Un trágico accidente dejó al multimillonario Alexei Von Krahn en silla de ruedas, arrebatando su autonomía y rodeado por la traición de quienes dijeron amarlo. Consumido por el rencor y ante la delicada salud de su madre, cuyo último deseo es verlo acompañado, Alexei decide buscar una esposa por contrato.
Por su parte, Emilia San Martín enfrenta una situación desesperada: la grave condición de su madre y la imposibilidad de saldar las deudas, la llevan al límite. Para salvar a su única familia, acepta casarse durante un año con un desconocido amargado a cambio de una suma millonaria y el traslado inmediato de su madre a una clínica privada.
Sin embargo, lo que comenzó como un acuerdo frío se transforma en un torbellino de sentimientos encontrados.
Atrapado por un profundo complejo de inferioridad y el miedo a la dependencia, Alexei oculta su amor y monta una despiadada farsa para distanciar a Emilia de su vida, ignorando que la verdadera amenaza aun acecha entre las sombras.
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Capitulo 5
Emilia
Me levanto temprano a pesar de haber dormido poco durante la noche y salgo de mi habitación. El encuentro con Bruno la noche anterior me había dejado un sabor amargo en la boca. Su mirada calculadora y esa sonrisa ensayada no pertenecían a un hermano preocupado, sino a alguien que buscaba la menor grieta en una armadura para clavar un puñal. Me quedaba claro que en la mansión Von Krahn las amenazas no venían únicamente del exterior. Si quería proteger a mi madre y cumplir con mi parte del trato, debía mantenerme alerta en todo momento
Avancé hacia el comedor principal para el desayuno, dudando si encontraría a Alexei allí. Solía aislarse en su estudio a esas horas, pero para mi sorpresa, lo vi junto al ventanal del gran salón, impulsando las ruedas de su silla con movimientos pausados mientras revisaba unas carpetas en su regazo. Vestía una camisa oscura y llevaba el cabello ligeramente desordenado, lo que le daba un aire menos rígido que de costumbre, aunque las ojeras bajo sus ojos revelaban que tampoco había dormido bien
— Buenos días — dije deteniéndome a un par de metros de distancia
Alexei alzó la cabeza de inmediato. Su mirada recorrió mi rostro antes de cerrar la carpeta con un golpe seco
— Buenos días. El abogado estará aquí en una hora con las autorizaciones médicas para trasladar a tu madre a una clínica privada. Necesito que leas los documentos antes de firmar
— De acuerdo — respondí caminando hacia la mesa donde los empleados ya habían servido el café — ¿Tuviste noticias de Beatriz esta mañana?
El rostro de Alexei pareció suavizarse apenas un milímetro al escuchar el nombre de su madre
— Hablé con su médico personal temprano. Dice que tuvo una noche tranquila, dentro de lo esperado. Tu presencia ayer le dio una serenidad que no veía en ella desde hace meses — hizo una breve pausa y me miró fijamente — El engaño funcionó, pero eso solo significa que la presión será mayor a partir de ahora
— Estoy consciente de ello. Tu hermano no parecía muy convencido de nuestra historia
— Bruno no se convencerá fácilmente de nada que interfiera con sus planes — dijo Alexei con voz sombría, girando la silla para quedar de frente a la mesa — Lleva meses intentando tomar el control total de las filiales de la empresa en Santiago. Mientras yo siga incapacitado y sin un heredero o una estabilidad familiar, él tiene el argumento perfecto frente al directorio para desplazarme. Tu aparición como mi esposa destruye la narrativa de que me he rendido ante mi condición
— Entonces no dejes que piense que estás vencido — le dije con firmeza, tomando un sorbo de café sin apartar la vista de él — Ayer te vi enfrentarlo. Tienes el carácter y la inteligencia para frenarlo, Alexei. Lo único que te detiene es tu propia amargura
