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Mi Amor Por Su Deuda

Mi Amor Por Su Deuda

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Venganza / CEO
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

Fabián Vargas se quedó con su fortuna. Gael Sotomayor se quedará con su mujer. Tras ser despojado de su herencia por las trampas de su medio hermano Fabián, Gael Sotomayor decide ejecutar la venganza más despiadada: arrebatarle lo que más ama. La oportunidad perfecta llega con la ruina de los Villarreal. Aprovechando el colapso financiero de su familia, Gael acorrala a Isabel Villarreal y la obliga a firmar un contrato matrimonial. Para salvar a los suyos, ella deberá convertirse en la señora Sotomayor y entrar en la boca del lobo. Isabel cree que solo será el trofeo en una guerra de poder y resentimiento. Sin embargo, en las sombras de un matrimonio forzado, el odio mutuo empezará a transformarse en una atracción oscura, peligrosa e inevitable. El juego de venganza ha comenzado, pero cuando el deseo se mezcla con el rencor... ¿quién pagará el precio de la deuda?

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El pacto de los soberbios

El piso de la presidencia en la imponente torre empresarial Sotomayor estaba sumido en un silencio sepulcral, roto únicamente por el siseo del sistema de aire acondicionado central. Las enormes paredes de cristal templado ofrecían una vista panorámica de la ciudad que comenzaba a despertar bajo una luz grisácea y neblinosa. En medio de esa riqueza minimalista, Gael Sotomayor permanecía de pie junto al ventanal. Vestía un traje de tres piezas gris marengo hecho a la medida, impecable, sin una sola arruga que delatara que no había dormido en toda la noche. Sostenía una taza de café negro, observando el horizonte con la paciencia de un monarca que espera la rendición de un reino.

El sonido metálico del ascensor privado rompió la calma. Las puertas se abrieron y una silueta femenina dio un paso firme hacia el vestíbulo de mármol negro.

Gael se giró lentamente, paseando sus ojos oscuros y profundos por la figura de la recién llegada. Una chispa de fría apreciación cruzó por su mirada implacable. Isabel Villarreal no llevaba el vestido de noche arrugado de la velada anterior. Siguiendo su estricta y perturbadora orden, se había cambiado. Vestía un conjunto de sastre color azul marino de líneas severas y una blusa blanca de cuello alto. Su cabello dorado, perfectamente recogido en una coleta alta, dejaba al descubierto un rostro pálido pero esculpido por una determinación de hierro. Sus ojos color miel, fijos en Gael, destilaban un orgullo que ni la miseria ni la tragedia habían logrado doblegar.

—Puntual, señorita Villarreal. Una cualidad extraña en personas de su estirpe —saludó Gael, con una voz grave que resonó con una calma calculadora en el amplio despacho. No se movió de su sitio ni hizo ademán de ofrecerle un asiento.

—No vine a perder el tiempo con cortesías, Sotomayor —respondió Isabel. Sus pasos firmes resonaron contra el suelo mientras avanzaba hasta quedar a escasos dos metros de él. La distancia entre ambos era un campo de fuerza cargado de una tensión eléctrica—. Vine porque tiene algo que me pertenece: la libertad de mi padre y el nombre de mi familia.

Gael soltó una risa corta, baja, un sonido seco que carecía de cualquier rastro de calidez.

—¿Que le pertenece? Qué tonta manía la de los ricos de creerse dueños de las cosas incluso cuando están en la absoluta bancarrota —dijo él, dando un paso al frente, acortando la distancia. Su imponente estatura obligó a Isabel a levantar el mentón para sostenerle la mirada, pero ella no retrocedió ni un milímetro—. En este momento, a su padre solo le pertenece una celda fría y a su familia un espacio en la sección de fraudes de los periódicos. Lo único que evita que eso suceda antes de las ocho de la mañana está sobre ese escritorio.

Gael señaló con la mirada una carpeta de cuero negro que reposaba sobre la mesa de caoba. Isabel desvió los ojos hacia ella por un segundo antes de volver a clavarlos en el rostro implacable de Gael.

—Sé lo que hay ahí. Mi abogado me lo explicó. Un rescate financiero completo a cambio de un acta de matrimonio —escupió Isabel, con una voz que pretendía ser de acero pero que ocultaba un profundo dolor—. Es una extorsión asquerosa. Un hombre con su poder y su dinero podría comprar cualquier constructora del país. ¿Por qué ensañarse con nosotros? ¿Por qué exigir un matrimonio forzado con una mujer que lo desprecia?

