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El Karma del Marido Desleal

El Karma del Marido Desleal

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Completas
Popularitas:627.8k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Miss Ra

Sin dinero, sin familia y con el corazón destrozado, Valentina huyó a un pequeño pueblo donde nadie la conocía. Ahí, entre las manos ásperas de mujeres solidarias y el llanto de su hijo recién nacido, construyó desde cero lo que nadie creyó posible: un negocio propio, una nueva vida y un amor que jamás imaginó.

Mientras tanto, el karma no descansaba.

Todo lo que Sebastián le hizo se le devolvió con intereses: la traición de su amante, la caída de su imperio, la soledad más profunda. Y cuando por fin comprendió el peso de sus errores, ya era demasiado tarde para recuperar lo que destruyó.

Pero la vida guarda sorpresas para todos. Incluso para quienes no las merecen.

NovelToon tiene autorización de Miss Ra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Episodio 7

El ambiente en el apartamento de lujo era completamente distinto. Si antes el aroma de un guiso casero y el perfume del té de jazmín recibían a Sebastián al cruzar la puerta, ahora solo quedaba el olor rancio de las cajas de comida rápida apiladas sobre la mesa del comedor.

Sebastián se aflojó la corbata con brusquedad. Acababa de volver de una reunión de negocios agotadora y el estómago le rugía. Sus ojos buscaron a la mujer que ahora ocupaba sus días.

—¿Clarissa? ¿Dónde estás? —llamó Sebastián.

—¡En la recámara, cariño! —la voz llegó desde la habitación principal.

Sebastián entró y encontró a Clarissa rodeada de una docena de bolsas de tiendas de diseñador. La mujer estaba entretenida probándose un vestido de noche brillante frente al espejo.

—¡Mira, Seb! Este vestido es de edición limitada. Solo hay cinco en toda la capital, ¡y conseguí uno! —exclamó Clarissa con los ojos centelleantes.

Sebastián echó un vistazo al recibo de compra que descansaba sobre la cama. La cifra le hizo palpitar la sien.

—Clar, ¿no fue ayer que compraste una bolsa nueva? Esto ya son miles de dólares en dos días.

Clarissa hizo un puchero, se acercó a Sebastián y le rodeó el cuello con los brazos.

—Ay, Seb. Acabas de liberarte de un lastre. ¿No dijiste que querías consentirme para compensar el tiempo que perdimos? Además, tengo que verme impecable cuando salgamos. No querrás que la gente vea a la mujer de Sebastián Montero vestida de cualquier manera, ¿verdad?

Sebastián suspiró, tratando de contener la irritación. Le besó la frente a Clarissa con suavidad.

—Sí, claro. Oye, ¿hay algo de comer? Me muero de hambre.

Clarissa se soltó del abrazo y se rio.

—Ay, cariño. Tú sabes que no sé cocinar. Se me van a maltratar las manos con el aceite caliente. Ya pedí comida del restaurante italiano de siempre, no tarda en llegar. A domicilio, ¿sí?

Sebastián se quedó callado. Su mente voló hacia Valentina. Valentina siempre tenía forma de servirle algo caliente justo cuando él llegaba, aunque fuera un simple arroz frito o el estofado de verduras que tanto le gustaba. El hambre que sentía en el estómago ahora se mezclaba con un vacío extraño.

Una hora después, llegó la comida. Cenaron en silencio. Sebastián masticaba la pasta con trufa, cara y sin sabor. El pensamiento le punzaba por el silencio del otro lado de la mesa, ese lugar que solía llenar la voz dulce de Valentina hablando de cómo iba creciendo el bebé.

—Seb, ¿por qué andas en la luna? ¿Todavía piensas en esa mujer? —preguntó Clarissa con acidez; sabía leer cada cambio en el gesto de Sebastián.

—No. ¿Para qué iba a pensar en ella? —respondió Sebastián demasiado rápido, con un tono excesivamente a la defensiva—. Estoy pensando en un proyecto de la oficina.

—Qué bueno. Porque en mi opinión, esa mujer solo está jugando a ser la víctima —Clarissa cortó su filete con elegancia—. Seguramente anda de lo más contenta gastándose sus ahorros, y tarde o temprano va a aparecerse con el bebé para sacarte dinero. Las mujeres como ella son facilísimas de predecir.

Sebastián asintió, aunque algo dentro de él titubeaba.

—Por supuesto. No voy a permitir que eso pase.

Pero en lo más profundo, una pregunta empezaba a germinar. Si Valentina de verdad quisiera sacarme dinero, ¿por qué dejó todas las joyas? ¿Por qué se fue con una maleta casi vacía?

Sebastián sacudió la cabeza para ahuyentar esa idea. No podía estar equivocado. Él era Sebastián Montero, el hombre que siempre tomaba la decisión correcta. Divorciarse de Valentina era el camino hacia la felicidad verdadera con el amor de su vida, Clarissa. Ese era el cuento que no dejaba de repetirse a sí mismo.

Esa noche, con Clarissa ya dormida, Sebastián no podía conciliar el sueño. Se levantó y caminó hasta un pequeño cuarto de almacenamiento en una esquina del apartamento. Buscaba algo. Después de revolver varias cajas de cartón, encontró una caja de madera pequeña.

