El futuro regresa al pasado para evitar la destrucción completa, pero ¿como haces para pelear contra algo que es inevitable? ¿como fue posible que ellos terminaran juntos y encima tuviesen descendencia? quizás del odio al amor hay un solo paso o quizás, solo quizás, nunca fue odio ni rechazo.
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cuando la tormenta desafia al principe
Evans tenía sus propias reservas sobre explicarle la verdad al Concilio. Si bien la idea había sido suya, algo dentro de él le decía que podría estar dándole información al enemigo.
—Señor Parker, ¿se encuentra bien? —la voz de Luna lo sacó de sus propios pensamientos.
—Sí, disculpa. ¿Ocurrió algo? —preguntó sin levantar la vista de los pergaminos que estaban frente a él.
—Cony y Luc ya se han marchado y quería avisarle que con Lina debemos ir al instituto a entregar unos trabajos.
Evans finalmente levantó la mirada.
—¿Necesitan que cuide a la niña? —preguntó, arqueando una ceja.
—Sí. Lina ya le está preparando una merienda, pero no podemos llevarla con nosotras y debemos entregar este trabajo o no podremos rendir el examen final —explicó Luna.
—Bien. Termino de firmar estos papeles y voy —respondió Evans.
Luna salió del despacho y se dirigió al comedor, donde Avelina estaba terminando de colocar sobre la mesa una taza acompañada de unas galletas en forma de corazón con chispas de chocolate.
—Escucha con atención, Lyra. Necesito ir a mi instituto a entregar un trabajo. Te quedarás un ratito con tu abuelo —le explicó con voz dulce.
—¿Volverás, mami? —preguntó la niña con voz temblorosa.
—Siempre, mi amor.
Avelina le acarició la cabeza y depositó un beso sobre su frente.
Entendía por qué la pequeña no quería separarse de ella, pero debía entregar aquellos papeles. Además, necesitaba comenzar a investigar sobre el virus de la polilla azul, y sabía que su profesor era uno de los mejores especialistas en ingredientes de pociones.
—Es hora de irnos, Lina —dijo Luna tomando su mochila.
—Bien. Recuerda, amor, el abuelito te estará cuidando. Por favor, compórtate con él.
—Sí, mami. Promesa de dedito —respondió Lyra, levantando su meñique y entrelazándolo con el de su madre.
Lina rio ante aquel gesto. Era algo que ella misma hacía con su mamá cuando era pequeña.
Las chicas salieron de la mansión y se subieron a sus escobas para dirigirse al instituto. Para los magos, trasladarse de aquella manera era completamente normal, aunque para Lina, al principio, había sido algo sumamente aterrador.
El instituto estaba lleno de alumnos cuyo objetivo era presentar el trabajo final que los habilitaba para rendir el examen y finalmente recibirse.
Lina siempre había sido la primera de su clase. Muy pocas veces Kael había podido superarla y, esta vez, ella estaba segura de que no podría hacerlo.
Tenía en sus manos un trabajo perfecto sobre los usos de las telas de araña para cerrar heridas profundas y cicatrizar la piel en cuestión de segundos.
—Pero si es la bruja tonta que se cree superior a los demás...
Lina suspiró al reconocer aquel timbre de voz tan molesto.
—Savvana, tan radiante como siempre. ¿Qué se supone que haces aquí? Hasta donde sé, aún no pasaste los exámenes trimestrales —respondió Lina, esforzándose por mantener una fría sonrisa.
—Estoy esperando a mi futuro esposo. Esta vez sé que quedará en primer lugar. Deberías regresar el mes que viene.
El grupo de Savvana comenzó a reír.
Lina y Luna suspiraron.
Aquello era demasiado normal.
El séquito de estúpidas que seguía a Kael como perritos perdidos siempre encontraba alguna excusa para meterse con ella simplemente porque era mejor estudiante que él.
—¿No tienen nada mejor que hacer? —preguntó Luna, ya molesta.
—A veces es entretenido molestar a la plebe —respondió una de las chicas.
Todas comenzaron a reír.