Gael dio otro paso, quedando tan cerca que Isabel pudo percibir el aroma a café y maderas caras que emanaba de él. La cercanía era asfixiante, pero el orgullo de Isabel la mantuvo rígida, desafiante, negándose a mostrar el menor rastro de debilidad o sumisión ante su verdugo.

—El desprecio es una emoción barata, Isabel, y a mí solo me interesan los negocios de alto valor —sentenció Gael, inclinándose ligeramente hacia ella. Sus ojos negros brillaron con una intensidad posesiva y fría—. No me interesa su amor, ni sus lágrimas, ni su aprobación. Me interesa el apellido Villarreal de rodillas ante mí. Y la única forma de asegurar que su padre no intente una jugada desesperada cuando sus empresas estén a salvo es tenerla a usted bajo mi firma, bajo mi techo y bajo mis reglas. Usted es la garantía de que Leonardo Villarreal morderá el polvo en silencio el resto de sus días.

—Es usted un monstruo —susurró ella, con los dientes apretados, la mandíbula temblando por la rabia contenida.

—Soy el monstruo que va a pagar la cuenta de la clínica donde su padre respira de forma artificial, la misma cuenta que su fiel abogado no pudo cubrir esta mañana —retrucó Gael sin pestañear, propinando un golpe bajo que desarmó por completo la última línea de defensa de Isabel—. Sé que bloquearon los fondos. Sé que Samanta está en una cama de observación. Lo sé todo, Isabel. Cada segundo que pasa perdiendo el orgullo aquí conmigo, es un segundo menos de oxígeno para su padre. Así que decida.

Isabel sintió un nudo asfixiante en la garganta. La revelación de que Gael sabía incluso el colapso financiero dentro de la clínica la hizo sentirse completamente acorralada, desnuda ante un titán invisible que movía los hilos de su existencia. Miró la carpeta de cuero sobre el escritorio. Era el fin de su vida, de sus sueños, de la libertad de elegir a quién amar. Pero también era la única oportunidad de que su padre abriera los ojos en una cama de hospital y no en el suelo de una prisión.

Con pasos lentos, arrastrando el peso de una derrota monumental pero manteniendo la espalda recta y la cabeza en alto, Isabel se acercó al escritorio.

—Voy a firmar esto, Gael Sotomayor —dijo Isabel, girándose para mirarlo una última vez antes de estampar su rúbrica. Sus ojos color miel ardían con una promesa de guerra—. Salve a mi padre. Limpie su nombre. Pero no se equivoque conmigo. Podrá comprar mi firma, podrá comprar mi presencia en su casa y el anillo en mi dedo... pero jamás, escúcheme bien, jamás va a lograr doblegarme. Va a tener una esposa, pero le prometo que será la peor pesadilla que haya entrado en su vida.

Gael caminó hacia ella, deteniéndose justo al otro lado del escritorio. Observó cómo la joven firmaba el contrato de rescate y el acta matrimonial con un pulso firme, destructivo y elegante.

Cuando ella dejó la pluma sobre la mesa, él tomó los documentos, los cerró con un golpe seco y miró a la hermosa mujer que ahora, por ley, le pertenecía.

—Me encantan las pesadillas, señora Sotomayor —respondió Gael, con una sonrisa gélida y triunfante que heló la sangre de Isabel—. Hacen que el juego sea mucho más interesante. Prepárese. Su nueva vida comienza hoy.

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Iliana Mejia
Esta enamorado de Isabel 😥😥
Iliana Mejia
De lo que se va a salvar 👍
Elizabeth Yepez
cual será el misterio que tiene Gael con la familia Villareal, que le habrán hecho
Elizabeth Yepez
esas dos son unas perras algún día pagarán y ese Fabián estúpido también
Elizabeth Yepez
vieja desgraciada y codiciosa
Liliana Torres
me encanta como se va desarrollando
Ysabel Correa: Muchas gracias. Sigo escribiendo para montar los demás capítulos rápido 🥰
total 1 replies
Liliana Torres
Ratas en una misma alcantarilla, Fabian tienes lo que te mereces
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