Donatella lo dio todo por su matrimonio. Veinte años dedicada a un hombre que dejó de verla, a una vida que dejó de ser suya. Hasta que un día decidió que ya era suficiente.
A los cuarenta, la mayoría del mundo le dice que su mejor momento ya pasó. Pero Donatella está a punto de descubrir que la mujer más poderosa de su vida siempre estuvo ahí, esperando ser liberada.
Nueva ciudad. Nuevo cuerpo. Nueva actitud. Y un hombre que aparece en el momento exacto para recordarle que el deseo no tiene fecha de caducidad.
Porque después de los cuarenta no se termina la historia. Se empieza la mejor parte.
NovelToon tiene autorización de Vlaucia Campos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Revisando la lista del evento
Recordando lo que ella había dicho antes
— Vaya, qué delicadeza, qué invitación tan agradable. Vieron qué querido es, seguro que este hombre pasó a kilómetros de la delicadeza y la gentileza, fino como una patada de mula —dice Donatella
Adelaide se carcajea y escuchan a Ítalo y Aurélio riéndose a carcajadas
— Escuché eso, Donatella. Solo no hago nada al respecto porque necesito que me acompañes al evento, ya que Adelaide tiene el pie inmovilizado —dice con voz gruesa Leonardo
Donatella
Epa, ahora me mata y quiere saber...
— Sigo pensando lo mismo del señor —dice Donatella
El elevador cierra las puertas
— Muchacha, estás loca —dice Adelaide
— Loco es él, me provoca y cree que me voy a quedar calladita. Hmm, si quisiera matarme, ya me habría dado pa pa pa y yo le habría dicho adiós si me daba tiempo...
Adelaide se carcajea
En el elevador
— Ella es genial, no le tiene miedo al terrible Don despiadado —dicen Ítalo y Aurélio riéndose de él
— No veo miedo en sus ojos —dice Aurélio
Leonardo
Peor, me irrita, pero me gusta. Esa maldita droga, debe ser efecto secundario
— Solo no la mato porque necesito a alguien conmigo esta noche y además me salvó anoche. Pero que no abuse de la suerte que tiene —dice Leonardo
— Hermano, despierta, la mujer te atrapó anoche y movió esa piedra de hielo que tienes ahí dentro (señalando su corazón) —dice Ítalo riéndose
— Leo, ni lo niegues, hermano —dice Aurélio riéndose
Leonardo mantiene la postura
— Son muy idiotas, vamos a pasar por el galpón, quiero jugar un poco con Giacomo y Víctor. Ya que Donatella me dejó con rabia, necesito desquitarme
Ellos van, pero claro que iban molestando a Leonardo, más aún después de que dijo que ella lo había dejado con rabia
En la oficina
— Él es un buen hombre, solo no sabe cómo actuar en determinados momentos. Fue criado para ser malo, aun así creo que es muy bueno, porque el día que conozcas su historia y sepas lo que su propio padre le hacía, me vas a entender —dice Adelaide
— Caramba, hasta me dio pena del grosero del señor Leonardo y eso que no sé nada, solo por la manera en que lo dijo —dice Donatella
— Empecé trabajando para su madre, en realidad, trabajé poco tiempo para ella, un año y algunos meses apenas, después con el señor Leonardo.
Pero su madre era un amor de persona, amaba muchísimo a su hijo, si él tiene un poco de bondad, amor, en fin, sentimientos buenos, fue gracias a ella.
Ahora cambiemos de tema, no sería nada bueno si el señor Leonardo supiera que hablamos de esto. Además necesito llamar a Susana y explicarte algunas cosas sobre el evento —dice Adelaide
— Ok —dice Donatella
Donatella
Dios, me estoy conteniendo para no enloquecer con el señor delicadeza. Ni tuvo la decencia de preguntarme si quería ir con él o si podría acompañarlo, y encima ni agradece. Hombre tosco.
Ay, qué rabia me da. Además tengo el cuello lleno de marcas, ahora ni recuerdo quién empezó el juego, porque el suyo está peor que el mío.
E ir a un evento con él, Dios mío, soy pésima recordando nombres...
Y pobrecito, qué le habrá hecho su padre. Pobrecito??? Donatella, ni siquiera sabes y puede que ni sea para tanto.
