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Me Enamore De Mi Sobrina

Me Enamore De Mi Sobrina

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance / Malentendidos
Popularitas:5.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con Daniela y Marcos.

Según la gente, ellos son tío y sobrina. Así los llaman y así los ven desde siempre.

Por eso, cuando empiezan a surgir sentimientos entre ellos, todos creen que es un amor prohibido, porque piensan que Daniela y Marcos son familia y que no pueden estar juntos.

Pero la verdad es otra.

Marcos no es su tío. No existe ningún parentesco familiar entre ellos y no llevan la misma sangre. Él simplemente es amigo de la mamá de Daniela y, como se he criado a Daniela ella comenzo a llamarlo “tío”.

Pero para Daniela y Marcos, la verdad siempre fue diferente: él no es su tío, solo es el amigo de su mamá.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8 — Te amo

Narra Daniela

Días después, Marcos volvió a llegar a la casa completamente borracho.

Yo estaba en la sala cuando escuché la puerta abrirse. Levanté la mirada y ahí estaba él, caminando despacio, con el cabello un poco desordenado y ese olor a trago que se sentía desde lejos.

Me levanté inmediatamente.

—¿Otra vez tomando, tío?

Marcos me miró y soltó una pequeña sonrisa.

—¿Y qué?

—¿Cómo que y qué? Mire cómo viene.

—Estoy bien.

—Sí, claro. Se le nota muchísimo.

Intentó pasar de largo, pero se tambaleó un poquito. Yo me acerqué para ayudarlo.

—Venga, pues.

—No necesito ayuda.

—Marcos, deje la bobada.

Él me miró fijamente.

—Usted sí manda mucho.

—Alguien tiene que hacerlo.

Intenté llevarlo hacia las escaleras, pero él se detuvo.

—Daniela.

—¿Qué?

No respondió.

De repente se acercó y quedé contra la pared. Puso una mano sobre la pared, a un lado de mí, mientras me miraba.

Sentí que el corazón me empezó a latir rápido.

—Ay, no... apártese —dije, intentando mantener la calma—. Huele a trago.

Marcos sonrió apenas.

—¿Tanto?

—Muchísimo.

Lo miré unos segundos y suspiré.

—Es más, venga. Vamos para la habitación.

—¿Para qué?

—Para que se acueste y descanse.

Lo agarré del brazo y lo ayudé a subir.

Cuando llegamos a su habitación, lo hice sentarse en la cama.

—Acuéstese.

—Estoy bien.

—Sí, ya sé que está “bien”.

Lo ayudé a recostarse y cayó un poquito fuerte sobre el colchón.

—¡Oiga, despacio! —protestó.

—Perdón, pues. Es que usted pesa un montón.

Él soltó una pequeña risa.

—¿Yo?

—Sí, usted.

Me agaché y le quité los zapatos.

—Quédese quieto.

—Sí, señora.

—No se burle.

Después de quitarle los zapatos, le acomodé las cobijas.

—Listo. Ahora duerma.

Me levanté para salir de la habitación.

Pero apenas di un par de pasos, sentí que me tomó de la mano.

—Daniela.

Me jaló suavemente y perdí el equilibrio, cayendo sobre la cama.

Quedé muy cerca de él.

Demasiado cerca.

Nuestros rostros quedaron a pocos centímetros.

Me quedé completamente quieta.

Marcos también.

Podía sentir su respiración y por un instante ninguno de los dos dijo nada.

Él se acercó un poco más.

Yo cerré los ojos.

Por un momento pensé que iba a besarme.

Pero me aparté ligeramente.

—Marcos...

Él abrió los ojos.

—¿Qué?

—No podemos hacer esto.

Se quedó mirándome.

—¿Por qué?

—Porque todo está demasiado complicado.

Marcos guardó silencio.

Parecía estar luchando contra sus propios pensamientos.

Entonces me miró directamente.

—Te amo.

Abrí los ojos.

Sentí que el corazón se me detenía por un segundo.

—¿Qué dijiste?

—Te amo, Daniela.

No supe qué responder.

Cerré los ojos otra vez.

Aquellas palabras eran justo lo que había imaginado escuchar durante tanto tiempo, pero ahora que finalmente las tenía frente a mí, no sabía qué hacer.

—Marcos...

—Es verdad.

—Estás borracho.

—Pero lo que siento es verdad.

Me quedé callada.

No quería aprovecharme de aquel momento ni tomar una decisión mientras él había tomado tanto.

Así que me aparté despacio y me senté en el borde de la cama.

—Mañana hablamos.

Él me miró.

—¿Me lo prometes?

—Sí.

—¿No te vas a ir?

Negué con la cabeza.

—No. Voy a quedarme hasta que te duermas.

Marcos cerró los ojos.

Yo me quedé sentada junto a él, completamente confundida.

Porque aquella noche había cambiado algo entre nosotros.

Ya no podía fingir que sus sentimientos eran solamente imaginación mía.

Me había dicho que me amaba.

Y ahora solo quedaba esperar al día siguiente para saber si, cuando estuviera completamente sobrio, sería capaz de repetir esas mismas palabras.

1
Deyda Ninorca Sanchez Batista
porque no lo visitaste
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