Ella murió a manos de su propia hermana. Pero el destino le dio una segunda oportunidad: despertó en el cuerpo de una mujer inteligente, carismática y casada con el hombre más poderoso y deseado. El mismo hombre por el que siempre había sentido admiración.
Todo parece un sueño hecho realidad. Hasta que descubre que el "amor del pasado" de su esposo no es otra que su asesina.
Ahora, atrapada en un matrimonio que cree una farsa, solo quiere una cosa: el divorcio y la libertad para vengarse. Pero su esposo, frío e implacable con el mundo, se convierte en un muro de fuego cuando ella pronuncia la palabra "Divorcio".
Él no piensa soltarla. Ella no piensa quedarse.
Y entre la venganza, los secretos y un deseo que ninguno de los dos puede controlar, comienza una guerra de poder donde el amor se disfraza de odio... y la verdad podría ser el arma más peligrosa de todas.
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Capitulo 22: Milo y su familia
El medio dia caía sobre la ciudad cuando el auto de la familia Moretti se deslizó por las calles hacia la casa de Elisa. Después de semanas de viaje, Milo Moretti por fin pisaba tierra firme nuevamente. A su lado, su esposa Carolina descansaba con una mano sobre su vientre, donde crecía su segundo hijo. En el asiento trasero, las gemelas de ocho años, Lucía y Valentina, miraban por la ventanilla con los ojos llenos de emoción.
—¡Abuela! ¡Abuela! —gritaron al unísono cuando vieron la casa de Elisa a lo lejos.
Milo sonrió, acariciando la mano de su esposa.
—Ya llegamos, amor. Vas a poder descansar bien.
Carolina asintió, con el rostro cansado pero feliz.
—Me alegra estar de vuelta. Este viaje fue maravilloso, pero extrañaba la comodidad de casa.
El auto se detuvo frente a la entrada. Elisa ya estaba esperando en la puerta, con los brazos abiertos y una sonrisa radiante.
—¡Mis niñas! —exclamó, abrazando a las gemelas que corrieron hacia ella—. ¡Cómo han crecido! Las extrañé tanto.
—¡Abuela, te trajimos un regalo! —dijo una de las gemelas, mostrando una concha de mar.
—¡Y yo también! —agregó la otra, enseñando un collar de caracoles.
Elisa se rió, besándolas en la frente.
—Son los mejores regalos que he recibido. Vamos, entren, que tengo galletas recién horneadas.
Milo se acercó a su madre y la abrazó con fuerza.
—Hola, mamá. Te extrañé.
—Yo también te extrañé, hijo —respondió Elisa, con la voz llena de emoción—. Pero me alegra tenerte de vuelta. ¿Cómo fue el viaje?
—Increíble. Las niñas disfrutaron mucho la playa. Y Carolina... bueno, ella necesitaba el descanso.
Elisa miró a su nuera con ternura.
—Pasa, hija. Siéntate y descansa. Te e preparado una cena ligera para ti.
Carolina sonrió y entró a la casa, seguida por las gemelas que ya corrían hacia la cocina.
Milo se quedó un momento con su madre en la entrada.
—Mamá, ¿cómo están las cosas por aquí? ¿Cómo está Dante? ¿Y Alessandra?
Elisa suspiró, y su expresión se volvió un poco más seria.
—Dante está bien, supongo. Trabajando como siempre. Pero Alessandra... no sé qué pasó, pero el día después de la fiesta, la vi muy distante. Fría. Como si algo la estuviera molestando.
Milo frunció el ceño.
—¿Distante? ¿Qué pasó?
—No lo sé —respondió Elisa, con preocupación—. Pero algo no está bien entre ellos. Dante no me ha dicho nada, pero se nota. Alessandra se fue temprano de la celebración, y al día siguiente apenas miró a Dante.
Milo asintió lentamente.
—Tal vez solo sea estrés. O el accidente. Ha sido un año difícil para ella.
—Puede ser —dijo Elisa, aunque su tono no era muy convincente—. Pero algo me dice que es más que eso.
Milo la miró con atención.
—¿Quieres que hable con Dante?
—Tal vez. Pero espera un poco. No quiero presionarlos. Dales espacio.
Milo asintió, aunque en su interior ya estaba planeando cómo acercarse a su hermano. Sabía que Dante no era de los que compartían sus problemas, pero Milo conocía a su hermano mejor que nadie. Y sabía cuándo algo no estaba bien.
—Bueno —dijo, cambiando de tema—. ¿Dónde están mis galletas?
Elisa se rió, aliviada por el cambio de tema.
—En la cocina. Pero te advierto, las gemelas ya deben haber devorado la mitad.
Milo sonrió y entró a la casa, seguido por su madre.
La noche caía sobre la casa de Elisa, llena de risas y el bullicio de las gemelas. Pero en el fondo, la preocupación por Dante y Alessandra flotaba en el aire, como una nube que no terminaba de disiparse.