Un silencio tenso se apoderó del lugar. Alexei apretó la mandíbula y sus ojos oscuros brillaron con una mezcla de indignación y orgullo herido. Sabía que había tocado un punto sensible, pero no estaba dispuesta a andar con rodeos frente a un hombre que usaba su invalidez como un escudo para aislarse del mundo
— No sabes nada sobre lo que me detiene, Emilia — dijo con una voz baja y fría — No sabes lo que es pasar de dirigir un imperio financiero a necesitar ayuda para las tareas más ridículas. No sabes lo que es ver el desprecio o la piedad en los ojos de la gente con la que antes negociabas de igual a igual
— Quizá no sepa lo que es estar en esa silla — admití dándole un sorbo al café — Pero sé lo que es ver a la persona que más amas agonizar en una cama de hospital sin tener un solo peso para pagar su medicina. Sé lo que es la desesperación pura, Alexei. Todos llevamos nuestras propias lisiaduras. La diferencia es que algunos eligen quedarse congelados en el dolor y otros elegimos pelear con lo que nos queda
Alexei no respondió de inmediato. Se me quedó mirando con una intensidad abrumadora, como si de repente le hubiera hablado en un idioma que nunca antes había escuchado en esa casa. No había rastros de lástima en mis palabras, solo una verdad cruda que nos equiparaba a ambos. Los dos éramos sobrevivientes de nuestras propias tragedias, obligados a pactar para mantener a flote a nuestras familias
Antes de que la tensión pudiera escalar, el mayordomo de la casa apareció en la puerta del comedor
— Señor Alexei, el abogado ya llegó. Trae los papeles que le solicitó
— Hágalo pasar de inmediato — ordenó él sin dejar de mirarme — Nos acompañará aquí en el comedor
Minutos después, el abogado entró sosteniendo un maletín de cuero. Saludó con una inclinación respetuosa de cabeza y sacó varias carpetas que desplegó sobre la mesa de madera. Mi corazón dio un vuelco al ver los sellos oficiales de la clínica donde iban a trasladar a mi madre
— Señora Von Krahn — comenzó el abogado dirigiéndose a mí — Estos documentos establecen la transferencia de la tutoría médica al fondo privado financiado por el señor Alexei. Con su firma, las decisiones sobre los tratamientos de alta complejidad quedarían respaldadas de manera indefinida, garantizando que no se interrumpa ninguna atención sin importar el costo
Tomé el bolígrafo con los dedos temblorosos. Durante meses había suplicado por prórrogas en las oficinas de administración del hospital, soportando miradas despectivas y amenazas de traslado a otros centros sin recursos. Ver ahora la solución definitiva estampada en un papel oficial me produjo un nudo en la garganta que me costó tragar. Firmé en las líneas indicadas con la mano firme, estampando mi nombre completo junto al apellido Von Krahn que ahora llevaba por contrato
— Todo está en orden — declaró el abogado recogiendo los folios — Las deudas pasadas han quedado formalmente extinguidas en el sistema. Su madre continuará recibiendo la atención médica prioritaria
— Gracias — respondí con sinceridad, sintiendo un gran alivio recorrer mi cuerpo
Miré a Alexei. Él observaba la escena en silencio, con los brazos cruzados. Había pagado una fortuna por mi firma, pero al ver el alivio en mi rostro, la rigidez de su expresión pareció ceder levemente. Por un segundo efímero, vi en sus ojos una sombra de empatía que no logró ocultar a tiempo
— El dinero ya está donde debía estar. Cumpliste tu promesa — dije mirándolo a los ojos
— Yo siempre cumplo mis contratos, Emilia — respondió con tono neutro, haciendo un gesto al abogado para que se retirara — Ahora te toca a ti cumplir la parte más compleja. Esta tarde iremos a visitar a mi madre a su residencia. Quiere que pasemos unas horas con ella antes de sus exámenes médicos de mañana
— Estaré lista a la hora que indiques
— Hay un detalle más — añadió Alexei, deteniendo la silla antes de dirigirse hacia la salida — Bruno estará allí. Me confirmó que acompañará a mi madre durante la tarde. Así que prepárate para un interrogatorio minucioso. No podemos permitirnos un solo error frente a él.
