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Cicatrices Eternas

Cicatrices Eternas

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio / Amor prohibido
Popularitas:483
Nilai: 5
nombre de autor: Barroso

Elishabet creció convencida de que el amor no estaba hecho para ella. Hija no deseada de unos padres que siempre soñaron con un varón, aprendió desde niña a vivir entre silencios, desprecios y una dolorosa sensación de no pertenecer. Pero todo cambia cuando, a los quince años, sus padres adoptan a un joven de un orfanato y le entregan a él el lugar que ella nunca consiguió ocupar. Para Elishabet, su llegada representa una nueva traición. Para él, aquella casa es la promesa de una familia al fin encontrada. Ninguno de los dos eligió el papel que le tocó interpretar, pero ambos quedarán atrapados en una historia marcada por el resentimiento, la culpa y unos sentimientos cada vez más difíciles de ignorar. Mientras intenta descubrir quién es realmente y qué lugar ocupa en su propia vida, Elishabet comenzará a sospechar que la llegada de aquel joven no fue una simple casualidad. Y cuando el pasado revele sus secretos, comprenderá que algunas verdades pueden cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Barroso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: La casa de Agatha

El ruido de la puerta al cerrarse hizo que Elishabet y Adrián se quedaran inmóviles.

Alguien había entrado en la casa.

Adrián miró hacia el pasillo.

—Tenemos que bajar.

—¿Y si es quien dejó la fotografía?

—Precisamente por eso.

Elishabet sostuvo la fotografía con fuerza.

—No pienso dejarla aquí.

Adrián asintió.

Los dos comenzaron a bajar las escaleras en silencio.

Cada escalón parecía demasiado ruidoso.

Cuando llegaron al vestíbulo, no había nadie.

La puerta principal estaba cerrada.

—¿Viste a alguien? —susurró Elishabet.

Adrián negó con la cabeza.

—No.

Entonces escucharon un golpe procedente de la cocina.

Adrián tomó a Elishabet del brazo y la apartó detrás de la pared.

Esperaron.

Otro golpe.

Esta vez más fuerte.

Adrián se asomó.

La cocina estaba vacía.

Una ventana estaba abierta.

La cortina se movía con el viento.

—Se fue por ahí —dijo.

Elishabet se acercó.

—¿Estás seguro?

Adrián miró hacia el jardín.

—No.

Entonces ambos comprendieron algo.

Aquella persona había entrado en la casa, había dejado una fotografía sobre el escritorio de Gabriel y había salido sin llevarse nada.

No parecía un robo.

Parecía un mensaje.

Gabriel y Elena aparecieron unos minutos después.

Gabriel miró la ventana abierta.

—¿Qué ha pasado?

Adrián levantó la fotografía.

—Encontramos esto en tu despacho.

Gabriel la vio.

Su expresión cambió inmediatamente.

Elena también se acercó.

Cuando vio la imagen, llevó una mano a la boca.

—Agatha...

Adrián levantó la mirada.

—¿Es ella?

Elena asintió lentamente.

—Sí.

El nombre cayó sobre la habitación.

Agatha.

La madre que Adrián apenas había podido recordar.

La mujer de la que había recibido tan pocas respuestas.

Adrián tomó la fotografía.

—¿Dónde fue tomada?

Gabriel respondió:

—En la casa de Agatha.

Adrián miró la dirección escrita detrás.

—¿Por qué dijiste que había sido destruida?

Gabriel no contestó.

Elishabet observó a su padre.

—Eso también quiero saberlo.

Gabriel respiró profundamente.

—Porque después de la muerte de Daniel nadie volvió a vivir allí.

—Eso no responde a la pregunta —dijo Adrián.

Elena intervino.

—La casa no fue destruida.

Gabriel la miró.

—Elena...

—Ya no podemos seguir ocultándolo.

Elishabet sintió un escalofrío.

—¿Qué ocurrió allí?

Elena bajó la mirada.

—Agatha vivió allí durante los últimos meses antes de desaparecer.

Adrián apretó la fotografía.

—¿Desaparecer?

—Sí.

—Me dijeron que había muerto.

Elena se quedó callada.

Adrián la miró fijamente.

—¿Mi madre murió?

Elena no respondió.

—¡Elena!

La mujer cerró los ojos.

—No lo sabemos.

Adrián se quedó completamente quieto.

—¿Qué quieres decir con que no lo sabes?

Gabriel se acercó.

—Agatha desapareció después de la muerte de Daniel.

—¿Y nunca la encontraron?

—No.

Adrián negó con la cabeza.

—Entonces todo lo que me dijeron...

—Era lo que creíamos en aquel momento —dijo Elena.

—No.

La voz de Adrián se volvió más fría.

—Alguien sabía que estaba viva.

Elishabet miró a su padre.

—¿Tú lo sabías?

Gabriel no contestó.

Adrián dio un paso hacia él.

—¿Tú sabías que mi madre podía seguir viva?

Gabriel sostuvo su mirada.

—No estaba seguro.

—Eso no es una respuesta.

—No tenía pruebas.