Era una caja con fotos viejas y recuerdos. Sebastián la abrió con las manos temblorosas. Ahí estaba la imagen del primer ultrasonido. Ese punto diminuto dentro del vientre de Valentina que alguna vez lo hizo sentir orgulloso de ser hombre.

También había una nota breve que Valentina le escribió en su último cumpleaños.

"Gracias por ser mi hogar y el de nuestro hijo. No necesito el mundo, solo te necesito a ti a mi lado."

Sebastián arrugó el papel hasta dejarlo hecho bola.

—Mentiras —gruñó—. Si me necesitabas, no debiste irte así como así. Debiste suplicar.

La obsesión de Sebastián por ver a Valentina destruida era en realidad otra forma de miedo. Miedo de que ella pudiera ser feliz sin él. Miedo de descubrir que era él quien necesitaba más a Valentina, y no al revés.

Tomó el celular y buscó el nombre de Valentina en sus contactos. Entonces recordó que él mismo la había bloqueado, con toda su arrogancia, días atrás.

Cuando desbloqueó el número e intentó llamar, solo escuchó la grabación de la operadora: "El número que usted marcó no está disponible o se encuentra fuera de servicio."

—¡Maldición! —escupió Sebastián, y estrelló el celular contra el sofá.

Al mismo tiempo, a cientos de kilómetros de ahí, en una cocina diminuta y en penumbras, Valentina batallaba con el vapor de una vaporera. El rostro le ardía del calor, pero sus manos no dejaban de trabajar, envolviendo masa de pastel en hojas de plátano.

No tenía tiempo para pensar en Sebastián. Su vida ahora se medía de hora en hora. Cada grano de arroz que se llevaba a la boca era fruto de su propio sudor.

De pronto, el vientre volvió a tensársele. Valentina se agarró del borde de la mesa de madera, controlando la respiración agitada.

—Paciencia, mi amor... ya casi acabo. Después descansamos —susurró con voz agotada.

Miró el reloj viejo de pared que avanzaba con pereza. Ya eran las dos de la mañana. En un rato más tendría que salir al mercado. Su vida ahora era dura, sin lujos y llena de incertidumbre.

Pero cada vez que veía su mercancía agotarse, sentía un orgullo que jamás experimentó siendo la esposa de Sebastián.

En la capital, Sebastián volvió a la cama y abrazó a Clarissa, perfumada con fragancia cara pero extrañamente ajena. En el pueblo, Valentina se quedó dormida sobre el catre duro, con olor a harina y hojas de plátano pegado a la piel.

Sebastián se sentía libre, pero su alma estaba prisionera de su propio ego.

Valentina se sentía prisionera de las circunstancias, pero su alma era libre por primera vez en la vida.

La obsesión de Sebastián por demostrar que tenía razón empezaba a cegarlo ante una verdad demoledora: acababa de tirar a la basura el único corazón que lo amó sin condiciones.

Mientras tanto, Valentina empezaba a comprender que la esperanza no venía del hombre que la desechó, sino de esa fuerza pequeña que no dejaba de patearle el vientre.

1
Vanesa Daniela Arbona
muy bella me encanto
Vanesa Daniela Arbona
muy bella me encanto
Marisol grez castro
bonita historia.
Lydia Beltran Beltran
muy
アンジ アンジ
bonita historia gracias gracias gracias escritora
Luz Felisa Zamora
buena la historia.
Norvelys Del Valle Atopo Macayo
pajuo que ridículo
Noiraly Tovar
Buena historia aunque un poco repetitiva buen desenlace
Marina Camacho
Era hablarle al doctor
Bea Tastro
que bonita esa frase: "la oración de una madre se movía por los cielos" hermosa frase.
Lydia Beltran Beltran
de que me perdí?
Nancy De Castro
/Smile//Smile//Smile//Smile//Smile//Smile//Smile/
LectoraPR
Ay autora, que pasamos a la ridiculez. Adrián ponle un alto a V, que está necia y torpe.

Si un marido en la vida real aguanta estas }#+*£¥@€\^{*€, por favor háganle un altar, 😂😂😂.
Leticia Contreras
que tiernos Sebastian y Natalia ya tienen un bebe en camino ahora Santi sera hermano mayor por partida doble viva la felicidad de estas dos parejitas y sus reton̈os 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Leticia Contreras
demaciados an̈os para que Santi sepa quien es su papa pero ahorita es muy pequen̈o para entender la situacion Dios les de sabiduria hasta entonces
Leticia Contreras
la pura felicidad con Sebastian y Natalia y poco a poco la de Adrian y Valentina junto a sus hijos 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Leticia Contreras
no todos los prematuros reaccionan de la misma manera yo tube un nietecito que nacio prematuro y lucho por un mes y al final fallecio despues de sufrir mucho 😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭😭
Leticia Contreras
ojala y Valentina se recupere pronto y puedan ir ella y Adrian con sus dos pequen̈os a visitar a Sebastian y Natalia y puedan ser amigos por Santi 🥰🥰🥰🥰🥰
Leticia Contreras
creo que don̈a Sara no a ido a conocer a Santi por respeto a su nueva familia pero se llegara el dia que lo conosca
Leticia Contreras
ya Clarissa se fue al otro mundo no hay nada con ella tu Natalia eres el precente de Sebastian y Valentina entre la vida y la muerte ojala y se salven tanto ella como su bebe y al fin sean felices los 4
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