaderas vacaciones juntos”
“¡Me traes muchos regalos, abu!” interrumpió el pequeño Luca con la boca llena de fruta, rompiendo la formalidad de la conversación.
“Por supuesto que sí, mi amor. Todo lo que pidas será para este bebé” respondió el abuelo, ablandándose al instante mientras se inclinaba para llenarle las mejillas de besos.
“Entonces dense prisa, los llevaremos al aeropuerto” dijo Lesly, poniéndose de pie.
“Está bien, terminemos de desayunar” asintió Renato.
Luego, como si lo recordara de golpe, volvió a mirar a Lesly “Por cierto, hija, esta noche es la gala por el aniversario de bodas de nuestros amigos, la familia Alvarado. Debes asistir en representación de la firma”
“Umm... está bien, papá. Iré” aceptó Lesly con una leve mueca de resignación; las fiestas de la alta sociedad solían resultarle agotadoras.
“Podemos pedirle a Rodrigo que te lleve en el auto y espere para recogerte” propuso Estela con preocupación materna “No me gusta la idea de que andes sola de noche”
“Mamá, hoy es fin de semana y Rodrigo no trabaja” recordó Lesly de inmediato, intentando no parecer demasiado atenta a los horarios del joven.
“Pero Rodrigo es muy amable y servicial” interrumpió Julieta, sacando su teléfono del bolsillo “Le escribiré un mensaje de texto para pedirle el favor. De seguro acepta”
Estela asintió, satisfecha con la iniciativa de su hija menor “Espero que sí. Ahora apresurémonos, que se nos hace tarde para el vuelo” ordenó la matriarca.
Minutos después, la familia completa abordó los vehículos y partió rumbo a la terminal ejecutiva del aeropuerto.
Al llegar al hangar donde aguardaba el jet privado de la corporación Acuña, el momento de la partida se selló entre abrazos apretados, recomendaciones de último minuto y algunas lágrimas contenidas.
Tras despedir a sus padres en el hangar, Julieta deslizó los dedos sobre la pantalla de su teléfono y, con una sonrisa triunfal, le extendió el dispositivo a su hermana mayor.
“Mira, te dije que diría que sí” anunció Julieta con entusiasmo.
Lesly tomó el teléfono y leyó el mensaje. Rodrigo no solo había aceptado llevarla y recogerla de la gala, sino que sugirió que Julieta y el pequeño Luca pasaran la tarde y la noche en su casa junto a su abuela María y la pequeña Briana.
De ese modo, tras dejar a Lesly en el evento, él volvería a su hogar a cuidarlos y, al finalizar la fiesta, pasaría por ella para regresar todos juntos a la mansión.
Lesly contempló la pantalla unos instantes, sintiendo una tibia oleada de alivio en el pecho. Sabía que Luca estaría infinitamente más feliz y cuidado al lado de la abuela de Rodrigo que con el personal de servicio en una mansión vacía.
“Está bien” aceptó Lesly, devolviéndole el teléfono “Pero antes de ir a su casa, Julieta, quiero que me acompañes al salón de belleza para arreglarme para la gala”
“¡No quiero ir al salón! Quiero llamar a mi papá Rodrigo para que venga a buscarme” interrumpió el niño.
“Luca, mi amor, papá Rodri nos alcanzará más tarde” intentó negociar Lesly, agachándose a su altura “Primero acompañaremos a la tía y a mamá a prepararse, ¿sí?”
“¡No! ¡Llamemos a papá por teléfono! ¡Que venga él!” insistió el pequeño.
Lesly suspiró, no quería abusar del tiempo libre del joven en su día de descanso.
“No vamos a llamarlo ahora, Luca. Él está descansando y debemos respetar su tiempo” sentenció Lesly con su firmeza habitual, aunque con tono cariñoso.
A regañadientes y tras varios minutos de negociaciones y promesas de helado por parte de Julieta, el niño finalmente cedió y subió al vehículo.