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Mi Sexy Jefe Es el Padre de Mi Enemiga

Mi Sexy Jefe Es el Padre de Mi Enemiga

Status: Terminada
Genre:CEO / Amor prohibido / Romance de oficina / Completas
Popularitas:696.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Celeste A. Godoy

Estaba desesperada. A punto de perder mi carrera por no poder pagar la matrícula, acepté ser la asistente personal del imponente Nicolas Donovan. Él es todo lo que intimida: cuarenta y tres años, poder absoluto y una mirada tan oscura que me desnuda el alma. La tensión entre nosotros es un fuego a punto de estallar cada vez que nos encerramos en su oficina. Pero el infierno se desató cuando vi ese portarretratos en su escritorio. Nicolas es el padre de Vanessa, mi peor enemiga. Entregarme a él significa arriesgarlo todo. ¿Pero... cómo me resisto al hombre que ya logró dominarme?

NovelToon tiene autorización de Celeste A. Godoy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8: LA BALANZA DEL DIABLO

Chloe Bennett

Me puse de pie de un salto, alisando las arrugas inexistentes de mi falda de tubo negra. Respiré hondo, llenando mis pulmones de ese aire acondicionado purificado que olía a maderas caras, e intenté forzar mi rostro a adoptar esa máscara de eficiencia absoluta que tanto le gustaba a mi jefe. Tomé mi libreta de cuero, mi bolígrafo y caminé hacia la pesada puerta de madera noble.

Al empujarla, lo encontré de pie junto al inmenso ventanal gótico de su oficina. Había algo profundamente intimidante y a la vez magnético en la silueta de Nicolas Donovan cuando el cielo gris de la tarde recortaba su figura. Llevaba la chaqueta del traje abierta, las manos metidas en los bolsillos del pantalón y la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás, sumido en sus propios pensamientos. Al escuchar mis pasos, se giró con la lentitud pausada de un felino que sabe que tiene el control total de su territorio.

Sus ojos se clavaron en mí, recorriéndome desde el nacimiento de mi coleta rubia hasta la punta de mis zapatos. Sentí una ráfaga de calor recorrerme la espina dorsal. Su mirada era tan intensa que casi podía sentir el roce físico de sus ojos sobre mi piel.

—Siéntese —ordenó, haciendo un leve ademán hacia las sillas de cuero frente a su escritorio de cristal negro.

Caminé con paso firme, agradeciendo mentalmente que mis tacones no flaquearan, y tomé asiento. Él señor Nicolas caminó hacia su sillón presidencial y se dejó caer en él con una gracia pesada y masculina. Apoyó los codos sobre el cristal y entrelazó sus dedos largos y fuertes, fijando de nuevo sus ojos claros en los míos.

—El próximo mes se celebra la Cumbre del Bloque Euroasiático en Ginebra —comenzó a explicar, y el tono de su voz vibró en el aire cerrado del despacho—. Es la reunión de negocios más importante del año para la Corporación Donovan. Cerremos un acuerdo de infraestructura tecnológica con los consorcios más grandes de Europa del Este y Asia. Los directivos de los fondos de inversión rusos y los diplomáticos franceses son hombres de la vieja escuela; desconfían de los traductores automáticos y de las agencias externas. Quieren negociar de frente, con alguien que entienda sus modismos y sus sutilezas sin perder un segundo.

—Entiendo, señor —asentí, abriendo mi libreta y apuntando los detalles esenciales—. Estaré lista. Manejo el vocabulario técnico legal y financiero de ambos idiomas a la perfección, además del italiano por si surge algún intermediario bancario.

—Lo sé. Por eso la contraté a usted y no a una de esas ejecutivas pretenciosas que solo saben repetir lo que memorizan en los manuales — se inclinó un poco hacia adelante, y la distancia entre nosotros se acortó lo suficiente como para que el olor de su colonia me embotara los sentidos—. Usted viajará conmigo, señorita Bennett. Será mi sombra durante esos cinco días. Asistirá a las cenas privadas, a las reuniones de madrugada en la suite presidencial y a los almuerzos de negocios. Su atención debe estar concentrada al cien por ciento en mis necesidades corporativas. ¿Hay algún inconveniente con eso?

Miré sus manos sobre el escritorio y luego subí la vista hacia sus ojos. La idea de pasar cinco días viajando a solas con él, durmiendo en el mismo hotel de lujo, atendiendo sus demandas a altas horas de la noche, hizo que mi estómago diera un vuelco violento.

No era solo el miedo a ser ineficiente; era el pavor a la inmensa atracción física que sentía por él, una fuerza magnética que me empujaba a querer cruzar los límites profesionales cada vez que me miraba de esa manera tan oscura y posesiva.

