Morir en una balacera de la mafia y despertar como la villana tonta de una novela de época no estaba en mis planes. Ahora soy Elara de Valois, y todos esperan que llore, que ruegue por el amor del Príncipe Heredero o que muera a manos de mi prometido, el temible Archiduque Killian.
Los rumores dicen que es un asesino despiadado, pero cuando cruzo miradas con él, solo veo a alguien de mi especie. Él cree que soy una damisela de cristal a la que puede romper fácilmente. Qué gran error. No sabe que bajo este vestido de seda se esconde la mente de una criminal profesional.
Dos lobos en un mismo territorio no pueden convivir en paz... a menos que decidan incendiar el imperio juntos.
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Capítulo 18
ELARA:
Los días en el Castillo de la Garra Negra se vuelven una coreografía perfecta de poder y control.
Con los libros contables purgados de los desfalcos de la señora Gretta, he tomado las riendas absolutas de la administración del norte. Lily ahora camina con una libreta bajo el brazo, supervisando que cada moneda se gaste en lo que realmente importa: mejorar las armaduras de nuestras tropas y almacenar provisiones en los sótanos fortificados.
La antigua ama de llaves no tiene más remedio que agachar la cabeza cada vez que me ve pasar, sabiendo que un solo error más la enviará directo al fondo del barranco.
El sargento Ragnar también parece haber encontrado una nueva motivación para cumplir su castigo en las caballerizas.
Cada tarde, casualmente a la hora en que Lily cruza el patio trasero con las sábanas limpias, el gigantesco guerrero se esmera en levantar los fardos de paja con una sola mano, solo para ganarse una sonrisa tímida y un "buenas tardes, sargento" de mi dulce doncella.
Ivan y yo lo observamos a veces desde el balcón superior; el comandante se desternilla de la risa viendo al hombre más bruto del norte comportarse como un cachorrito asustado frente a una jovencita de la capital.
Sin embargo, la paz dura muy poco cuando se tiene una corona en la mira.
A media tarde, mientras reviso un mapa de las rutas comerciales junto a Killian en su despacho, las grandes puertas se abren de golpe e Ivan entra a paso rápido, pero esta vez no trae su habitual sonrisa burlona.
Su rostro está serio y sostiene un mensaje sellado con la cera dorada de la familia imperial.
—Killian, Archiduquesa... Tenemos compañía.
Dice Ivan dejando el pergamino sobre el mapa.
— Un mensajero de la vanguardia avisa que un carruaje con el emblema del Príncipe Heredero acaba de cruzar el desfiladero inferior… Estarán aquí en menos de una hora.
Me pongo de pie de inmediato sintiendo cómo una chispa de fría anticipación se enciende en mi pecho.
—¿El príncipe?
Pregunto entornando mis ojos morados.
— ¿Qué demonios hace ese imbécil viajando hasta los confines del Norte después de la humillación del baile?
Killian se levanta lentamente, su imponente figura proyectando una sombra tensa sobre el escritorio.
Sus ojos rubíes brillan con un desprecio gélido, un fuego peligroso que delata lo mucho que le irrita su presencia.
—El palacio no enviaría al heredero a este frío solo por capricho
Murmura Killian su voz resonando como un trueno bajo.
— Los espías en la frontera reportaron movimientos sospechosos del imperio vecino hace unos días… El Emperador, debe estar temblando en su trono. Si hay una amenaza de guerra inminente, necesitan al ejército del Norte para proteger la frontera, porque saben que las tropas de la capital son de papel.
—Vaya, así que viene a pedir ayuda.
Suelto una risa suave y maliciosa, acomodándome las mangas de mi vestido de terciopelo.
—Esto se pone cada vez mejor, pero dudo que venga solo… Esa víbora que tiene por amante no lo dejaría viajar sin colgarse de su brazo para actuar como una mosquita muerta frente a nosotros.
—Déjalos venir.
Sentencia Killian acercándose a mí y colocando una mano posesiva en mi cintura y pegando mi cuerpo al suyo.
