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La esposa secreta del magnate Alcázar

La esposa secreta del magnate Alcázar

Status: Terminada
Genre:Romance / Aventura de una noche / Centrado emocionalmente / Amor a primera vista / Romance oscuro / Completas
Popularitas:28k
Nilai: 5
nombre de autor: Fabiana Luna

Camila Fuentes solo quería sobrevivir: pagar sus deudas, conservar su empleo y olvidar la noche en que despertó en la suite de un desconocido.
Pero aquel desconocido era Maximiliano Alcázar, heredero de uno de los imperios empresariales más poderosos de México. Frío, arrogante y acostumbrado a conseguir todo lo que desea, Max no está dispuesto a dejar escapar a la única mujer que logró alterar su mundo.
Para mantenerlo lejos, Camila inventa un novio. La mentira, sin embargo, desata una persecución de celos, secretos y deseos imposibles de ocultar. Mientras un amor del pasado intenta recuperarla y la familia Alcázar se niega a aceptarla, Camila deberá enfrentarse también a la herida que ha cargado desde niña: la certeza de que su propia madre la abandonó porque nunca fue digna de ser amada.
Max puede ofrecerle dinero, protección y hasta su apellido. Pero para convertirla en su esposa tendrá que demostrarle algo mucho más difícil: que esta vez, cuando todos los secretos salgan a la luz, él será el hombre que decida quedarse.

NovelToon tiene autorización de Fabiana Luna para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Bajo la lluvia

El aguacero la había agarrado sin paraguas a la salida de una junta, y cuando Max pasó por ella —porque de un tiempo a esta parte simplemente aparecía, sin que ella acabara de saber cómo decirle que no—, Camila ya iba empapada y estornudando.

—Estás temblando. —Max subió la calefacción, alcanzó una toalla del asiento trasero y se la echó encima de los hombros sin pedir permiso—. Sécate el pelo. Vas a pescar algo.

—Estoy bien —dijo ella, y estornudó justo después, lo que le quitó toda autoridad al asunto.

Él no discutió. Manejó bajo la lluvia hasta Polanco y se metió en el estacionamiento de un restaurante que Camila reconoció, con un vuelco, como uno de esos de los que se hablaba en las revistas. Adentro, la carta no traía precios en varios platillos, y los que sí traían la hicieron toser por una razón distinta a la lluvia.

—Yo así estoy bien, de verdad, no tengo mucha hambre —mintió, con el estómago rugiéndole—. Y esto está carísimo, no puedo...

—Invito yo. —Max ni levantó la vista de la carta—. Es lo menos, después de tenerte media hora bajo el agua.

—¿Seguro? —Camila se inclinó sobre la mesa, bajando la voz, genuinamente angustiada—. Digo, si vamos a mitades, mejor pido algo sencillo, porque yo ahorita no...

—Camila. —Por fin la miró, y había algo entre divertido y exasperado en sus ojos—. Yo invito. Pide lo que quieras. Todo. Si no pides tú, pido yo por ti, y va a ser peor.

—Y estás resfriándote. —Max le acercó la taza de té caliente que había pedido sin consultarla y le puso la mano en la frente, un gesto rápido, casi médico, que a ella la dejó muda—. Te vas a tomar esto completo. Y mañana no sales sin paraguas.

—No es para tanto —protestó Camila, pero rodeó la taza con las dos manos, agradecida por el calor, y no la soltó.

Solo entonces, con la certeza de que no le tocaría pagar, Camila se relajó. Y una vez relajada, el hambre de días —de semanas de contar monedas y saltarse cenas— tomó el mando. Comió. Comió de verdad, con un gusto sin disimulo, dando cuenta de casi todo lo que llegó a la mesa, mientras Max apenas tocaba su plato, con el codo en la mesa y la barbilla en la mano, mirándola.

—¿Qué? —preguntó ella al fin, con la boca casi llena, poniéndose colorada—. ¿Tengo algo en la cara?

—No. —Max negó despacio—. Sigue.

—¿Usted no come? —Camila señaló con el tenedor el plato casi intacto de él—. Está carísimo, no lo vaya a desperdiciar.

—Contigo se me quita el hambre de otras cosas. —Lo dijo sin doble intención aparente, con esa seriedad suya, y sin embargo a Camila se le atragantó el bocado—. Come tú por los dos.

Ella bajó la vista al plato, muerta de vergüenza y, muy en el fondo, tibia por dentro de un modo que prefería no examinar.

Y siguió mirándola. Nunca en su vida se había sentado frente a una mujer que comiera así, sin cuidar la pose, sin fingir desgano, sin pesarse cada bocado. Las mujeres de su mundo picoteaban lechugas y calculaban. Esta se reía con la servilleta a medio camino, se limpiaba mal, disfrutaba con una honestidad que a él, para su propia sorpresa, le resultaba lo más encantador que había visto en años. Era distinta a todas. Y esa diferencia se le estaba volviendo, peligrosamente, indispensable.

Salieron cuando la lluvia arreciaba otra vez. Corrieron los pocos metros hasta el coche y se metieron riendo, con el pelo otra vez mojado, el aliento empañando los cristales. Camila se echó el pelo hacia atrás, respirando agitada, con las mejillas encendidas del frío y la carrera, y al volverse para decir algo se encontró con que Max la miraba de un modo distinto.

