Ella tiene una vida difícil. Hasta que reencarna en un nuevo mundo, ahora solo busca ayudar a otros, para agradecer por esa oportunidad de vivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mago Jack 1
El carruaje avanzó lentamente por el camino que conducía hacia la Casa Harrington de Ayuda.
Lucille continuaba revisando su cuaderno.
Había varias cosas que debía explicarle al nuevo mago.
Los horarios.
Los pacientes.
Los registros.
Los medicamentos.
Los procedimientos.
Entonces se detuvo.
Levantó lentamente la mirada.
[Espera...]
Miró al hombre de cabello blanco que estaba sentado frente a ella.
[¡Ni siquiera sé cómo se llama!]
Lucille cerró el cuaderno.
—Disculpe.
El hombre levantó la mirada.
—¿Sí?
—Acabo de darme cuenta de algo.
—¿De qué?
Lucille sonrió ligeramente.
—Ni siquiera sé su nombre.
El hombre pareció divertido.
—¿Después de haberme invitado a subir a su carruaje?
Lucille se quedó en silencio.
—Sí...
Él sonrió.
—Mi nombre es Jack.
—Jack...
Lucille asintió.
—Es un placer conocerlo.
El hombre hizo una pequeña reverencia exageradamente elegante y movió la mano y su cabello dejo de ser blanco y paso a ser claro, además sus ojos también cambiaron.
—El placer es mío, mi lady.
Lucille tuvo que contener una sonrisa y el asombro por el cambio de la apariencia del mago.
Entonces recordó que ella tampoco se había presentado formalmente.
Se acomodó en su asiento.
—Mi nombre es Lucille Harrington.
Jack levantó las cejas.
—¿Harrington?
—Sí.
—Entonces usted es la hija de los condes.
Lucille asintió.
—Soy la segunda hija.
Jack la observó unos segundos.
—Ahora entiendo algunas cosas.
—¿Qué cosas?
—Por qué todos parecen tratarla con tanto respeto.
Lucille sonrió.
—Aunque yo prefiero que me traten como una persona normal.
Jack soltó una pequeña risa.
—Eso es difícil cuando se es hija de un conde.
Lucille bajó la mirada.
—Supongo que tiene razón.
Hubo un breve silencio.
Después Lucille volvió a abrir su cuaderno.
—Bien, Mago Jack. Como le decía...
—¿Sí?
—En la casa tenemos varios pacientes.
—Perfecto.
—Algunos necesitan tratamientos mágicos.
—Claro.
—Otros necesitan tratamientos médicos.
—Por supuesto.
—También tenemos personas que requieren seguimiento.
—Naturalmente.
Lucille levantó la mirada.
—¿Y qué tipo de magia utiliza?
Jack parpadeó.
—¿Qué tipo de magia?
—Sí.
—Ah...
Sonrió.
—Varias.
Lucille esperó.
Pero no dijo nada más.
—¿Cuáles?
Jack se quedó pensando.
—Bueno...
Miró por la ventana.
—Magia.
Lucille lo miró fijamente.
—Eso no responde mi pregunta.
Jack soltó una carcajada.
—Tiene razón.
Lucille cerró lentamente el cuaderno.
[Algo no está bien.]
—¿Le explicaron cómo funciona nuestra casa?
—Más o menos.
—¿Le dieron los registros de los pacientes?
—No.
—¿Los informes médicos?
—Tampoco.
—¿La lista de tratamientos que necesitan?
—No.
Lucille parpadeó.
—¿Entonces qué le dijeron?
Jack sonrió.
—Que viniera.
Lucille se quedó completamente quieta.
—¿Eso fue todo?
—Básicamente.
Ella lo miró durante varios segundos.
[¿Cómo puede ser?]
La casa había enviado una solicitud formal al templo.
Habían explicado que necesitaban un mago.
Habían indicado la cantidad de pacientes.
Incluso habían preparado documentación.
Y aquel hombre...
No parecía saber absolutamente nada.
Lucille respiró profundamente.
—Mago Jack.