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La sala de juntas de Moretti Corporación era un espacio amplio y moderno, con una pantalla gigante que ocupaba toda la pared frontal y una mesa larga de cristal rodeada de sillas de cuero negro. Dante estaba sentado en la cabecera, con el traje oscuro impecable y una expresión seria mientras miraba la pantalla donde varios rostros de inversionistas estadounidenses aparecían en cuadrícula.
A su alrededor, los directores de cada área de la empresa estaban presentes: el director de Operaciones, el de Finanzas, el de Tecnología, el de Recursos Humanos, y el de Desarrollo Estratégico. Todos tenían sus tablets y documentos listos, preparados para la reunión.
Moretti Corporación era un conglomerado que abarcaba múltiples sectores: tecnología, infraestructura, telecomunicaciones y energía. Su principal fortaleza era la innovación y la capacidad de adaptarse a los cambios del mercado. Habían sido pioneros en la implementación de sistemas de inteligencia artificial para la optimización de recursos, y su división de ciberseguridad era una de las más avanzadas del país.
Precisamente por eso, el contrato con "Seguridad Elite" era tan atractivo. No solo era una oportunidad de expandir su red de contactos y recursos, sino que también les permitiría integrar sus sistemas de inteligencia con los de la empresa de seguridad, creando una sinergia que los pondría muy por encima de la competencia.
Dante estaba concentrado en la reunión, respondiendo preguntas de los inversionistas sobre los nuevos proyectos.
—...y con la implementación de nuestros sistemas de inteligencia artificial, hemos logrado reducir los costos operativos en un 15% durante el último trimestre —explicaba el director de Finanzas, mostrando gráficos en la pantalla.
—Impressionante —dijo uno de los inversionistas, con un acento marcado—. ¿Y cómo planean mantener ese crecimiento en el próximo año?
—Estamos diversificando nuestras alianzas estratégicas —respondió Dante, con su voz grave y segura—. Actualmente estamos en negociaciones para una colaboración con una empresa de seguridad que nos permitirá expandir nuestra división de protección de datos y ciberseguridad.
—¿Seguridad? —preguntó otro inversionista, con interés—. ¿No es ese un sector muy competitivo?
—Lo es —admitió Dante—. Pero tenemos una ventaja: nuestra tecnología. Podemos ofrecer soluciones que nadie más tiene. Y esta alianza nos dará acceso a recursos que fortalecerán nuestra posición en el mercado.
Los inversionistas asintieron, claramente impresionados.
La reunión continuó durante otra hora. Dante manejó cada pregunta con precisión, sin titubeos, sin mostrar ninguna debilidad. Era su especialidad: dar seguridad a los que dudaban, convencer a los que resistían, cerrar tratos sin que nadie supiera cómo lo había hecho.
Cuando la video llamada terminó, los directores comenzaron a retirarse, dejando a Dante solo en la sala. Él se recostó en su silla y soltó un suspiro, frotándose los ojos con los dedos. Estaba agotado. Pero no por el trabajo.
Alessandra ocupaba cada rincón de su mente. Su ausencia era un peso constante, un recordatorio de que había fallado en algo que no entendía del todo.
La puerta se abrió y Nicolás entró con una tableta en la mano.
—Señor Moretti —dijo, con tono profesional—. Tengo la información que pidió.
Dante levantó la vista de inmediato.
—¿La dirección?
—Sí, señor. La señora Moretti se ha mudado a una casa modesta en las afueras de la ciudad. Es una propiedad que ella compró hace algunos años, aparentemente como un lugar de descanso. No está a su nombre, sino a nombre de una empresa fantasma. Pero logré rastrearla.
Dante asintió, procesando la información.
—¿Algo más?
—Sí, señor. —Nicolás dudó un momento, como si no estuviera seguro de si debía decir lo que sabía—. He notado que la señora Moretti ha estado visitando una oficina en el centro de la ciudad. No sé de qué se trata, pero parece ser un lugar de trabajo. No es la primera vez que va.
Dante frunció el ceño.
—¿Una oficina?
—Sí, señor. Es un edificio discreto. No tiene ningún letrero que indique el nombre de la empresa. Pero ella entra y sale de allí regularmente.
—¿Y no has investigado qué hay ahí?
—No quise sobrepasarme, señor. Solo hice lo que me pidió: encontrar su dirección.
Dante guardó silencio un momento. ¿Una oficina? ¿Qué estaba haciendo Alessandra en una oficina? Él siempre había creído que ella no trabajaba. Que se dedicaba a sus cosas, a algún hobby, a su vida social. Pero ahora descubría que tenía un lugar de trabajo.
—Bien —dijo al fin, con voz controlada—. Déjame la dirección de su casa.
Nicolás asintió y dejó la tableta sobre la mesa, con los datos guardados en un archivo.
—Aquí tiene todo, señor. ¿Necesita algo más?
—No. Puedes retirarte.
Nicolás salió de la sala, dejando a Dante solo con sus pensamientos.
Dante tomó la tableta y miró las direcciones. La casa de Alessandra.
MILO MORETTI
hermano de Dante
será que ése viejo sabe que Fernanda mato a Ana y por eso no quiso investigaciónes.!!?? 😱
Alessandra mal interpretó todo o no puede que el todavía sienta algo por la zorra esa