—Ningún inconveniente, señor Donovan —respondí, intentando que mi voz sonara como la de una máquina perfecta—. Mi disponibilidad es absoluta, tal como lo estipula mi contrato.

—Excelente —Nicolas entornó los ojos, analizándome con esa agudeza que me hacía sentir completamente expuesta—. Porque he notado un cambio en su actitud desde que regresé de la sala de juntas. Está... inusualmente tensa, señorita Bennett. Sus pupilas están dilatadas y su respiración es demasiado... rápida. ¿Sigue mareada por lo de hace un momento, o hay algo más que está perturbando su desempeño?

Mis ojos se desviaron por una fracción de segundo, de forma completamente involuntaria, hacia la pantalla de su computadora, justo detrás de la cual se ocultaba el portarretratos de plata con la foto de Vanessa. Fue un error fatal. Nicolas notó el movimiento de mis ojos al instante.

Con una lentitud calculada que me erizó los vellos de la nuca, estiró su mano derecha, tomó el portarretratos de plata y lo colocó en el centro del escritorio, girándolo para que la imagen de su hija quedara de frente a mí. La sonrisa perfecta y caprichosa de Vanessa pareció brillar con una burla directa hacia mi miseria.

—¿Le llama la atención la fotografía? —preguntó Nicolas, y su tono de voz bajó un octavo, volviéndose peligrosamente suave, casi como un susurro protector y a la vez inquisitivo.

Sentí que el aire me faltaba. Mis dedos apretaron el bolígrafo con tanta fuerza que temí romperlo en dos.

—Es... una hermosa fotografía, señor —mentí, sintiendo que la garganta se me cerraba por el pánico—. No quise ser indiscreta. Solo... no sabía que tenía una hija de esa edad.

—Es mi única hija. Vanessa —dijo él, pronunciando el nombre con una mezcla de orgullo paternal y el hastío de quien conoce perfectamente los defectos de su descendencia—. Es una consentida caprichosa que cree que el mundo entero se soluciona con mi firma en un cheque en blanco. Estudia en la misma universidad que usted, si no me equivoco en los datos de su perfil académico.

—La universidad es muy grande, señor Donovan —respondí de inmediato, intentando desviar el tema antes de que escarbara más profundo—. Hay miles de estudiantes en el campus de relaciones internacionales. Es difícil cruzarse con alguien si no compartes las mismas clases.

—Es probable —admitió Nicolas, aunque sus ojos se entrecerraron, fijos en mi rostro. Él era un tiburón en los negocios, un hombre entrenado para detectar la más mínima debilidad o mentira en el lenguaje corporal de sus adversarios, y yo estaba jugando en su terreno—. Aunque Vanessa tiene una alarmante facilidad para hacerse notar, generalmente causando problemas que luego mi departamento legal debe solucionar. Espero, por su propio bien, señorita Bennett, que si alguna vez llega a cruzarse con ella en el campus, recuerde cuál es su posición en esta empresa. Mi vida privada y mi vida corporativa corren por vías estrictamente separadas.

—Lo tengo muy claro, señor —susurré, bajando la cabeza hacia mi libreta para ocultar la mirada de terror que sabía que me delataba—. No tengo ningún interés en mezclarme en sus asuntos familiares. Mi único objetivo aquí es cumplir con mi trabajo y ganarme mi sueldo.

Nicolas se quedó en silencio durante varios segundos, unos segundos eternos donde el único sonido era el tic-tac lejano de un reloj y el latido acelerado de mi propio corazón. Su mirada seguía fija en mí, pesada, posesiva, evaluando cada línea de mi cuerpo.

Había algo en su postura, en la forma en que sus dedos tamborileaban suavemente sobre el cristal negro, que me indicaba que no me estaba dejando ir del todo, que el misterio de mi nerviosismo lo atraía tanto como le molestaba no tener el control absoluto de la situación.

—Bien —dijo finalmente, apartando el portarretratos de plata con un movimiento brusco y devolviéndolo a su escondite detrás de la pantalla—. Prepare los borradores de las cláusulas de confidencialidad para el consorcio de Ginebra en francés y ruso. Quiero las propuestas preliminares en mi mesa antes de que termine el lunes. Puede retirarse a su escritorio, señorita Bennett.

—Gracias, señor Donovan. Con su permiso.

Me puse de pie con rapidez, sintiendo que el alivio me inundaba las venas mientras me daba la vuelta y caminaba hacia la salida. Cada paso que daba lejos de su escritorio se sentía como una pequeña victoria en una guerra silenciosa que apenas comenzaba.

Al cerrar la pesada puerta de madera detrás de mí y regresar a la relativa seguridad de mi escritorio de la antesala, me dejé caer en la silla de cuero, tapándome la cara con ambas manos. Estaba jugando con fuego, caminando sobre el filo de una navaja extremadamente afilada. Tenía que ser más inteligente, más fría, más calculadora que nunca. Si lograba mantener la distancia con él señor Nicolas, si lograba sobrevivir al viaje de Ginebra y mantenerme oculta de Vanessa en la universidad, tal vez... solo tal vez, podría salvar mi futuro sin que el imperio Donovan me destruyera en el proceso.

