Miranda Moreno tiene un objetivo del que no piensa desviarse: casarse con el hombre más poderoso del país. Lo que comienza como un plan cuidadosamente calculado podría convertirse en el mayor riesgo de su vida, porque el poder siempre tiene un precio... y el corazón no sigue estrategias.
NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 10 - La distracción
Del otro lado, Miranda apoyó la espalda contra la madera.
Una sonrisa de satisfacción iluminó su rostro.
—Funcionó...
Pero la expresión desapareció enseguida cuando el dolor del tobillo volvió a hacerse presente.
—Ay...
Se dejó caer con cuidado sobre una silla, masajeando la zona adolorida.
......................
Mientras tanto, en el pasillo, Cristóbal permaneció inmóvil durante unos segundos, con la vista fija en la puerta cerrada.
Aún podía sentir la cercanía de Miranda.
El perfume que había quedado impregnado en su ropa.
Y aquella extraña descarga que recorrió su cuerpo cuando sus manos se tocaron.
Sacudió ligeramente la cabeza.
—Contrólate, Cristóbal...
Sin embargo, por más que intentó convencerse de que solo había sido un accidente, una parte de él ya sabía que aquella joven acababa de dejar una huella imposible de ignorar.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Alejandro y Nicolás llevaban casi dos horas esperando en la oficina de Cristóbal.
Sobre el escritorio descansaban varias carpetas, pero ninguno de los dos les prestaba atención.
Nicolás miró nuevamente la pantalla de su teléfono.
—Nada.
Alejandro levantó la vista.
—¿Sigue sin contestar?
—Lo he llamado cuatro veces.
Alejandro frunció ligeramente el ceño.
Aquello no era normal.
Cristóbal siempre respondía o, al menos, devolvía las llamadas en cuanto le era posible.
—Espero que no haya pasado nada.
En ese momento, la puerta de la oficina se abrió.
Cristóbal entró ajustándose el saco del traje.
Al ver a sus hermanos, arqueó una ceja.
—¿Qué hacen aquí?
Nicolás se levantó de inmediato.
—¿Estás bien?
Alejandro lo observó con atención.
Cristóbal lucía impecable, como siempre.
Pero había algo diferente.
Parecía distraído.
Como si su mente siguiera en otro lugar.
—Se te ve bien... —comentó Alejandro—. Solo un poco ausente. ¿Sucedió algo?
Cristóbal dejó las llaves del automóvil sobre el escritorio y suspiró.
—Casi atropello a una chica.
Los dos hermanos se quedaron inmóviles.
—¿Qué? —preguntó Nicolás.
—Se atravesó frente al auto cuando llegaba a la empresa. Alcancé a frenar, pero resultó con una lección en el tobillo.
Alejandro respiró con alivio.
—¿Está bien?
—Sí. La llevé al hospital. Solo fue una torcedura.
Nicolás sonrió.
—¿Y por eso desapareciste toda la mañana?
—Después la llevé a su casa.
Antes de que pudiera añadir algo más, llamaron a la puerta.
—Adelante.
La asistente personal de Cristóbal entró con una tableta en la mano.
—¿Me mandó a llamar, señor?
Cristóbal asintió.
—Sí.
Tomó asiento detrás del escritorio.
—Comunícate con Recursos Humanos y avísales que la señorita Miranda Moreno iniciará sus labores dentro de dos días. Tiene mi autorización.
—Sí, señor.
La asistente hizo una breve anotación.
—¿Algo más?
—No, eso es todo.
—Con permiso.
La mujer abandonó la oficina.
Apenas la puerta se cerró, Nicolás cruzó los brazos y sonrió con picardía.
—Así que tu distracción tiene nombre y apellido.
Cristóbal le lanzó una mirada seria.
—Ya cállate.
Nicolás soltó una carcajada.
—No puedes culparme. Desapareces, no contestas el teléfono, llevas a una mujer al hospital, luego a su casa y hasta retrasas su ingreso a la empresa.
Alejandro sonrió con tranquilidad.
—Debo admitir que Nicolás tiene un punto.
Miró a su hermano menor con atención.
—¿Acaso mi hermanito se enamoró a primera vista?
