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Renací y me casé con el bombero que me salvó

Renací y me casé con el bombero que me salvó

Status: Terminada
Genre:Reencarnación(época moderna) / Multi-reencarnación / Mujer despreciada / Venganza / La mimada del jefe / Completas
Popularitas:116.3k
Nilai: 4.6
nombre de autor: Leslie Michelle Gonz

En su primera vida, Valentina Solares lo entregó todo por Diego Estrada. A cambio, él la traicionó con Camila, permitió que usaran su cuerpo para gestar el hijo de ambos y la abandonó cuando más lo necesitaba. Valentina murió frente a un hospital creyendo que nunca podría recuperar lo que le habían quitado.
Entonces despierta cinco años en el pasado, en medio del secuestro que marcó el comienzo de su desgracia.
Esta vez no va a suplicar. Romperá su compromiso, recuperará la investigación que le robaron y hará caer, uno por uno, a quienes construyeron su felicidad sobre el sufrimiento de ella. Pero Diego también recuerda la vida anterior y está decidido a volver a controlarla.
Para escapar de su familia adoptiva y cambiar un destino que parece escrito, Valentina toma la decisión más arriesgada de todas: casarse de inmediato con Sebastián Montero, un reservado capitán de bomberos que siempre aparece cuando todo arde.
Valentina cree que ha firmado un matrimonio de conveniencia. Lo que ignora es que Sebastián ya le salvó la vida una vez, que lleva diecisiete años buscándola y que, detrás del uniforme, oculta la identidad del heredero de una de las familias más poderosas del país.
Mientras sus enemigos intentan destruirla y su esposo convierte un contrato en el único hogar que ha conocido, Valentina deberá decidir qué desea más: cobrar cada deuda del pasado o atreverse a vivir el amor que nunca creyó merecer.

NovelToon tiene autorización de Leslie Michelle Gonz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

Capítulo 2 — Despertar entre enemigos

Abro los ojos y lo primero que veo es la cara de Isabella.

Está inclinada sobre la cama del hospital, con los ojos húmedos y el ceño fruncido de preocupación. Su cabello oscuro le cae sobre los hombros. Tiene una marca de almohada en la mejilla derecha, como si hubiera dormido en la silla junto a mi cama durante horas. Tal vez toda la noche.

Está viva.

En mi vida anterior, Isabella murió el día de mi boda con Diego. Cayó desde una azotea. Dijeron que fue un accidente. Yo pasé cinco años soñando con su silueta al borde del vacío, con su cara llena de lágrimas, con su voz pidiéndome que la salvara. Esa pesadilla se repetía cada noche con la precisión de un reloj: Isabella en el filo del techo, los brazos extendidos, la boca abierta en un grito que yo nunca lograba escuchar. Y yo abajo, siempre demasiado lejos, siempre demasiado tarde.

Ahora creo que no fue un accidente. Creo que Isabella descubrió la verdad sobre Diego y Camila, y ellos la silenciaron.

Y aquí está. A medio metro de mí. Con el pelo despeinado y ojeras de trasnochar. Viva.

—Vale, por fin despiertas. Casi me matas del susto.

La abrazo. Con tanta fuerza que la silla rechina contra el piso. Isabella se queda rígida un segundo, sorprendida por la intensidad, y después me devuelve el abrazo.

—Tranquila, estoy aquí —murmura, acariciándome la espalda—. Ya pasó todo. Estás a salvo.

Aprieto los dientes para no llorar. No puedo permitirme llorar. Si empiezo, no voy a poder parar, y no puedo explicarle por qué la abrazo como si no la hubiera visto en cinco años. Porque para ella, nos vimos hace tres días. Para mí, la enterré hace una vida entera.

Me separo. Respiro. Compongo mi expresión.

—Perdona —digo—. Fue el susto.

Isabella me examina con la mirada. Su instinto le dice que algo cambió en mí. Lo veo en la forma en que inclina la cabeza, en cómo sus ojos buscan los míos con esa agudeza que siempre tuvo. Pero no pregunta. Todavía no.

—¿Cómo te sientes? El médico dice que las heridas son superficiales, pero el golpe en la cabeza fue fuerte. Te hicieron una tomografía mientras dormías.

—Estoy bien.

—No estás bien. Casi te explota una bomba encima, Vale.

—Estoy viva. Eso es suficiente por ahora.

Isabella aprieta los labios. Quiere discutir, pero me conoce lo suficiente como para saber cuándo no voy a ceder. Se sienta a mi lado en la cama y me toma la mano.

La puerta de la habitación se abre de golpe. La patada contra la pared retumba por todo el pasillo.

Rodrigo entra primero. Traje gris, corbata aflojada, mandíbula apretada, con esa cara que pone cuando alguien ha cometido un error imperdonable y él es el encargado de cobrar la factura. Detrás de él, Andrés. Más joven, más impulsivo, con esa mueca permanente de desprecio que en mi vida anterior aprendí a temer como se teme una tormenta cuando se vive en una casa de cristal.

