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CICATRICES DE LUJO. LA VENGANZA DE LA HEREDERA

CICATRICES DE LUJO. LA VENGANZA DE LA HEREDERA

Status: Terminada
Genre:Venganza / CEO / Romance / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Katerina lo tenía todo: una mente matemática brillante, el imperio de superdeportivos Vanguard Atelier y un prometido ideal. Pero el día de su coronación como CEO, su mundo se derrumba. Traicionada por su novio y una enemiga oculta, es narcotizada y expuesta en un falso montaje de infidelidad. Humillada públicamente y al borde del colapso, la obligan a firmar la renuncia que le arrebata el negocio familiar.
En la ruina absoluta, Katerina encuentra un aliado inesperado: Luke, el implacable y magnético CEO de la firma legal más poderosa del país. Conocido como el "tiburón de los negocios", Luke no cree en la compasión, pero la brillantez y dignidad de Katerina despiertan en él una obsesión incontrolable.
Entre noches de pasión salvaje y una complicidad peligrosa, ambos diseñan un algoritmo de venganza implacable. Sin embargo, una red de secuestros, atentados armados y secretos oscuros amenazará con destruirlos antes del juicio final. ¿Podrán recuperar el imperio automotriz, o las cicatrices del pasado los consumirán a ambos? Una historia adictiva de traición, mafia corporativa y un amor indomable.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 19. EL DULCE TORMENTO DE LA VERDAD

La respiración de Luke se volvió pesada en la penumbra del despacho. Katerina se movió sobre sus muslos con una parsimonia calculada, acomodando su cuerpo con una audacia que lo dejó sin defensas. La camisa de seda blanca de Luke resbaló un poco más por su hombro esmeralda, rozando los brazos del abogado.

—Sé perfectamente que cuando desvías la mirada hacia la izquierda estás intentando ganar tiempo, Luke —susurró Katerina. Su voz era un ronroneo peligrosamente suave justo al lado de su oído—. Olvidas que soy una experta en descifrar patrones. Me estás ocultando algo grande sobre Leo, y no te vas a levantar de esta silla hasta que me lo digas.

Luke soltó un sutil gemido de frustración y deseo cuando los dedos de Katerina delinearon su abdomen, descendiendo por debajo del borde de su pantalón de chándal. La debilidad física de su brazo izquierdo en cabestrillo lo ponía en una desventaja total; no podía apartarla, no podía dominarla físicamente sin arriesgar sus puntos de sutura. Estaba a su merced.

—Katerina... te estás metiendo en terreno peligroso —advirtió Luke con la voz rasposa, apretando los dientes cuando ella se inclinó para besarle la mandíbula con una lentitud exasperante—. Te sugiero que te detengas.

—Oblígame, abogado —desafió ella con una sonrisa ladeada, cargada de una sensualidad que jamás había mostrado en su vida pasada.

Decidida a tomar el control absoluto de la situación y a desarmar al implacable tiburón legal, Katerina se incorporó ligeramente. Con un movimiento fluido y seguro, se deshizo por completo de la camisa de seda, dejándola caer sobre los documentos acumulados en el escritorio de nogal. Quedó completamente desnuda ante sus ojos oscuros, iluminada únicamente por el resplandor plateado de los rascacielos.

Luke contuvo el aliento. La visión de su cuerpo perfecto y esbelto desafiando su autocontrol fue el golpe definitivo.

Katerina no esperó a que él reaccionara. Desabrochó por completo el pantalón de Luke con su mano derecha y, guiada por un instinto salvaje, se elevó ligeramente para horquillarlo a horcajadas, descendiendo con una lentitud tortuosa hasta poseerlo por completo.

Un jadeo ronco y profundo escapó de los labios de Luke, y su cabeza se echó hacia atrás contra el respaldo de piel de la silla del despacho. El placer fue inmediato, una ola de calor abrasador que amenazó con nublar su mente. Katerina apoyó sus manos en los hombros anchos del abogado, cuidando de no rozar el vendaje del deltoides izquierdo, y comenzó a moverse.

Ella dictó el ritmo. Dominando la situación por completo, Katerina se elevaba y descendía con movimientos rítmicos, exigentes y sinuosos que hicieron que Luke enterrara los dedos de su mano derecha sana en el muslo de ella, apretando con una fuerza posesiva. Cada embestida de Katerina desde arriba ponía a prueba el secreto que Luke guardaba en su pecho. El placer era tan intenso que el abogado sentía el impulso de gritar, de confesar cualquier cosa con tal de prolongar ese momento de pura locura erótica en la oficina.

—Dímelo, Luke... —gimió Katerina contra su boca, buscando sus labios en un beso ardiente, húmedo y hambriento—. Dime qué... qué está pasando con el caso...

Luke la besó con una pasión desesperada, usando su boca para acallar sus preguntas. Mientras la poseía con la fuerza de sus caderas desde abajo, coordinando sus movimientos con los de ella en una cadencia salvaje y sudorosa, el cerebro del abogado libraba una batalla titánica. Los rostros de Gerald y Karen atados en el zulo parpadearon en su mente. “No puedo decírselo. Si se lo digo, la pierdo. Si se lo digo, destruirá su vida”, se repitió a sí mismo como un mantra legal entre los espasmos de placer.