—Max...

No la dejó terminar. Se inclinó sobre la consola y la besó.

No fue como en la casa de Montebello, lento y cuidadoso. Fue un beso hondo, con algo de reclamo, la mano de él enredándose en su pelo húmedo, el cuidado de toda la tarde volviéndose de pronto otra cosa, algo que ardía. Camila se quedó sin aire. Debió apartarlo. En vez de eso, sus dedos se cerraron sobre la camisa de él y lo atrajeron más. La consola estorbaba; Max la sujetó por la cintura para acercarla, y ella le hundió una mano en el pelo, cambiando el ángulo del beso hasta arrancarle un sonido bajo. Por un largo momento, con la lluvia tamborileando en el techo y los cristales ciegos de vapor, no hubo nada más que sus bocas, el calor acumulado entre los dos y esa confirmación muda de que lo suyo ya no cabía en la palabra "responsabilidad".

Cuando por fin se separaron, ninguno dijo nada. Camila se quedó mirando al frente, el pecho subiéndole y bajándole, sin atreverse a voltear. Max le pasó el pulgar por el labio inferior, despacio, como quien recoge algo que se le olvidó, y arrancó el coche. Ella, por primera vez, no le dijo que la dejara tres cuadras antes. Se quedó callada, con la frente contra el cristal frío y el corazón hecho un desorden, sabiendo que ese silencio ya no era el de una mujer que insiste en que no ha pasado nada.

Lo que ninguno de los dos vio, a través de los cristales empañados, fue el grupo de mujeres elegantes que en ese momento salía bajo los paraguas del restaurante.

Doña Leticia iba entre ellas, riéndose de algo, cuando su vista tropezó con la silueta de un coche conocido bajo la lluvia, y dentro, apenas recortada, la espalda inconfundible de su hijo. El corazón le dio un brinco de gusto. A su lado, hecha un ovillo, se adivinaba la figura delgada de una muchacha.

—¿Ese no es tu Maximiliano? —le dijo una de las señoras, siguiéndole la mirada—. ¿Y esa quién es? ¿Ya sentó cabeza el muchacho?

—Eso parece. —Doña Leticia entrecerró los ojos, tratando de ver mejor, pero la lluvia, la distancia y el vaho le negaban la cara de la chica—. A ver, a ver...

La muchacha se movió apenas, se acomodó el pelo mojado con un gesto rápido, y algo en ese gesto, en esa nuca fina, en la forma de la silueta, le rozó a Doña Leticia un recuerdo que no lograba agarrar del todo. Un cosquilleo raro, incómodo, de haber visto eso antes, en otro lado, no hacía mucho.

El coche arrancó y se perdió en la cortina de agua antes de que ella pudiera dar un paso más.

Doña Leticia se quedó bajo el paraguas, mirando el hueco que había dejado, con la sonrisa a medias y esa sensación clavada como una astilla.

—Qué raro —murmuró, más para sí que para las otras—. Esa muchacha... juraría que la he visto en alguna parte.

1
ShaLop
Muy hermosa tú historia
LISSETH BUITRAGO
Hermosa Historia. Gracias
Nilda Meza
excelente 🥰
Helizahira Cohen
Puede ser que Octavio un desgraciado, pero ella abandono a su hijo, obvio el arrepentimiento es válido pero no borra la acción
Helizahira Cohen
Esta autora tiene muchas contradicciones, ha salvado la novela Maximiliano , ese amor tan hermoso
Nilda Meza
hermosa historia Felicitaciones 👏👏👏
Helizahira Cohen
Es muy buena pero la escritora se olvida lo que escribe, cuando la abuela se cayó y tuvo problemas con un brazo Max fue, también ys Camila le habia contado la historia, pero es muy bonita la novela, quiero un Max así
Helizahira Cohen
Max es loco, parece un fantasma está en todos lados y Camila un imán para el peligro
Luisa Salmeron
Esta Camila ya raya de lo ridícula 🤭
Luisa Salmeron
Enamorada de Max🥰
Luisa Salmeron
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Isabel Contreras Zavala
muy bonita historia felicidades.
solo hicieron falta las fotos.
Isabel Contreras Zavala
pobrecita tiene muchas traumas por culpa de la mamá.
hay madres que no merecen que se les diga mamá.
Isabel Contreras Zavala
ella tiene miedo aceptar que le gusta y que su mamá la rechaze por la posición de dinero
Isabel Contreras Zavala
muy interesante
Isabel Contreras Zavala
Que tristeza no tener dinero para lo mas necesario ,así es la vida se puede tener reconocimiento de ser buen estudiante ,pero no hay personas que valoren los sacrificios del estudiante .
solo los ricos se ayudan entre ellos sin tener valores y sin saber nada .
Isabel Contreras Zavala
buen inicio esperando una buena trama
Mile
Buena redacción (aunque con algunas contradicciones) buena ortografía... Me gustó mucho la historia de Camila y Max... 🥰🥰🥰🥰 Gracias por escribir y compartir 🥰🥰🥰🥰 Felicidades 👏👏💐💐💐
Mile
Me gustó mucho la historia 🥰🥰🥰🥰 Gracias por escribir y compartir 🥰🥰🥰 Felicidades 👏👏💐💐💐
Mile
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰 que hermoso 🥰🥰🥰🥰
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