Cristóbal negó de inmediato.
—Claro que no.
Su respuesta fue demasiado rápida.
—Es una jovencita que no debe tener ni veinticinco años.
Se recostó en el respaldo de la silla.
—Es demasiado joven para mí.
Nicolás levantó una ceja.
—Curioso...
Cristóbal lo miró.
—¿Qué tiene de curioso?
—Que lo primero que pensaste fuera su edad.
Alejandro no pudo evitar sonreír.
—Y no si era bonita o no.
Cristóbal guardó silencio unos segundos.
La imagen de Miranda volvió a cruzar por su mente.
Sus ojos.
La forma en que lo miraba.
Sacudió la cabeza con discreción.
—Están imaginando cosas.
Alejandro se puso de pie.
—Tal vez.
Nicolás hizo lo mismo.
—O tal vez acabas de conocer a la única mujer capaz de hacer que llegaras tarde al trabajo.
Cristóbal resopló con resignación.
—Los dos necesitan trabajar más y hablar menos.
Los tres rieron.
Sin embargo, cuando sus hermanos salieron de la oficina, Cristóbal permaneció inmóvil frente al ventanal.
Sin importar cuánto intentara convencerse de lo contrario, había algo en Miranda Moreno que seguía ocupando sus pensamientos.
Y eso era precisamente lo que más le inquietaba.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Más tarde...
Cristóbal permanecía sentado frente a su escritorio, con varios informes abiertos sobre la mesa.
Los números estaban ahí.
Los contratos también.
Sin embargo, era incapaz de concentrarse.
Por primera vez en años, el trabajo no lograba absorber por completo su atención.
Su mente regresaba una y otra vez a la misma imagen.
Miranda.
La joven que había aparecido de la nada frente a su automóvil.
La misma que, horas después, seguía ocupando sus pensamientos.
Apoyó el bolígrafo sobre la mesa y dejó escapar un suspiro.
—¿Qué me pasa...?
No lo entendía.
Apenas la conocía.
Ni siquiera había pasado un día completo desde que se habían visto por primera vez.
Y, aun así, su recuerdo se negaba a desaparecer.
Recordó sus ojos.
La delicadeza de su voz.
Y, casi sin darse cuenta, una idea cruzó por su mente.
"Es hermosa..."
Sonrió con incredulidad.
"Y esos labios..."
Desvió la mirada hacia el ventanal.
"Me invitan a besarlos."
Negó lentamente con la cabeza, sorprendido por sus propios pensamientos.
Aquello no era propio de él.
Tomó el teléfono celular que descansaba sobre el escritorio.
Lo observó durante unos segundos.
Ella tenía su número.
"¿Será que no necesita nada?"
Su pulgar recorrió distraídamente la pantalla apagada.
"¿Por qué no me ha llamado?"
Una nueva preocupación apareció de inmediato.
"¿Cómo estará? ¿Le seguirá doliendo el tobillo?"
Volvió a dejar el teléfono sobre la mesa.
Intentó retomar la lectura de un informe.
Fue inútil.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
A varios kilómetros de allí, Miranda permanecía sentada en el sofá de su pequeño departamento.
El tobillo aún le molestaba, pero eso era lo de menos.
Entre sus dedos sostenía la tarjeta de presentación de Cristóbal Bravo de Saravia.
La observó durante unos instantes.
Después sonrió.
—No...
La giró entre sus dedos.
—No voy a llamarte.
Apoyó la tarjeta sobre la mesa.
—Si quiero que te enamores de mí, no puedo ser yo quien te busque.
Su sonrisa se hizo más amplia.
—Serás tú quien encuentre una excusa para llamarme o buscarme.
Se recostó en el sofá con tranquilidad.
Todo marchaba mejor de lo que había imaginado.
Había logrado despertar el interés del hombre más poderoso del país.
Ahora solo necesitaba paciencia.
Porque estaba convencida de una cosa.
Tarde o temprano...
Sería Cristóbal Bravo de Saravia quien comenzaría a buscarla.
Que pasará el día que se descubra que no fue casualidad ese accidente y todo lo que planeó que dirá y hará Cristóbal 🤔🤔🤔❓❓❓❓