—Este es nuestro territorio, Elara. Si ese niñito piensa que puede dar órdenes aquí, le recordaré por qué me llaman el Monstruo.
Cincuenta minutos después, el sonido de los cascos de los caballos y el crujido de las ruedas sobre la nieve congelada anuncian la llegada del carruaje imperial al patio principal.
Killian y yo bajamos las escaleras de piedra del vestíbulo en perfecto orden, flanqueados por Ivan y una hilera de soldados con armaduras oscuras y capas de lobo que infunden un respeto absoluto.
Las pesadas puertas del castillo se abren, dejando entrar una ráfaga de viento helado junto con las figuras de nuestros visitantes.
El Príncipe Heredero entra primero, envuelto en una lujosa capa de piel blanca que ya se ve manchada por el barro del camino.
Su rostro refleja un cansancio absoluto y un orgullo profundamente herido por tener que estar aquí, pero lo que realmente me hace sonreír con desprecio es la figura que viene aferrada a su brazo.
La amante del príncipe, esa mujer que la corte adoraba por su supuesta "inocencia" entra luciendo un pomposo vestido rosa pastel completamente inadecuado para el invierno del Norte.
La observo que tiembla como una hoja, quejándose en susurros y mirando las paredes de piedra del castillo con una mueca de asco, actuando como una fastidiosa sombra que solo vino para no perder de vista a su hombre.
En cuanto sus ojos se cruzan con los míos, la supuesta inocencia de la chica se evapora, reemplazada por una mirada de víbora resentida, se aferra más al brazo del príncipe, alzando la barbilla como si todavía tuviera algún poder sobre mí.
—Archiduque Romanov.
Dice el Príncipe Heredero forzando una reverencia tensa hacia Killian, ignorándome por completo por puro despecho.
—Siento interrumpir su confinamiento, pero la situación es crítica. El imperio vecino ha movilizado tres divisiones hacia la frontera norte… Hay amenazas de una guerra inminente y el Emperador exige que prepare a sus soldados de inmediato para proteger la línea de defensa… No podemos permitir que los bárbaros crucen.
Killian ni se inmuta ante el tono imperioso del principe y da un paso al frente, asfixiando el espacio con su sola presencia militar, obligando al príncipe a dar un paso atrás por instinto.
—Estás en mi castillo, muchacho.
Le suelta Killian con una voz tan grave y cortante que hace que la amante del príncipe suelte un chillido de susto.
— Aquí las exigencias de la capital no valen nada… Si mi ejército va a sangrar en la frontera, será bajo mis condiciones, no bajo las órdenes de un príncipe que no sabe sostener una espada.
La mosquita muerta, intentando meter su veneno de fastidiosa, da un paso al frente con una voz fingidamente dulce y chillona.
—¡Su excelencia, no debería hablarle así a su Alteza!
Dice la víbora mirándome de reojo con malicia.
—Además, veo que su nueva esposa sigue siendo tan silenciosa y ruda como en la capital… Qué lástima que la casa de Valois la haya desterrado a este lugar tan horrible y gris, un vestido tan oscuro no le sienta bien a una dama, Lady Elara.
Doy un paso al frente, saliendo de la sombra de Killian, mi sonrisa felina se ensancha y mis ojos morados brillan con el peligro de una jefa criminal que acaba de encontrar a su nuevo juguete.
—En primer lugar, mi nombre es Archiduquesa Romanov pequeña víbora.
Le respondo, mi voz resonando con una autoridad que la hace palidecer.
—Y en segundo lugar... Estás en mi territorio, si vuelves a abrir la boca para criticar mi hogar o a mi esposo, te aseguro que tu bonito vestido rosa no combinará nada bien con la sangre que vas a escupir en este suelo de piedra.
El Príncipe Heredero se tensa abriendo la boca para defender a su amante, pero Killian apoya la mano en el pomo de su espada, deteniéndolo con una sola mirada asesina.
La guerra en la frontera está cerca, pero la verdadera masacre va a ocurrir dentro de las paredes de este castillo si mi esposo lo permite.
necesito fotos de ese guardián 🤭