Pero al mirar las carpetas de archivos que me esperaban sobre la mesa, con el membrete oficial de la empresa brillando en letras doradas, una voz interna me recordó la cruda realidad: en el juego de Nicolas Donovan, él siempre era el que repartía las cartas, y yo solo era una pieza más en su tablero privado.

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Cintia Méndez
me encanto muy linda la historia no fue aburrida y además de solución rapida
Cintia Méndez
me encanto muy linda la historia no fue aburrida y además de solución rapida
tatiana bolivar
🚒🚒🚒 los bomberos van en camino esperen por favor
tatiana bolivar
🔥🚒🔥🚒 fuego en el piso 45😂😂
tatiana bolivar
🤣🤣 está entrevista fue caliente 😂😂
tatiana bolivar
y de. primera 🤣🤣
Monica Liliana Broudiscou
excelente historia, hubo momentos que me salieron lágrimas, muy buena redacción y muy tierna, gracias, muchísimas felicitaciones 🥰🥰🥰🥰👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Marta Cris
que capitulo tan bonito, una reconciliación merecida y miles de pañuelos limpiando mis lágrimas.
Marta Cris
hincué? ay no... porque no escribe me arrodillé sobre la hierba y listo. pero sabe que? excelente novela, me atrapó desde el principio. felicitaciones.
Edith Villamizar
excelente
Edith Villamizar
estuvo muy hermosa la novela
unidos desde principio a fin
te felicito
Gracias por compartir tu novela
Sylvia Farias
que bonita historia te super felicito me atrapó de principio a fin...
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Eva Zuñiga
se me salieron las lágrimas,cuando Nicolás hablo con el doctor,para que tratara bien a Vanesa,y ahora con estás cartas,
Loreto Urmeneta
Excelente historia, felicitaciones Celeste.
Sólo tengo dos sugerencias con mucho respeto, la primera es por qué usas la terminología *rompió la fuente*?, el término correcto es se *rompieron las membranas* y la segunda sugerencia, es hacer educación en cuanto al uso de *condón* ya que tus novelas también son leídas por jóvenes. Este tema siempre lo usaste en tu excelente novela que leí anteriormente Me casé con el Ceo despiadado.......
Sigue escribiendo, aprovecha tu gran talento.
Gracias una vez más 💐⚘️💐👏👏👏👏
Celeste Godoy: Bueno gracias por la sugerencia y tienes razón. Pero en mi país no conozco a nadie que diga "ROMPIERON LAS MEMBRANAS" suena raro, capaz es el método científico de decirlo. Y el echo de que lo hice así fue para resaltar mucho la importancia de la educación sexual en casa ya que en promedio me leen más mujeres MAYORES y no adolescentes. Cuando era más pequeña hablando con una mujer que tenía Muchos hijos yo le pregunté "¿VOS NO PENSAS EN USAR MÉTODOS ANTICONCEPTIVOS?" a lo que me respondió "YO JAMAS VOY A USAR ESO" entonces dije voy a combinar la falta de educación sexual de Chloe y la experiencia del señor Donovan. Teniendo en cuenta ese contexto dije "él era un hombre casado no usaba ANTICONCEPTIVOS con su ex esposa" y al retomar su vida sexual no lo pensó. Algo así es como me lo planteé. SIN OFENDER. En la demás historia nombre métodos así que me siento satisfecha con el resultado.
total 1 replies
Eva Zuñiga
Vanesa,está enferma de la mente,cloe no le ha echo nada como para que la odie tanto,,solo por qué es mejor estudiante,que ella
Loreto Urmeneta
Enzo debería haber advertido a Nicolás de la infamia que haría su desquiciada hija.
Loreto Urmeneta
Los bebés son una gran bendición, es la culminación al gran amor que se tienen ambos, el embarazo les dará fortaleza para enfrentar las locuras de la desquiciada hija de Nicolás.
Muy buena novela Celeste, felicitaciones!!!
Loreto Urmeneta
Y qué espera esta Vanessa?, su padre es un hombre muy solo que encontró el amor puro y desinteresado en una joven estudiosa, sacrificada y muy sola en la vida. Ambos libres y sin compromisos. En cambio la actitud de esa hija enloquecida por los celos, la envidia y la ambición, la llevarán al precipicio donde termine la realidad de la vida, su comportamiento es irracional, terminará muy mal.
Eva Zuñiga
por qué tanto odio a cloe,si ella no le ha echo nada,y ella la humilla hasta más no poder,por qué tanto odio,
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