El Ducado de Valerius es conocido como la tierra del invierno eterno, y su gobernante, el gran Duque Cédric, como un hombre despiadado que combate a los monstruos de las fronteras con magia de hielo. Tras la muerte de su esposa, el ducado se volvió aún más frío, y su pequeño hijo, Theo, crece imitando la severidad de su padre, privado de toda infancia.
Por un antiguo pacto de sangre y gratitud, el Conde Kalen ofrece la mano de su amada hija, Alissa, una joven tímida pero rebosante de alegría y una sutil bendición de luz. Cédric acepta: él necesita una madre perfecta para su heredero, y ella desea proteger a su padre.
Alissa llega a un palacio gris decidida a cumplir una misión: devolverle la sonrisa al pequeño Theo y demostrarle que la calidez puede derretir incluso el hielo más grueso.
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CAPÍTULO 18: Trampas de tinta y la llegada del tribunal
Los días posteriores a la visita al mercado se sintieron como un oasis en mitad del invierno. El nuevo horario de Theo resultó ser un éxito absoluto; el niño se despertaba con energía, compartía risas en los desayunos y su rendimiento en las lecciones de la tarde había mejorado de forma notable al no tener la mente agotada. Cédric, por su parte, caminaba por los pasillos del palacio con un semblante completamente renovado, luciendo más sonriente y relajado que nunca. La calidez de Alissa había transformado el frío hogar en un verdadero refugio.
Sin embargo, la tregua duró poco y las palabras de la anciana vidente no tardaron en cobrar un sentido alarmante. La paz se rompió abruptamente al atardecer, cuando las pesadas puertas del palacio recibieron nuevamente al mensajero real. Traía consigo la respuesta de Elene a la gélida y corporativa carta que Alissa le había enviado.
Cédric y Alissa se reunieron en el despacho para abrir el sobre sellado. Al leer las primeras líneas, la sorpresa inicial dio paso a una profunda tensión. Elene, en lugar de estallar en furia o mostrar indignación por el rechazo burocrático, había redactado una respuesta con un tono aparentemente sumiso, dolido y de víctima, lamentando que la nueva duquesa la considerara una "intromisión" en la vida de su propio sobrino.
Pero la verdadera trampa venía oculta detrás de la falsa sumisión.
Adjunto a la carta, Elene había enviado un documento legal con el sello oficial del Ministerio de Justicia de la capital: una copia certificada del antiguo testamento de su hermana, la difunta duquesa. El texto legal, redactado con una precisión milimétrica, estipulaba una cláusula de contingencia que Cédric había pasado por alto durante los años de luto: si el Gran Duque de Valerius decidía contraer matrimonio nuevamente, la tutoría exclusiva de Theo se disolvería, otorgándole a Lady Elene derechos de tutoría compartida y potestad legal sobre las decisiones educativas y de residencia del heredero.
El golpe maestro de la carta llegaba en el último párrafo. Elene no solo notificaba la existencia del documento, sino que anunciaba formalmente que ya se encontraba en camino hacia el norte, escoltada por un comité de jueces de la corte de la capital, con la firme intención de hacer valer sus derechos legales y llevarse a Theo si el ducado no cooperaba con sus términos.
Cédric dejó caer el papel sobre el escritorio, sus ojos azules tornándose oscuros y gélidos mientras el papel crujía bajo su puño cerrado. La advertencia del príncipe Christopher y la profecía del mercado se materializaban frente a ellos: la sombra del pasado venía dispuesta a arrancarles lo que más amaban.
La guerra legal e instigada desde las entrañas de la capital acababa de encender su fuego más peligroso, y esta vez, las espadas de Cédric no bastarían para detener los decretos de los jueces.
me gustó porque tuvo de todo y también un dicho más vale muy corto y hermoso que largo y frustrarte
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