NovelToon NovelToon
Perdona, yo no mendigo amor

Perdona, yo no mendigo amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Fantasía / Mujer despreciada / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:564
Nilai: 5
nombre de autor: 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒

Belvina Laurent lo tenía todo: belleza, un apellido poderoso y un esposo que cualquiera envidiaría. Pero Alden Virel, el CEO más frío de la ciudad, jamás la vio como algo más que un contrato. Ella suplicaba su atención. Él la ignoraba. Y entre ambos, una mujer llamada Seraphina sonreía desde las sombras.

Hasta que un día, Belvina dejó de perseguirlo.

Sin lágrimas, sin escenas, sin súplicas. La mujer que despertó esa mañana ya no era la misma. Su mirada era distinta. Su voz, afilada. Y la frase que le dedicó a Alden le heló la sangre:

"No mendigo amor."

Ahora es él quien no puede dejar de observarla. Quien busca excusas para estar cerca. Quien siente que algo se le escapa entre los dedos cada vez que ella le da la espalda.

Pero Belvina ya tomó una decisión: no va a humillarse por nadie. Ni siquiera por el hombre que, sin saberlo, está empezando a amarla de verdad.

Mientras tanto, Seraphina no piensa rendirse. La mujer que se esconde detrás de una sonrisa perfecta guarda secretos que podrían destruir a toda la familia Astera. Y está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.

En esta guerra entre orgullo, obsesión y deseo, solo hay una regla: el amor no se mendiga.

NovelToon tiene autorización de 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

12. Cuando ella dejó de importarle

La puerta del privado se abrió sin mayores ceremonias.

—Alden.

El ambiente adentro cambió ligeramente. Varios hombres giraron la cabeza.

Alden permaneció en su sitio. Sentado con desenfado, vaso en mano.

—¿Qué pasa? —preguntó sin mirar.

—Parece que... tu esposa está abajo.

Esa frase bastó para que otros dos se interesaran de inmediato.

—¿Qué?

—¿En serio?

Alden finalmente levantó la vista.

—¿Belvina?

—Casi no la reconocí —continuó el hombre—. Se ve distinta. —Soltó un resoplido breve—. Más... atractiva.

Alguien en el sofá se rio por lo bajo.

—Vaya. Qué raro. Normalmente viene a armar un escándalo, no a dejarse ver.

Otro intervino con tono relajado.

—Seguro en un rato sube hasta aquí.

Su voz sonaba ligera. Como si ya conociera el patrón de memoria.

—En cuanto te vea con Seraphina, prepárate.

—Aunque esto solo sea trabajo —agregó otro, encogiéndose de hombros.

—Pero ya la conoces.

Apareció una sonrisa torcida.

—Yo no aguantaría tener una esposa así.

El ambiente seguía relajado, como si aquello fuera lo más normal del mundo.

Alden no se rio con ellos. Solo bebió un sorbo despacio. Su mirada bajó un momento al vaso y volvió al silencio.

No hubo respuesta. Pero su mente... no estaba quieta.

Belvina. Vino hasta aquí sola. No para buscarme. No para reclamar.

Y eso... era precisamente lo que no tenía sentido.

Su dedo se detuvo contra el borde del vaso.

—Interesante...

No lo dijo en voz alta. Fue más un susurro que solo él pudo escuchar.

Este no es el patrón de siempre. Si es una actuación, es demasiado impecable. Si es un cambio real, es demasiado repentino.

Su mirada se desvió apenas hacia la puerta, como esperando. No para evitar, sino... para observar.

Veamos qué hace...

Su tono fue bajo.

Seraphina entró al privado acompañada de otra mujer. Como de costumbre, se sentó junto a Alden. Cerca. Con naturalidad.

Alden no la rechazó. Tampoco la recibió. Su rostro permaneció inexpresivo.

Pero varios pares de ojos en la sala intercambiaron miradas. Esperando. Normalmente, no pasaba mucho tiempo antes de que la puerta se abriera de golpe, se escuchara una voz elevada, o se desatara alguna escena embarazosa.

Pero esta vez... no sucedió nada.

Los minutos pasaron. La conversación de negocios continuó, pero sin verdadera energía.

Alden respondía lo justo. Breve. Preciso. Aunque su atención no estaba del todo en la mesa.

De vez en cuando, su mirada se desviaba hacia la puerta. Como esperando algo. Cuando, de costumbre, esa puerta era justamente lo que él evitaba.

Antes, una sola aparición de Belvina bastaba para desordenar el ambiente.

¿Y ahora?

La puerta seguía cerrada. Vacía. Belvina no apareció.

El dedo de Alden golpeó la mesa una vez. Despacio. Casi imperceptible.

Y sin saber bien por qué, sintió que... faltaba algo.

La mano de Alden finalmente se movió. Tomó su celular y escribió con rapidez.

Mi esposa está en este club. Encuéntrenla.

Unos minutos después, la respuesta llegó justo cuando Alden daba un sorbo a su bebida. Pero no vino en forma de texto.

La pantalla del celular mostró un video directamente.

