"Lo soñé mil veces antes de conocerlo. Ahora, él es mi única salvación... o mi perdición."
Bibiana siempre soñó con un hombre misterioso y con el sabor de la sangre. Al mudarse a Finlandia, el hombre de sus sueños se vuelve real. Adam es protector, letal y oculta un secreto que podría matarla.
Mientras su padre huye de un pasado oscuro, el cazador está cada vez más cerca. En un mundo donde los vampiros dominan las sombras, Bibiana descubrirá que no es una humana común: ella está Destinada a un Amor Inmortal.
NovelToon tiene autorización de Liz Eliana Cera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 17 - El peso del destino
Casa de Matt – Sala de estar
Bibiana miraba a Martina con una mezcla de escepticismo y temor. Las palabras de la mujer resonaban en las paredes como una sentencia antigua.
—¿Cómo puede saber usted todo eso? —preguntó Bibiana, tratando de mantener la voz firme.
—Yo leo las cartas, muchacha. Ellas no guardan secretos conmigo —respondió Martina con una calma gélida.
Tomás, que observaba la escena, intervino con un suspiro de fastidio. —Mi madre cree que puede ver el futuro, Bibiana. Obviamente, mi hermano y yo no creemos en esas historias absurdas.
—Yo tampoco creo en esas cosas —secundó Bibiana, aunque por dentro recordaba la exactitud de sus propios sueños.
Martina pidió quedarse a solas con ella. En cuanto Tomás salió, la mujer clavó su mirada en los ojos de Bibiana.
—Tú ya no amas a mi hijo. ¿Para qué viniste a buscarlo? Solo vas a reabrir la herida.
—Vine porque quiero su perdón. Sé que le hice daño y me gustaría que, al menos, pudiéramos ser amigos.
Martina soltó una risa seca. —Mi hijo nunca aceptará tu amistad porque él te ama de verdad. Él nunca entenderá que estás marcada, que tu destino es pertenecerle a ese vampiro para siempre. Vas a ser su pareja por la eternidad, y de eso nadie te va a librar.
—¡Todo lo que dice es una locura! —exclamó Bibiana, retrocediendo.
—No es una locura, porque ya estás enamorada de él. Tu silencio me da la razón.
En ese momento, la puerta se abrió y Matt entró a la casa. Al ver a Bibiana, su rostro se iluminó con una esperanza dolorosa.
—¿Bibi? ¿Qué haces aquí?
Martina se retiró, dejando a los jóvenes solos. Matt se acercó a ella, tomando sus manos con desesperación.
—Bibi, te amo. No quiero perderte. Tuve un sueño... un sueño muy extraño donde ese tipo, Adam, me decía que él te había forzado, que tú me amabas y que estabas sufriendo.
Bibiana sintió una punzada en el pecho. "Lo hizo para verme feliz... Adam sacrificó su verdad por mí", pensó con amargura.
—Matt, gracias por perdonarme. Me sentía morir por la culpa de haberte fallado —dijo ella con sinceridad.
—Ya no importa, mi amor. Olvidemos todo. Ahora que volvimos, ese tipo desaparecerá de nuestras vidas y seremos felices —dijo Matt, intentando besarla.
Bibiana giró el rostro, evitando el contacto. La frialdad del gesto golpeó a Matt como un balde de agua helada.
—¿Qué pasa, Bibi? ¿No viniste a arreglar las cosas?
—Matt... vine por tu perdón, pero eso no significa que vayamos a volver. Te quiero mucho, fuiste mi primer novio y siempre tendrás un lugar en mi corazón, pero... a quien amo de verdad es a Adam. Me enamoré de él de una forma que nunca sentí contigo.
Matt retrocedió, su rostro transformándose de la tristeza a una furia incontenible. La tomó por los brazos, apretando con fuerza.
—¡No puede ser! ¿Me estás diciendo que prefieres a ese imbécil? ¡Dime qué sientes por él! ¡Dímelo ahora!
Casa de los Anderson – Estudio de Ignacio
El estudio estaba en silencio, impregnado del aroma a tabaco y papel viejo. Ignacio estaba sumido en sus pensamientos hasta que el suave golpeteo en la puerta lo trajo de vuelta a la realidad.
—¿Estás muy ocupado, papá? —preguntó Elena, asomando la cabeza con una expresión de fingida preocupación.
Ignacio dejó sus anteojos sobre el escritorio y le dedicó una sonrisa cansada.
—Nunca estaré lo suficientemente ocupado para ustedes, hija. Pasa.
Elena entró y cerró la puerta tras de sí, caminando con paso lento hacia el escritorio. Se sentó frente a él, entrelazando las manos sobre su regazo.
—Gracias, papá... Es que tengo que contarte algo —hizo una pausa dramática, bajando la voz—. Es sobre mi hermana.
Ignacio se tensó de inmediato, y su mirada se llenó de alarma.
—¿Qué le pasó a Bibiana? ¿Está bien?
—A ella no le ha pasado nada malo, físicamente —aclaró Elena, midiendo cada una de sus palabras—. Lo que quiero contarte es lo que realmente está pasando en su relación con Matt.
Ignacio frunció el ceño, confundido. Siempre había creído que ese noviazgo era sólido.
—Entonces cuéntamelo todo, hija. ¿Qué está sucediendo entre Bibiana y ese muchacho?
Elena guardó silencio por un momento, fingiendo que le costaba hablar, aunque por dentro disfrutaba del poder que tenía en ese instante sobre el destino de su hermana.