Luna lo perdió todo: su fortuna, su hogar y, sobre todo, a la familia que amaba. Y todo por obsesionarse con el hombre equivocado. Cuando ya no le quedaba nada, cerró los ojos convencida de que era el final...
Pero despertó tres años en el pasado.
Su familia vive. Su casa sigue en pie. Y esta vez Luna conoce cada golpe que le tiene reservado el destino. Con los recuerdos de una vida que no piensa repetir, se propone una sola cosa: cambiarlo todo. Alejarse del heredero frío y cruel que arruinó su existencia, proteger a los suyos y, por fin, vivir para ella misma.
El problema es que el destino no se deja corregir tan fácil. Julián, el hombre que juró olvidar, ya no la mira como antes. Un pretendiente inesperado le ofrece la ternura que nunca tuvo. Y en las sombras, viejos rencores y secretos de familia empiezan a moverse... porque no es la única que sabe lo que aún no ha pasado.
Entre fiestas de alta sociedad, imperios familiares, traiciones que cortan el aliento y un amor que se niega a morir, Luna descubrirá que una segunda oportunidad no se recibe: se pelea.
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Gracias a la ayuda de Sebastián
Bruno y Luna iban de regreso a casa; esa mañana temprano habían acompañado a sus padres al aeropuerto.
Los dos decidieron pasar a una cafetería cercana y pedir algo de comer.
—Escuché a papá hablando por teléfono con el señor Gustavo, y dijo que fue Julián quien se ofreció a cuidarte —soltó Bruno, con un tono que a Luna le resultó de lo más irritante.
Ella gruñó, molesta. ¿Qué era lo que quería ese hombre? Antes Julián se había esforzado a más no poder por sacarla de su vida. ¿Y ahora resultaba que la quería cerca? No podía ser en serio.
—Pero si estás tú, ¿por qué tiene que ser él quien me cuide? —dijo Luna, que seguía sin entender la lógica de su padre.
—Es normal que papá confíe en él para cuidarte, si ustedes se conocen desde hace años —respondió Bruno con calma, dándole un sorbo a la bebida caliente que había pedido.
Luna se quedó callada al oír esas últimas palabras de su hermano. Era verdad: ella y Julián se conocían desde hacía mucho.
Todo había empezado cuando ella y Julián se conocieron en el kínder, justo cuando su familia se mudó a la urbanización donde vivía él.
En aquel entonces era tan tímida que fue él quien se acercó primero a ofrecerle su amistad. Y ella, que no tenía ningún amigo, de inmediato lo reclamó como suyo.
Por desgracia, eso se prolongó demasiado, hasta que en la preparatoria Julián empezó a hartarse de lo posesiva que era con él. Sin siquiera consultarle, ella solía encarar a cualquier chica que intentara acercársele.
Pensándolo bien, desde el kínder Julián nunca tuvo una sola amiga, y todo por culpa de ella. Por eso terminó sintiéndose culpable. Él habría podido tener una época escolar hermosa; solo por su presencia, se había quedado sin recuerdos junto a sus compañeros del colegio.
Hasta que, al entrar a la universidad, por primera vez le presentaron a otra mujer: Karina, la hija del secretario de su padre.
En ese momento ella se propuso quitar a Karina de en medio, pero la suerte de esa mujer era demasiado grande, y sus planes malvados siempre terminaban al descubierto ante Julián.
Al principio él guardaba silencio y pasaba por alto sus tretas, pero cuando se comprometió con Karina, ella no lo aceptó y planeó un secuestro. No se detuvo ahí: incluso contrató a varios hombres para destruir la vida de la mujer que le había arrebatado a Julián.
Pero, como ya había dicho, Karina tenía una suerte enorme. Su plan fracasó por completo y se convirtió en el comienzo de su propia ruina.
Julián se enfureció, y sus padres también. Gustavo incluso rompió la sociedad con su padre. Entonces el negocio de su familia se derrumbó de golpe; a su hermano, que ya estaba metido en el mundo de los negocios, Julián lo apartó de inmediato y le tendió una trampa hasta que Bruno terminó en la cárcel. Por suerte, su padre todavía tenía dinero. Rescataron a Bruno entregando toda su fortuna.
Pero nada terminó ahí. Julián acabó por completo con su familia: llegó incluso a sabotear el auto familiar, lo que les provocó un accidente terrible, y en ese mismo instante ella perdió a su padre, a su madre y a su hermano.