—¿Se vieron al espejo? Kael es el príncipe. Ustedes solamente son doncellas. Lina es muchísimo más que ustedes, ya que es la heredera de su casa —dijo Luna, riendo.
—Solamente son dos mocosas que jamás serán queridas de verdad. Solo por su dinero y estatus —respondió Savvana con una sonrisa burlona.
—Oh, como tú quieres a Kael. Por su dinero y estatus —rio Lina.
La sonrisa de Savvana desapareció.
—Retira eso, bruja.
Sus ojos comenzaron a oscurecerse.
—Claro. Cuando otra persona dice la verdad te molesta, pero todos los días tenemos que escuchar tus estupideces —sentenció Lina.
Savvana hizo uso de su máxima velocidad y llegó hasta ella en cuestión de segundos, arañándole el brazo.
Lina retrocedió.
Pero antes de que Savvana pudiera alejarse, un pequeño rayo salió disparado de la mano de Lina y pasó rozándole la mejilla.
Savvana se llevó una mano al rostro.
Lina tenía el poder de controlar las tormentas. Los rayos podían surgir de sus manos con la misma facilidad con la que las raíces brotaban de las manos de Luna.
La pelea estaba a punto de comenzar en medio del pasillo que conducía a todas las aulas.
Todos los alumnos se habían quedado mirando estupefactos.
Lina jamás había respondido físicamente a las agresiones verbales de Savvana.
Pero esta vez algo había cambiado.
El ambiente se volvió demasiado tenso.
Entonces, un estruendo sacudió el patio.
Todos voltearon.
El pegaso de Kael acababa de aterrizar con su dueño sobre el lomo.
Varios de sus compañeros salieron inmediatamente a recibirlo y comenzaron a explicarle lo que estaba sucediendo dentro del instituto.
Savvana observó a Kael acercarse.
Y entonces sonrió.
Antes de que nadie pudiera reaccionar, lanzó un hechizo punzante contra Lina.
Lina levantó la mano y un rayo salió disparado, golpeando a Savvana y haciéndola caer al suelo.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —gritó Kael, corriendo hacia la joven que fingía llorar en el piso.
—Kael... ella está loca. Me atacó sin que yo le hiciera nada —susurró Savvana.
—Es cierto. Nosotras solamente estábamos esperando aquí y ella la atacó —añadió otra de las chicas.
—Eso no es cierto y lo saben —murmuró Luna, mirando a las chicas que estaban detrás de Kael y Savvana.
—No te gastes en explicarles —dijo Lina—. Es obvio que no te escuchan y la defenderán a ella.
Señaló a la actriz que continuaba llorando en el suelo.
Kael se giró hacia Lina.
—Discúlpate con ella.
La voz del príncipe sonó como una orden.
Lina abrió los ojos, incrédula.
—No lo haré. Y no eres quien para decirme eso. No estabas aquí y no sabes lo que ocurrió —contraatacó, colocando las manos en su cintura.
—¡La agrediste, Avelina! ¿Acaso estás loca? —intervino otro de los hombres que habían llegado con Kael.
Lina lo miró directamente.
—¿Le crees?
El muchacho guardó silencio.
—Pídele perdón. Ahora —gruñó Kael.
Lina soltó una pequeña risa cargada de incredulidad.
—Pobre de tu pueblo cuando te conviertas en rey si dejas que ella te manipule de esta manera.
Fingió una sonrisa y se dio la vuelta para marcharse.
—¡No me dejarás hablando solo! —gritó Kael.
Lina se detuvo.
De repente, el aire se volvió frío.
—Soy el futuro rey de los vampiros y me debes respeto, bruja.
Lina giró lentamente sobre sus talones.
—No te debo nada, Draven.
Sus ojos también se habían oscurecido.
El poder de su magia comenzaba a calentarle las manos mientras pequeños rayos recorrían sus dedos.
Kael dio un paso hacia ella.
Lina apretó los puños.
Si se atrevía a dar otro paso, lo atacaría sin dudarlo.
Entonces una voz resonó por todo el lugar.
—¿Qué está pasando aquí?
El director del instituto acababa de llegar, llamado por el altercado.
Y por primera vez, el pasillo entero quedó en absoluto silencio.