El resto de la mañana transcurrió en una calma tensa. Me retiré a mi habitación para preparar la vestimenta de la tarde y repasar mentalmente las fechas y detalles de la falsa historia de nuestro noviazgo. Cada pieza del relato debía encajar a la perfección. Bruno no buscaría grandes fallas, sino pequeñas contradicciones en los detalles cotidianos que revelaran la falta de intimidad entre nosotros
A las tres de la tarde, salí al vestíbulo principal. Alexei ya me esperaba junto a la rampa de acceso del vehículo adaptado que lo transportaba. Llevaba un traje impecable y una postura distante que señalaba el regreso de su coraza defensiva. El chofer abrió la puerta del automóvil y ayudó a Alexei con el mecanismo de elevación mientras yo abordaba por el otro lado
El trayecto hacia la residencia de Beatriz en las afueras de Santiago fue silencioso. El paisaje urbano fluía detrás de los cristales oscuros, reflejando el movimiento de una ciudad ajena a nuestro pacto secreto. Alexei mantenía la vista fija en la ventana, absorto en sus propios pensamientos. Me tentó la idea de romper el hielo, pero decidí respetar su espacio, sabía que la perspectiva de enfrentar a su hermano bajo la mirada frágil de su madre lo llenaba de una tensión comprensible
Unos minutos después, el vehículo cruzó las rejas de una elegante propiedad rodeada de árboles. El chofer estacionó frente a la entrada principal y desplegó la rampa para la silla de ruedas. Descendimos en silencio y fuimos recibidos por el personal de la casa, que nos guió de inmediato hacia el jardín posterior, donde Beatriz solía tomar el té por las tardes
A lo lejos, sentados bajo una pérgola de madera, divisé la figura de la señora Beatriz y, a su lado, a Bruno. Él vestía una camisa de lino clara y sostenía una taza entre las manos, conversando con una desenvoltura que parecía completamente relajada
Sin embargo, en cuanto escuchó el sonido de las ruedas de Alexei sobre el sendero de piedra, giró la cabeza y su mirada se clavó en nosotros con una fijeza depredadora
— ¡Hijo, Emilia! Qué alegría que hayan llegado — exclamó Beatriz al vernos, intentando erguirse en su sillón con una sonrisa brillante
Alexei avanzó con celeridad hacia ella, cambiando de inmediato su semblante serio por una calidez impecable
— Hola, madre. Te dijimos que vendríamos — dijo inclinándose para besar su mejilla con devoción
— Emilia, querida, ven aquí — me llamó Beatriz extendiendo sus brazos
Avancé con paso seguro, consciente de que los ojos de Bruno no perdían un solo detalle de mis movimientos. Me incliné sobre la mujer mayor y le di un beso afectuoso en la mejilla, sintiendo la delicadeza de su piel gastada
— Es un placer volver a verla, Beatriz. ¿Cómo se ha sentido hoy? — pregunté tomándole las manos
— Mucho mejor desde que sé que ustedes dos están juntos — respondió ella apretando mis dedos — Estaba contándole a Bruno lo feliz que me hace ver a Alexei tan bien acompañado
Bruno soltó una risita baja y cruzó las piernas, mirándome con una ironía mal disimulada
— Sí, madre. Me estabas contando historias maravillosas — dijo Bruno inclinándose hacia adelante — Aunque debo confesar que sigo muy intrigado, Emilia. Ayer me quedé pensando en cómo se conocieron exactamente. Alexei nunca fue muy aficionado a los eventos de caridad, y menos aún en la época en que ustedes dicen haber cruzado caminos. Es una coincidencia fascinante, ¿no te parece?
Sentí la rigidez instantánea en los hombros de Alexei a mi lado. La trampa estaba puesta sobre la mesa, camuflada de una simple curiosidad fraternal. Miré a Bruno directamente a los ojos, sosteniéndole la mirada con una serenidad absoluta antes de responder.