El movimiento de Alden se congeló, la vista fija en la pantalla. Y en un segundo... se atragantó.

La tos fue lo bastante fuerte para atraer la atención de todos en la mesa.

Seraphina tomó un pañuelo de inmediato.

—Alden...

Su mano aún no lo había rozado cuando él ya lo había tomado primero.

—Yo me encargo. —Su tono fue plano. Demasiado rápido.

Seraphina sonrió con su elegancia habitual. Pero sus ojos... no acompañaron la sonrisa.

En la pantalla del celular, Belvina estaba en la pista de baile. Las luces destellaban a su alrededor. La música retumbaba. Su cuerpo se movía libre, sin inhibiciones.

Varios hombres a su alrededor se habían acercado. Demasiado cerca. Demasiado cómodos.

La mandíbula de Alden se endureció. La pantalla del celular se apagó más rápido de lo debido.

—Disculpen, continuemos.

La voz de Alden volvió a estabilizarse, como si nada hubiera pasado.

El cliente finalmente llegó. La conversación de negocios se reanudó con más seriedad. Más formalidad.

Pero esta vez, Alden solo parecía concentrado. No lo estaba realmente. Sus dedos golpearon la mesa una vez. Despacio.

Cuando la reunión de negocios terminó, el cliente se despidió al fin. La puerta se cerró y el ambiente cambió de inmediato.

Charlaron con desenfado. Pero el foco de Alden regresó al celular en su mano. Marcó un número sin vacilar.

Uno de sus amigos se reclinó con una sonrisa burlona.

—Oye, ¿y tu esposa? Qué raro que no haya venido a buscarte.

Seraphina giró la cabeza de golpe.

—¿Tu esposa... está aquí?

Pero Alden no respondió. La llamada se conectó.

—¿Dónde está? —preguntó directamente. Frío.

Al otro lado, la voz sonó vacilante.

—Señor... es que...

—¿Es qué? —cortó Alden.

La pregunta fue breve, pero bastó para que todos en la sala enmudecieran.

—Señor... —la voz se debilitó—. La señora... contrató a varios acompañantes para que estuvieran con ella.

No hubo sonido después de eso. Hasta la respiración parecía contenida.

Y por primera vez en toda la noche, la emoción en el rostro de Alden... se hizo visible.

—¿Qué?

Los dedos de Alden se cerraron sobre el celular sin que él lo advirtiera.

—¿Dónde? —preguntó en voz baja.

—En un privado, señor.

Sin esperar un solo segundo, Alden se puso de pie.

—¿Alden? —Seraphina giró la cabeza—. ¿A dónde vas?

—Al baño —respondió escuetamente.

La puerta se cerró tras él.

Varios de sus amigos intercambiaron miradas.

—Qué urgencia.

—No sé por qué... se siente raro.

—¿Raro por Alden... o porque su esposa todavía no armó una escena?

Nadie respondió.

Seraphina permaneció en silencio, pero unos segundos después, ella también se levantó.

—Voy al tocador un momento.

-

Al otro lado.

Privado VIP.

Las luces eran más tenues. La música seguía sonando, pero más amortiguada.

Belvina estaba sentada en el centro, rodeada de varios hombres. Se veía relajada. Demasiado relajada.

Uno de ellos se acercó. La distancia era corta y su actitud mostraba costumbre.

Belvina lo observó de pies a cabeza. Luego sonrió.

—Son guapos —dijo con ligereza—. Pero... ¿eso es todo?

Varios de los hombres intercambiaron miradas y soltaron una risa breve.

Uno de ellos se desabrochó algunos botones de la camisa. Los demás lo imitaron. Lo suficiente para dejar ver líneas de un cuerpo bien trabajado.

Belvina se inclinó un poco. Sus ojos brillaron.

—¿Puedo ver más de cerca? —preguntó, medio en broma.

El ambiente se avivó. Algunos obedecieron. Sin excederse, pero lo suficiente.

Belvina rio por lo bajo.

—Interesante...

Su mano se elevó un poco. ¿Dudó? No realmente. Era más bien... curiosidad.

—¿Puedo? —preguntó con naturalidad.

Uno de los hombres asintió. Y justo cuando la punta de los dedos de Belvina estaba a punto de rozarlo...

La puerta se abrió.

La música del exterior se coló por un instante.

En el umbral, Alden estaba de pie. Su mirada cayó directamente sobre un solo punto. Sobre esa mano. Sobre la distancia demasiado corta. Sobre una situación que... jamás había imaginado.

Las risas que aún se escuchaban se cortaron en seco. Nadie habló.

Belvina giró la cabeza. Sus miradas se encontraron.

No retiró la mano.

Al contrario... los dedos permanecieron allí un instante más.

Por primera vez, Alden no supo de inmediato cómo reaccionar. Y eso le resultó mucho más perturbador que cualquier otra cosa en aquella sala.

Pasaron unos segundos que se sintieron más pesados que de costumbre.

La comisura de los labios de Belvina se curvó apenas. No estaba sorprendida. Tampoco se sentía culpable.

Como si... hubiera esperado deliberadamente a que ese momento ocurriera.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play