Incrementó el ritmo, usando su mano sana en la cadera de ella para empujarla con más fuerza, llevándola al límite junto con él. El clímax los alcanzó en un estallido ensordecedor de gemidos compartidos en la quietud del despacho. Katerina se desplomó sobre su pecho sano, temblando por completo y con la respiración entrecortada, completamente exhausta tras haber tomado el control del encuentro. Luke la rodeó con su brazo derecho, besándole el cabello húmedo, exhausto pero aliviado: el placer la había distraído lo suficiente como para mantener el secreto a salvo.

El silencio de la madrugada se instaló en el ático. Eran las tres de la mañana cuando el teléfono móvil de Luke, depositado sobre la mesita de noche de la habitación principal, comenzó a vibrar con una insistencia sorda, rompiendo la paz del dormitorio.

Luke abrió los ojos de golpe. Su mente, entrenada para la alerta constante, se despejó en un segundo. Alargó la mano derecha y tomó el dispositivo antes de que el sonido despertara a Katerina, que dormía profundamente a su lado, desnuda bajo las sábanas de satén y con una expresión de absoluta tranquilidad tras la intensa noche en el despacho.

El nombre en la pantalla iluminada era el del Comisario Torres.

Luke se incorporó con cuidado, ahogando una mueca de dolor cuando los doce puntos de su hombro izquierdo protestaron por el movimiento brusco. Se deslizó fuera de la cama en silencio y caminó descalzo hacia el vestidor, cerrando la puerta corredera antes de responder a la llamada.

—Dime que tienes algo, Torres —susurró Luke con la voz ronca por el sueño y la tensión.

—Tenemos la geolocalización exacta, Luke —informó la voz firme del comisario al otro lado de la línea—. Los analistas de delitos tecnológicos interceptaron una ráfaga de datos de uno de los teléfonos de prepago vinculados a la banda de Gómez. La señal rebotó hace diez minutos en una antena repetidora de la periferia norte. Están en una antigua fábrica de fundición de acero abandonada en el polígono industrial del sector cuatro.

Luke sintió que la adrenalina borraba cualquier rastro de dolor físico en su cuerpo.

—¿Hay patrullas en la zona? —preguntó el abogado, abriendo el armario con una sola mano.

—Tengo a tres coches camuflados de la policía judicial vigilando los accesos a distancia para no levantar sospechas —confirmó Torres—. Tu detective, García, ya va hacia allá en su coche. Luke, te advertí que esto es un operativo policial oficial. No quiero que te metas en medio con tu brazo herido.

—Gerald y Karen son la familia de la mujer que amo, Torres. No me voy a quedar sentado en un sofá esperando un informe —sentenció Luke con una frialdad implacable—. Voy para allá. Nos vemos en el punto de encuentro detrás de las naves.

Luke colgó el teléfono. Con una dificultad extrema provocada por tener el brazo izquierdo inmovilizado y pegado al cuerpo en el cabestrillo, logró ponerse una camiseta negra de algodón holgada y unos vaqueros oscuros usando únicamente su mano derecha. Se calzó unos zapatos deportivos y, antes de salir, se asomó un segundo al dormitorio.

Katerina seguía durmiendo, ajena por completo a la tormenta que estaba a punto de desatarse.

Luke la observó en la penumbra, sintiendo una oleada de amor y determinación que jamás había experimentado por nadie. “Voy a traer a tus padres de vuelta, Kat”, pensó el abogado, cerrando la puerta del ático en absoluto silencio para adentrarse en la oscuridad de la noche, dispuesto a enfrentarse a los demonios de Leo y Laya con la fuerza de la ley... o con la suya propia.

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Mary Cabrera
la sentencia muy baja para lo que hicieron 😏
Mary Cabrera
está peste de 💩 es tanto su envidia y locura que quiere hacerle daño a como de lugar, no matarla
Mary Cabrera
bueno a ver si esa gente inteligencia la utiliza para destruirlos como ellos lo hicieron
Mary Cabrera
tanta inteligencia y nunca descubrió nada siempre hay que tener algo de malicia 🫤🤨
Mary Cabrera
una envidiosa que culpa a Katerine por ser inteligente y brillar con luz propia y como ella no es capaz se une a la basura de novios para ganar algo que no les corresponde 😏
Ana Cortes
las matemáticas no cuadran Katerina dice que fueron 10 años de frialdad por parte de Leo pero según en los primeros capitulos fueron 6 años de noviazgo y 1año de matrimonio si sumo me dan 7 años de donde salieron los otros 3 años
Ana Cortes
esa Laya es una sicopata criminal como Leo no se a dado cuenta de que esta al lado de una mujer con esa mente criminal y es por pura envidia
Ana Cortes
ese Leo es un desgraciado y esa Laya envidiando pero que disfruten su triunfo qué después va la revancha 😭😭😭😭
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