—¿Sí?
—¿Está seguro de que fue enviado por el templo?
El mago sonrió.
—Completamente.
—¿Y realmente es un mago?
Jack levantó una mano.
Una pequeña esfera de luz apareció sobre su palma.
La hizo girar.
Después la convirtió en una diminuta mariposa luminosa.
La mariposa voló alrededor de Lucille.
Ella abrió los ojos.
—Ah...
Jack sonrió satisfecho.
—¿Eso responde su pregunta?
Lucille asintió lentamente.
—Sí.
[Definitivamente es un mago.]
La pequeña mariposa se deshizo en partículas de luz.
Lucille volvió a mirar su cuaderno.
Pero había otra cosa que le llamaba mucho la atención.
La personalidad de Jack.
Era completamente diferente a los magos que había imaginado.
En los recuerdos de Lucille había visto a los magos del templo.
Eran personas muy serias.
Disciplinadas.
Formales.
Habían dedicado años al estudio de la magia.
Su comportamiento solía ser reservado.
Pero Jack...
Jack era otra cosa.
Era alegre.
Bromista.
Tenía una sonrisa casi permanente.
Y además... era pícaro.
Mucho.
—Lady Lucille.
—¿Sí?
—¿Siempre frunce el ceño cuando está concentrada?
Ella lo miró.
—No estoy frunciendo el ceño.
—Sí lo está haciendo.
—No.
—Un poquito.
Lucille tocó su frente.
—¿De verdad?
Jack soltó una carcajada.
—¡Sí!
Lucille terminó riéndose también.
[Qué hombre tan extraño.]
Continuaron conversando.
Jack hacía comentarios que la hacían sonreír.
A veces parecía estar provocándola deliberadamente.
Y en otras ocasiones le lanzaba una mirada que tenía un evidente toque coqueto.
Lucille no sabía muy bien cómo reaccionar.
[¿Por qué este hombre es así?]
En cierto momento, Jack se inclinó ligeramente hacia ella.
—Debo decir algo.
—¿Qué?
—Es usted mucho más bonita de lo que imaginaba.
Lucille se quedó inmóvil.
Jack sonrió.
—¿La sorprendí?
Lucille sintió que sus mejillas se calentaban.
—No diga esas cosas.
—¿Por qué?
—Porque...
No sabía qué responder.
Jack se rio suavemente.
—Está bien. No lo diré.
Hizo una pausa.
—Por ahora.
Lucille lo miró con incredulidad.
[¡Este hombre!]
Volvió rápidamente a su cuaderno.
—Hablemos de los pacientes.
—Como ordene, mi lady.
Pero mientras retomaba la explicación, Lucille no podía evitar pensar en él.
[Definitivamente no se parece en nada a los magos del templo.]
Y eso era precisamente lo que más le llamaba la atención.
Porque Jack no parecía preocupado por su posición.
No parecía intimidado por estar frente a la hija de los condes.
No parecía interesado en comportarse de manera excesivamente formal.
Simplemente era... Jack.
Un mago de cabello blanco.
Alegre.
Bromista.
Coqueto.
Y, aparentemente, enviado por el templo sin tener la menor idea de qué debía hacer.
Lucille suspiró.
[Esto va a ser complicado.]
Jack la miró.
—¿Qué pasa?
—Nada.
—Parece preocupada.
—Estoy pensando en cómo voy a explicarle todo cuando lleguemos.
Jack sonrió.
—No se preocupe.
—¿Por qué?
—Porque aprendo rápido.
Lucille lo miró con escepticismo.
—Eso espero.
Jack volvió a sonreír.
—Además, si usted me enseña...
Hizo una pequeña pausa.
—Estoy seguro de que aprenderé muy bien.
Lucille entrecerró los ojos.
[Definitivamente este hombre está coqueteando conmigo.]
Y, por alguna razón que todavía no comprendía... aquello hizo que su corazón diera un pequeño salto.
🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
esta noche, yo daria lo que fuera..
Por un beso, de tu boca
esta noche, yo daria lo que fuera..
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