Julián la miró con los ojos cargados de rencor. —Todo esto es la consecuencia de lo que le hiciste a Karina —dijo con frialdad, presente en el funeral de su familia.
Después de decir eso, Julián se dio media vuelta y la dejó sola en el cementerio.
Luna sacudió la cabeza a toda prisa. Bruno, al ver ese gesto de su hermana, se quedó intrigado.
—¿Por qué de un momento a otro dejaste de perseguir a Julián? —preguntó mientras mordía uno de los pasteles que tenían servidos sobre la mesa.
Desde aquella fiebre de días atrás, su hermana se comportaba de manera cada vez más distinta a lo habitual. Pero él lo agradecía, porque Luna ahora se concentraba más en su familia. Antes, esa mujer vivía tan pendiente de Julián que se olvidaba de los suyos.
Luna se recostó en el respaldo de la silla y clavó la vista en el hermoso paisaje de afuera.
—Porque él no es mi destino.
Julián le pertenecía a Karina, y ella no pensaba volver a perseguirlo. Todavía llevaba dentro el dolor de haberse quedado sola, sin nadie a su lado, en aquel trágico final de su otra vida.
Lo más importante era la vida de su familia. Debía alejarse de ese hombre cruel a como diera lugar.
Bruno no le dio mayor vuelta a la respuesta de Luna. Que hiciera lo que quisiera.
Julián sonrió de oreja a oreja al ver que, por fin, llegaba la persona que había estado esperando desde temprano.
—Buenos días, Luna —saludó, y a ella se le puso la piel de gallina. ¿Por qué de repente se ponía tan raro? Ese no era el Julián de siempre.
El Julián que ella conocía era un hombre frío al que no le importaba nada de su alrededor y al que nadie lograba conmover, salvo Karina.
¿Y entonces quién era este que tenía delante? ¿Acaso el alma de Julián se había intercambiado con la de otra persona?
Qué idea tan absurda.
—Eh... buenos días —respondió Luna, algo incómoda con la situación.
Julián se acercó de inmediato a Luna, que se había quedado petrificada frente a la puerta de su salón. Él había esperado a propósito su llegada, porque cuando iba a pasar por ella, Karina lo había llamado de repente pidiéndole que la recogiera, así que se vio obligado a dar media vuelta e ir por Karina; total, Luna seguro ya se había ido a la universidad con su hermano.
—Oye, por cierto, ¿hoy tienes algo de tiempo libre? —preguntó de golpe. Luna, sin saber qué contestar, tiró enseguida de Sebastián, que acababa de llegar.
—Tengo un compromiso con Sebastián al mediodía —respondió ella rápido. Sebastián, que no sabía nada de nada, solo atinó a poner cara de desconcierto.
Julián se veía decepcionado; al parecer su plan se venía abajo. Solo quería almorzar a solas con Luna ese día. Y, de paso, resolver el asunto que tenían pendiente.
—¿Y mañana? —Julián no parecía dispuesto a rendirse en su intento de sacar a Luna a solas.
—Mañana tengo que hacer un trabajo con Sebastián, ¿verdad? —Luna se volvió hacia él y le hizo señas a Sebastián para que le siguiera la corriente.
Sebastián, que captó todo al instante, le pasó el brazo por la cintura, y ella se quedó paralizada ante ese gesto tan inesperado.
—Sí, últimamente tenemos muchos trabajos en equipo, y hasta una cena, quizá —Sebastián le guiñó un ojo a Luna, y a ella se le erizó la piel al instante. ¿Qué le pasaba a este hombre? Qué extraño.
Julián apretó los puños con fuerza; sus ojos lanzaron una mirada de reojo, cargada de desprecio, hacia la mano de Sebastián que se posaba tan campante en la cintura delgada de Luna.
—Ah, ya veo. Será para la próxima, entonces, Luna. En ese caso, con permiso —Julián se apartó de inmediato de los dos.
Por fin Luna pudo respirar aliviada. Se volvió hacia Sebastián.
—Gracias. Y perdón por haberte jalado así, sin avisar —dijo Luna, incómoda con Sebastián, porque en realidad no eran tan cercanos.
Sebastián sonrió y le revolvió la larga melena con la mano.
—No hay problema. Si vuelves a necesitar ayuda, solo llámame —le ofreció, y a ella se le iluminó la cara.
Luna sonrió y asintió.
—Muchas gracias, Sebastián —dijo, inclinando un poco la cabeza. Sebastián asintió y entró al salón, con Luna detrás de él.
Pero los dos se quedaron de piedra al darse cuenta de que...
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