Mis hermanos adoptivos. Los hombres a los que dediqué una década de mi vida intentando ganarme su cariño. Los que me encerraron en cuartos oscuros sin comida cuando Camila lloraba. Los que me obligaron a cuidar sus enfermedades, a escribir sus tesis, a construir sus carreras, para después echarme a la calle sin un peso cuando ya no me necesitaron.

—La secuestradora por fin despierta —dice Rodrigo, y su voz corta el aire de la habitación como una hoja afilada.

Andrés me mira con un asco que ni siquiera intenta disimular.

—Tú contrataste al secuestrador. ¿Creíste que no nos íbamos a enterar? Por tu culpa, Camila está en otra cama de este hospital, inconsciente.

No respondo. En mi vida anterior, cuando me acusaron de esto, lloré. Supliqué. Juré mi inocencia hasta quedarme sin voz, hasta que las palabras dejaron de tener significado y solo quedó el sonido lastimero de una mujer que ruega que la crean. Ellos no me creyeron entonces. No me van a creer ahora.

La diferencia es que ahora sé la verdad.

El secuestro lo organizaron ellos. Rodrigo y Andrés contrataron al criminal para eliminarme y así poder traer a Camila de vuelta a la familia Solares como la hija legítima. Cuando Diego me eligió la primera vez, el plan se arruinó. Camila terminó herida. Y los hermanos tuvieron que improvisar un nuevo esquema: someterme a una gestación subrogada sin mi consentimiento para darle a Camila el hijo que su cuerpo no podía llevar.

Esta vez, Diego eligió a Camila. El plan original debería haber funcionado a la perfección. Y aun así, mis hermanos necesitan culparme. Necesitan que yo sea la villana, porque si no lo soy, entonces la villana es la mujer a la que ellos aman.

Isabella se pone de pie de un salto.

—Perdonen, ¿estoy escuchando bien? ¿Ustedes dos están acusando a su propia hermana de haberse secuestrado a sí misma? ¿De ponerse una bomba en el pecho por diversión?

Rodrigo la ignora como si fuera un mueble. Andrés da un paso hacia mi cama.

—Camila sigue inconsciente por tu culpa. Cuando despierte, vas a ir personalmente a pedirle perdón. De rodillas.

—Si le pasa algo —Rodrigo me clava la mirada—, pierdes tu lugar en esta familia. Y esta vez, no habrá segunda oportunidad.

La bofetada llega sin aviso.

La mano de Andrés cruza mi cara con toda su fuerza. Mi cabeza gira hacia la izquierda. El sabor metálico me llena la boca. La mejilla arde con un dolor punzante que se extiende hasta el oído.

Isabella se lanza hacia Andrés con los puños cerrados, la cara roja de furia.

—¿Estás loco? ¡Está en una cama de hospital! ¡Casi muere en una explosión y tú vienes a golpearla!

La detengo por el brazo antes de que llegue a Andrés. Si lo toca, Rodrigo la destruye. Lo sé porque en mi otra vida, cualquier persona que me defendiera pagaba un precio. Isabella no puede pagar ese precio. No ahora que la tengo de vuelta.

—Déjalo —le digo en voz baja—. Por favor.

Isabella me mira sin entender. Está temblando de indignación.

Yo no estoy temblando. La bofetada duele, pero el dolor es pequeño comparado con todo lo que estos hombres me hicieron en cinco años que todavía no han ocurrido. Me quemaron la tarjeta bancaria. Me encerraron en cuartos oscuros durante semanas enteras. Me obligaron a servir como criada en mi propia casa mientras Camila usaba mis joyas, dormía en mi cama, se reía con mis hermanos.

Y al final, cuando ya no les fui útil, me echaron a la calle sin un peso para que Diego pudiera instalar a Camila en mi lugar.

La mejilla arde. No me toco la cara. No les doy esa satisfacción.

—Hermano —digo, mirando a Rodrigo directamente a los ojos—. Isabella es joven. No te rebajes a discutir con ella.

Las palabras salen con una calma que los desconcierta. Rodrigo frunce el ceño. Un músculo le salta en la mandíbula. Andrés retrocede medio paso, como si mi falta de reacción fuera más amenazante que cualquier llanto. Están acostumbrados a mis lágrimas. Mi silencio los perturba.

—Cuando Camila despierte, vas a ir a disculparte —repite Rodrigo, señalándome con el dedo—. Y si por tu culpa le pasa algo, ya sabes lo que te espera.

Salen de la habitación. La puerta se cierra con un golpe seco que hace vibrar el vaso de agua sobre la mesa de noche.

Isabella me mira con los ojos desorbitados, la cara enrojecida de rabia contenida.

—¿Por qué dejaste que te pegara? La Valentina que yo conozco le habría arrancado la mano.

