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El Mafioso Que Me Eligió

El Mafioso Que Me Eligió

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Mafia / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria del Rosario González

Soraya es una estudiante común cuya vida se rompe cuando la deuda de su padre la vincula con un mundo peligroso dominado por intereses ocultos. Entre Víctor, su novio, y Sebastián, un hombre enigmático ligado a esa deuda, su realidad comienza a distorsionarse.
Lo que parece un triángulo amoroso pronto revela algo más profundo: fuerzas invisibles que intentan influir en su vida, definir quién es y controlar sus decisiones.
Cuando todo contacto con su pasado empieza a cortarse, Soraya descubre que no está eligiendo entre dos hombres, sino entre ser moldeada por otros o reconstruirse desde cero.
Al final, su mayor decisión no es amorosa… es identitaria: dejar de ser definida por todos para convertirse en sí misma.

NovelToon tiene autorización de Maria del Rosario González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21: Las sombras de la costa

​La calma que reinaba en el refugio era una capa de pintura fresca sobre una pared agrietada. Durante tres días, Soraya y Sebastián vivieron una existencia casi etérea, despojados de la necesidad de vigilancia constante. Sin embargo, la geografía de sus almas estaba demasiado marcada por el conflicto para desaparecer tan pronto.

​La mañana del cuarto día, la atmósfera cambió. Sebastián había salido al pueblo cercano para recoger provisiones, dejando a Soraya sola con el sonido del mar. Ella estaba en el porche, intentando plasmar en su cuaderno el azul turquesa de la marea, cuando una sombra interrumpió la luz sobre su papel.

​No era Sebastián.

​Un hombre mayor, de aspecto tosco y vestido con ropa de faena, estaba parado al borde del camino de tierra que conducía a la casa. La miraba con una intensidad que nada tenía que ver con la cortesía de un vecino.

​—Bonito lugar para esconderse —dijo el hombre, sin ninguna calidez en el tono.

​Soraya sintió cómo un escalofrío le recorría la espalda. Su instinto, pulido por la supervivencia, le gritó que no se tratara de un encuentro casual.

—Es una propiedad privada —respondió ella, cerrando el cuaderno con firmeza—. ¿Necesita algo?

​—Solo saber si el chico que vive aquí todavía tiene la misma puntería —dijo el hombre, dejando ver por un instante el mango de un arma oculta bajo su chaqueta—. Dile que los restos de la organización no han olvidado la traición. El Patriarca está en una celda, pero las deudas de sangre no se pagan con años de cárcel.

​Dicho esto, el hombre dio media vuelta y se perdió entre los pinos. Soraya se quedó paralizada, con el pulso martilleando en sus sienes. El pasado no solo los perseguía; les estaba respirando en la nuca.

​Cuando Sebastián regresó media hora después, encontró a Soraya en el mismo sitio, con la mirada perdida en el punto donde el extraño había desaparecido. Al ver el rostro de ella, la postura de Sebastián cambió instantáneamente: sus hombros se tensaron, su mirada se volvió de acero y el café que traía en las manos fue depositado sobre la mesa con una precisión letal.

​—¿Qué ha pasado? —preguntó él, su voz apenas un susurro, pero cargada de una amenaza latente.

​Ella le relató el encuentro, describiendo al hombre y sus palabras. Mientras hablaba, vio cómo Sebastián cerraba los ojos y contenía un suspiro de furia contenida. El estratega que había intentado enterrar estaba despertando, no por deseo, sino por necesidad.

​—Pensé que podríamos ser libres —dijo Sebastián, caminando hacia ella. Esta vez, se detuvo frente a ella y tomó su rostro entre sus manos—. Pensé que si dejábamos el mundo atrás, el mundo nos olvidaría.

​—Sebastián, no te conviertas otra vez en eso —pidió Soraya, sintiendo una punzada de dolor en el pecho. No quería que el hombre que empezaba a conocer, el hombre que le preguntaba por sus pinturas, fuera devorado de nuevo por el soldado—. No podemos dejar que el miedo vuelva a dictar quiénes somos.

​Él la miró, y en ese momento, la historia de amor que estaban intentando reconstruir se vio puesta a prueba. La vulnerabilidad de Sebastián chocaba con su instinto de protección.

​—Si no vuelvo a ser "eso", si no vuelvo a ser quien sabe cómo defenderse, el próximo que venga por esa vereda no será un mensajero —dijo Sebastián, con una amargura que le desgarró el alma—. Será alguien que no te dará tiempo a cerrar el cuaderno.

​Soraya entendió entonces que el renacimiento de su amor no sería un camino de rosas. Tendrían que aprender a amar sin que el miedo los separara; tendrían que aprender a ser compañeros sin ser soldados.

​—Entonces seremos fuertes juntos —dijo ella, acercándose hasta que su frente tocó la de él—. Pero prométeme una cosa, Sebastián: no vuelvas a ocultarme nada. No vuelvas a decidir por mí qué es lo que me protege. Si estamos en esto, estamos juntos en cada decisión.

​Él asintió, cerrando los ojos contra la frente de ella. Fue un momento de intimidad cruda, donde el pasado volvía a llamar a la puerta, pero esta vez, ellos decidieron no abrirla como víctimas, sino como aliados. La amenaza estaba ahí fuera, pero en la penumbra del porche, entre el aroma del café y el sonido del mar, se prometieron que, esta vez, el amor sería su única estrategia de supervivencia.

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pryz
Hola belleza, leí y no entendí nada pero parece buena, sigamos adelante 😉
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