—Pero lo sospechabas.

Gabriel bajó la mirada.

Adrián se apartó.

Elishabet pudo ver el dolor en su rostro.

No dijo nada.

Simplemente se acercó y se quedó a su lado.

Una hora después, Gabriel extendió un mapa sobre la mesa del comedor.

—La casa está a unos cuarenta minutos de aquí.

—Entonces vamos —dijo Adrián.

—No.

—¿Por qué?

—Porque puede ser una trampa.

—Ya nos están buscando.

Gabriel levantó la mirada.

—Precisamente.

Elishabet observó el mapa.

—¿Qué hay allí?

Gabriel señaló una zona cercana a la casa.

—Bosque. Pocas viviendas alrededor.

Elena se acercó.

—También hay un camino viejo.

Gabriel la miró sorprendido.

—¿Todavía lo recuerdas?

—Nunca lo olvidé.

Elishabet observó a su madre.

—¿Tú estuviste allí?

Elena asintió.

—Sí.

—¿Con Agatha?

—Sí.

—¿Y con Daniel?

Elena tardó en contestar.

—Sí.

Elishabet sintió que algo se removía dentro de ella.

Había tantas cosas de la vida de sus padres que desconocía.

Y cada respuesta parecía abrir otra puerta.

—¿Por qué nunca me contaste nada?

Elena la miró.

—Porque intentaba protegerte.

Elishabet negó con la cabeza.

—Otra vez esa palabra.

Elena guardó silencio.

—Todos me decís que queríais protegerme —continuó Elishabet—. Pero nunca me preguntasteis si quería vivir sin saber nada.

Elena se acercó.

—Sé que te he fallado.

Elishabet bajó la mirada.

Aquellas palabras eran más difíciles de escuchar de lo que esperaba.

—No sé si puedo perdonarte.

Elena asintió lentamente.

—No te estoy pidiendo que lo hagas.

Por primera vez, Elishabet vio algo diferente en su madre.

No una mujer intentando justificar sus decisiones.

Sino una mujer que sabía que había hecho daño.

Esa misma noche decidieron ir a la casa.

Gabriel insistió en acompañarlos.

Elena también.

Adrián llevó la fotografía.

Elishabet guardó la dirección.

Durante el trayecto, nadie habló demasiado.

La carretera se fue haciendo cada vez más estrecha.

Las luces de la ciudad desaparecieron.

Finalmente, Gabriel detuvo el coche.

—Es aquí.

Frente a ellos había un camino cubierto de árboles.

Adrián miró la fotografía.

Después miró el camino.

—Es el mismo lugar.

Caminaron durante varios minutos.

La casa apareció entre los árboles.

Estaba vieja.

Las ventanas estaban cubiertas de polvo.

La pintura se había desprendido de las paredes.

Pero seguía en pie.

Adrián se quedó mirándola.

—Mi madre vivió aquí.

Elena asintió.

—Sí.

Gabriel se acercó a la puerta.

Estaba cerrada.

Adrián sacó la fotografía.

—Aquí está la dirección.

—No necesitamos la dirección —dijo Elishabet.

Todos la miraron.

Señaló la parte inferior de la fotografía.

Había algo más escrito.

Una pequeña frase que ninguno había visto antes.

«La verdad está donde nadie mira.»

Adrián pasó los dedos por la fotografía.

—¿Qué significa?

Gabriel observó la casa.

Su rostro cambió.

—Yo sé dónde.

—¿Dónde? —preguntó Adrián.

Gabriel no respondió.

Caminó hacia un lateral de la casa.

Los demás lo siguieron.

Detrás de unos arbustos había una pequeña puerta de madera.

Parecía una entrada secundaria.

Gabriel se detuvo.

—Esta puerta no estaba aquí la última vez.

Elena lo miró.

—Sí estaba.

Gabriel se volvió hacia ella.

—¿Qué?

—Agatha la construyó.

Adrián se acercó.

La puerta tenía una cerradura oxidada.

—¿Qué hay detrás?

Elena miró a Gabriel.

—El sótano.

Adrián tomó aire.

—¿Hay un sótano?

Gabriel asintió.

—Sí.

Elishabet sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.

—¿Y por qué nunca nos hablaste de él?

Gabriel miró la puerta.

—Porque la última vez que estuve aquí...

Se detuvo.

—¿Qué? —preguntó Adrián.

Gabriel bajó la voz.

—Daniel estaba escondiendo algo allí.

Antes de que nadie pudiera responder, escucharon un ruido dentro de la casa.

Un golpe.

Después otro.

Adrián miró a Elishabet.

Ella lo miró a él.

Alguien estaba dentro.

Gabriel hizo un gesto para que guardaran silencio.

Entonces la puerta principal de la casa se abrió lentamente.

Pero no había nadie detrás.

Solo oscuridad.

Y, desde el interior, llegó una voz.

—Llegáis tarde.

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Isabel Sandoval
Es bueno, sigue actualizando por fa/Sob//Smile/
Isabel Sandoval: lo haré /Sneer//Smile/
total 2 replies
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