Porque la Valentina que conoces todavía creía que si era lo suficientemente buena, lo suficientemente obediente, lo suficientemente útil, algún día la querrían como a una hermana de verdad. Esa Valentina murió atropellada por un camión en un futuro que ya no existe.

—Estoy bien —le digo—. De verdad.

Isabella no me cree. Pero asiente, porque es la clase de amiga que sabe cuándo presionar y cuándo esperar.

La puerta se abre una vez más. Sin golpe esta vez. En silencio.

Diego está de pie en el umbral. Traje oscuro, corbata perfecta, gemelos de plata que capturan la luz del techo. Su cara no muestra nada. Ni culpa, ni preocupación, ni alivio. Una máscara impecable.

Me mira durante dos segundos. Su mirada me recorre como si estuviera evaluando un mueble dañado, decidiendo si vale la pena repararlo o tirarlo a la basura. Luego mira a Isabella. Luego vuelve a mirarme.

No dice una palabra.

Se da la vuelta y se va. Sus zapatos italianos resuenan por el pasillo del hospital. No mira atrás.

En mi vida anterior, este habría sido el momento en que yo me habría roto. Habría llorado preguntándome qué hice mal, por qué el hombre que supuestamente me amaba podía abandonarme en una cama de hospital sin siquiera preguntar si estaba viva. Habría buscado explicaciones, excusas, formas de justificar su frialdad.

Pero esta vez, viéndolo desaparecer por el pasillo con su traje perfecto y su corazón vacío, lo único que siento es claridad. Una claridad tan afilada que corta.

Esta vez, seré yo quien te dé la espalda.

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Leticia Baeza Vazquez
esta está idiota quien después de pasar una buena noche nesecita pensar q idiota yo quiero a Sebastián si ella no lo quiere osea q mujer tan pendeja y estúpida
Leticia Baeza Vazquez
una renacida estúpida q no ve el futuro está de la chingada osea no se supone q sabe lo q ba a ocurrir y resulta más pendeja todavía estás mierdas q escribes son un asco
Leticia Baeza Vazquez
no puedo con esta grandísima idiotaaaaaaa
Leticia Baeza Vazquez
la verdad pura estupides escribes le falta carácter ala tipa pendeja está osea toda una eminencia y no se d fiende si le dicen preséntate en esta fiesta lo hace la estúpida q no tiene dignidad
Leticia Baeza Vazquez
así o más estúpida la protagonista la verdad lo q escribe la escritora puras malditas estupideces
Leticia Baeza Vazquez
es una maldita inmadura estúpida
Leticia Baeza Vazquez
esta si q es idiota x q diablos no le dice q es el esposo y se deja de mamadas tiene 24 putos años y no madura
Leticia Baeza Vazquez
esta si q es estúpida y alo grande es casi una premio novela y x un mamaracho casi lo pierde osea pendeyalo grande
Leticia Baeza Vazquez
cómo me cagan las amigas metiches y x q diablos sigue llendo a buscar a esa casa no se supone w ya saco todo no mames escritora
Leticia Baeza Vazquez
bueno no q no tiene nada y no termina de recoger sus porquerias osea esta confusa está novela , no entiendo x q le dan bien ala novela q digamos tan buena no está
Maria Riquelme
Excelente novela felicitaciones escritora, solo me hubiese gustado que VALENTINA al final por lo menos estuviera embarazada
Maria Riquelme
Creo que a ella la habien adoptado desde bebé con unos meses solamente desde un horfanato
Maria Riquelme
Quién sabe, a lo mejor sabe por todo lo que VALENTINA, pasó esos años
Maria Riquelme
Escritora una consulta. CAMILA es prima o hermana de RODRIGO, ANDRES y VALENTINA? Porque ya he leído dos o tres veces que se dicen prima, y al principio eran hermanas 🤭🤭🤭
Maria Riquelme
Yo solo vuelvo a leer la parte que no entendí o recuerdo lo leído antes y esa parte que se debió antes la uno, y sigo leyendo porque es muy buena la novela y me gusta mucho
Maria Riquelme
Así es adoptada pero yo creo que lo dices porque el señor ese le dijo que se parecía a MERCEDES su madre adoptiva a los ejor se parece un poco además ellos la adoptaron desde UE era muy pequeñita
Maria Riquelme
Como es que CAMULA no puede tener hijos ahora si se supone que en la otra vida de VALENTINA cuando las taparon y Diego la eligió a ella y a CAMILA la hirieron, la dejaron si poder embarazarse, pero ahora la salvaron a ella no entiendo porque otra vez no puede .
Maria Riquelme
Algo que no entiendo todavía, es si ella ahora que volvió después de que la atropellaron está casada o todavía no?
Miriam Colín
La maldita zorra se llevará una gran sorpresa igual que los idiotas de los hermanos.
Sonia Niño
creo que se le chispotio un capítulo anterior
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