Y quién es Susana? Y por qué me preocupo por esto? Esa droga que nos dieron o que yo misma me di sin querer, seguro es la culpable, debe ser efecto secundario...
— Eh, Donatella —la llama Adelaide sonriendo
— Sí —responde Donatella
— Apuesto a que estabas pensando bien lejos y no me sorprendería si era en el señor Leonardo —dice Adelaide
— Cómo —pregunta Donatella
— Es que te estoy llamando hace un ratito ya —dice Adelaide sonriendo
— Discúlpame, estaba pensando que tendré que ir al bendito evento y ni sé cómo es —dice Donatella
— Sí, no te preocupes, voy a pasarte toda la información que pueda sobre el evento y acabo de hablar con Susana, te está esperando —dice Adelaide
— Esperándome? Quién es Susana —pregunta Donatella
— Es la mamá de Ítalo, un amor de persona, tiene una tienda maravillosa, una de las mejores en cuestión de moda y marcas. Siempre que fue necesario acompañar al señor Leonardo, ella fue quien me arregló.
Él paga la ropa y los accesorios que usamos en los eventos con él —dice Adelaide
— Al menos es consciente. Solo me faltaba tener que comprar un traje nuevo para ir con él. Le iba a mandar la cuenta al señor delicado —dice Donatella
Adelaide se ríe
— Te va a gustar acompañar al señor Leonardo, generalmente él conversa conmigo en esos eventos y siempre me trató muy bien, siempre me presentó como amiga suya y no como secretaria —dice Adelaide
— Por mí, puede ser como secretaria. Porque si me presenta como amiga, no espere que actúe como secretaria, porque seré amiga y es muy diferente —dice Donatella
Adelaide se ríe
— Donatella, dime una cosa. Te parece guapo el señor Leonardo —pregunta Adelaide
— Guapo? El grosero es un bombón. Ay, discúlpame, es guapísimo, pero lo que tiene de belleza lo tiene de grosería, maldad y... mejor parar aquí
Adelaide se carcajea
— Creo que él te mueve el piso y viceversa —dice Adelaide sonriendo
— No, no, ni pensarlo. En realidad, nos odiamos, eso sí —dice Donatella
— Si te odiara, te mataría. El señor Leonardo no es pacífico —dice Adelaide
— Solo no me mata porque le salvé la vida y yo solo no renuncio porque me paga muy, pero muy bien —dice Donatella
— Ok, voy a fingir que te creo —dice Adelaide
— Es verdad —dice Donatella
— Hmm, sí (ella sonríe)... Bueno, déjame contarte sobre el evento.
Es un evento bastante formal, solo cóctel e intercambio de ideas. Los candidatos se pronuncian, hablan sobre lo que pretenden y piden apoyo.
Algunos tienen baile y otros no. Generalmente me quedo sentada con el señor Leonardo.
Ya que Ítalo y Aurélio se quedan cuidando las cosas de la mafia, a veces uno de ellos nos acompaña, nunca los dos.
Cuando llegamos, siempre muchas personas vienen a saludar y nos quedamos conversando.
El señor Leonardo tiene buena memoria, generalmente se acuerda de la mayoría de los empresarios. Pero hay algunos que no, en especial los que no comparten sus ideas.
También está el señor Antony, que cada año está con una mujer diferente. Mujer me refiero a novia, prometida... es un mujeriego, pero siempre anda con esas mujeres perfectas.
— Ay Adelaide, no voy a ir. Esta vez me mata. No soy nada buena con los nombres, a veces confundo todo... —dice Donatella
— Calma, hagamos así. Sé que la mayoría él sabe el nombre, te voy a pasar los que son nuevos en esta fiesta, los que se casaron para tener cuidado y que no diga el nombre de la esposa equivocada.
Y los que no le agradan y no le importa recordar. Así será más fácil —dice Adelaide
— Ya veo que voy a tener millones de nombres para memorizar, porque dime, existe alguien en el mundo que le agrade al señor Leonardo —dice Donatella
Adelaide se ríe
— Le agradan pocos, pero ese agradar del que hablo es que le gustan las ideas, la postura... de esos hay algunos —dice Adelaide
— Algunos, estoy entrando en desesperación, Adelaide —dice Donatella
Se quedan conversando y repasando los invitados del evento, en especial los nuevos, los que él siempre olvidaba el nombre...