Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Duque Laurent 1
Cuando comenzó a anochecer, Benjamin levantó la mirada de los documentos.
Había pasado todo el día trabajando.
Pero había algo que empezaba a incomodarlo.
Kayla todavía no había regresado.
Miró hacia la puerta.
Nada.
Finalmente llamó al mayordomo.
—¿Lady Kayla ya regresó?
El hombre negó con la cabeza.
—No, mi lord.
Benjamin frunció el ceño.
—¿No sabe dónde está?
—No, mi lord. Creímos que Lady Kayla les indicaría a los guardias a qué hora regresar.
Benjamin se quedó en silencio.
—¿Hasta qué hora les indiqué que debían acompañarla?
El mayordomo pareció confundido.
—No se indicó ninguna hora, mi lord.
—¿Ninguna?
—No, mi lord.
El mayordomo hizo una pequeña pausa.
—Pensamos que Lady Kayla les diría cuándo regresar.
Benjamin cerró los ojos por un instante.
[Claro.]
Había supuesto que ella sería capaz de organizar su propio regreso.
El problema era que ya conocía bastante bien a Kayla.
Y sabía que su sentido del tiempo podía ser...
Particular.
—Está bien.
El mayordomo hizo una reverencia y se retiró.
Benjamin intentó volver a sus documentos.
Pero le costaba concentrarse.
Una hora después, seguía mirando constantemente el reloj.
[Ya debería haber regresado.]
El puerto era tranquilo.
Generalmente no ocurrían problemas.
Pero era un puerto.
De vez en cuando llegaban barcos procedentes de otros reinos.
Mercaderes.
Marineros.
Viajeros.
Personas que Benjamin no conocía.
Y, aunque el pueblo era seguro, una joven que no conocía bien el lugar podía meterse en problemas simplemente por distraerse.
Benjamin se levantó.
Caminó hasta la ventana.
Miró hacia la oscuridad exterior.
Entonces recordó algo.
Kayla persiguiendo con la mirada una gaviota.
[¡Son enormes!]
Benjamin suspiró pesadamente.
—Esa mujer...
Volvió a pensar en ella caminando por el puerto.
[Probablemente se distrajo.]
Después recordó sus berrinches de la noche anterior.
[“Quiero recorrer el puerto. Solo un poquito. Quiero mirar las tiendas.”]
Benjamin negó lentamente con la cabeza.
[Quizás tampoco escuchó a los guardias.]
Sin embargo, confiaba en la guardia del ducado.
Eran hombres entrenados.
Sabían perfectamente cuál era su responsabilidad.
Y su responsabilidad era protegerla.
Así que esperó.
Media hora más.
Nada.
Benjamin finalmente tomó una decisión.
—Preparen mi caballo.
El mayordomo levantó la mirada.
—¿Mi lord?
—Voy a buscarla.
El hombre hizo una reverencia.
—Sí, mi lord.
Benjamin salió de la mansión.
Montó su caballo y se dirigió hacia el pueblo.
Mientras avanzaba, una pregunta no dejaba de rondarle la cabeza.
[¿Dónde demonios está?]
Cuando llegó al puerto, se dirigió primero al salón de té.
Entró.
La vendedora levantó la mirada y, al reconocerlo, sonrió inmediatamente.
—¡Duque Laurent!
Benjamin hizo una pequeña reverencia.
—Buenas noches.
—Buenas noches, mi lord.
—¿Ha visto a Lady Kayla?
La mujer sonrió.
—Sí.
Benjamin se relajó apenas.
—¿Cuándo?
—Hace varias horas.
—¿Estaba sola?
—No. Estaba con los guardias.
Benjamin asintió.
—¿Sabe hacia dónde se dirigió después?
La mujer negó con la cabeza.
—No, mi lord.
Luego lo miró con una expresión divertida.
—Aunque parece usted bastante preocupado.
Benjamin se quedó serio.
—Es mi responsabilidad.
La vendedora sonrió.
[Qué romántico.]
Pero se limitó a decir:
—Espero que la encuentre pronto.
—Gracias.
Benjamin salió nuevamente.
Miró alrededor.
El puerto todavía parecía tranquilo.
Algunas velas y lamparas de aceite de los establecimientos iluminaban las calles.
Los barcos permanecían amarrados.
Se escuchaban voces a lo lejos.
Pero algo llamó su atención.
Unos gritos.
Benjamin giró la cabeza.
Venían desde una zona más alejada del puerto, hacia el pueblo.
Frunció el ceño.
Eran varias voces.
Una discusión.
Y entonces escuchó un grito particularmente fuerte.
Benjamin se quedó inmóvil.
Una sensación de alarma recorrió su cuerpo.
[¿Será ella?]
No necesitó pensarlo demasiado.
Subió a su caballo y se dirigió rápidamente hacia el lugar.
Mientras avanzaba, los gritos se hicieron más claros.
Y Benjamin tuvo una certeza.
Si había alguien en medio de un problema...
Era prácticamente imposible que Kayla no estuviera involucrada.
Apretó las riendas.
[¿En qué problema te metiste ahora, Lady Fletcher?]
Dos bombas sexuales🤭👏👏