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Nuestro Amor Quedó Pendiente

Nuestro Amor Quedó Pendiente

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor de la infancia / Escuela / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Flor Aguilar

Un amor de adolescentes que a pesar de los años sigue pendiente

NovelToon tiene autorización de Flor Aguilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Distancias

El autobús comenzó a moverse lentamente mientras Valeria miraba por la ventana.

Tenía la frente apoyada contra el vidrio y los ojos llenos de lágrimas. Las calles del pueblo iban quedando atrás una por una: la plaza, la pequeña tienda donde compraba dulces después de clases, la iglesia, la escuela y, finalmente, el camino que llevaba al río.

Todo parecía alejarse demasiado rápido.

Su madre estaba sentada a su lado, intentando darle espacio para llorar.

—Puedes dormir si quieres —le dijo suavemente.

Valeria negó con la cabeza.

—No tengo sueño.

No era cierto.

Estaba agotada.

Pero sabía que si cerraba los ojos comenzaría a recordar a Mateo.

Y no quería llorar delante de su madre.

Aunque ya había llorado durante horas.

En su mochila llevaba la carta que él le había entregado el último día de clases. También llevaba la pequeña fotografía de los dos y la pulsera que él le había regalado.

Esas cosas eran todo lo que podía llevarse de aquella historia.

Al menos eso pensaba.

A varios kilómetros de distancia, otro autobús también abandonaba el pueblo.

Mateo iba sentado junto a la ventana.

Su padre conducía el automóvil que los había llevado hasta la terminal, mientras su madre permanecía en silencio.

Mateo no había querido despedirse de nadie.

No quería decirle adiós a sus amigos.

No quería despedirse de la escuela.

Y mucho menos quería despedirse de Valeria.

Pero la noche anterior había recibido una última noticia.

Su padre había decidido adelantar el viaje.

No le habían dado oportunidad de verla nuevamente.

Mateo sacó del bolsillo la fotografía que tenía de ella.

La observó durante unos segundos.

—No voy a olvidarte —susurró.

Su madre lo escuchó.

No dijo nada.

Sabía que intentar convencerlo en ese momento no serviría.

El tiempo tendría que hacer su trabajo.

O eso esperaba.

Durante los primeros días de separación, Valeria y Mateo intentaron mantenerse en contacto.

El primer mensaje llegó la misma noche en que ella llegó a su nueva casa.

¿Llegaste bien?

Valeria sonrió al ver el nombre de Mateo en la pantalla.

Sí. ¿Y tú?

También.

Después llegó otro mensaje.

Te extraño.

Valeria sintió que las lágrimas regresaban.

Yo también.

Aquella noche hablaron durante horas.

Hablaron de la escuela.

De sus familias.

Del pueblo.

Del río.

De la vieja casa.

Y de todo lo que harían cuando pudieran volver a verse.

—Cuando termine mis estudios voy a regresar —le dijo Mateo por teléfono.

—¿De verdad?

—Sí.

—¿Y si yo sigo aquí?

—Te voy a buscar.

Valeria sonrió.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

Al principio todo parecía sencillo.

Se llamaban todos los días.

Se escribían cartas.

Valeria esperaba con ilusión cada vez que escuchaba al cartero acercarse.

Mateo también guardaba las cartas que ella le enviaba.

Pero la distancia comenzó a cambiar algunas cosas.

La nueva escuela de Mateo era mucho más grande.

Tenía compañeros nuevos.

Profesores diferentes.

Nuevas responsabilidades.

Y sus padres se aseguraron de mantenerlo ocupado.

Su padre insistía en que debía concentrarse en sus estudios.

—Tienes una oportunidad que muchos quisieran —le decía.

Mateo escuchaba, pero pensaba en Valeria.

Sin embargo, poco a poco las llamadas comenzaron a ser más cortas.

Primero eran de horas.

Después de una hora.

Luego de veinte minutos.

Y finalmente algunas veces solo podían hablar durante unos minutos.

Valeria intentaba no preocuparse.

—Debes estar ocupado —le decía.

—Sí. Perdóname.

—No tienes que disculparte.

—Mañana te llamo.

—Está bien.

Pero algunas veces el día siguiente llegaba y Mateo no llamaba.

Valeria esperaba.

Miraba el teléfono.

Revisaba los mensajes.

Nada.

Al principio pensaba que había ocurrido algo.

Después comenzó a preguntarse si estaba perdiendo interés.

Una noche, finalmente recibió una llamada.

—Hola —dijo Mateo.

—Hola.

—Perdón por no llamar.

—No pasa nada.

—Tuve mucho que estudiar.

—Está bien.

Hubo un silencio.

—¿Cómo estás? —preguntó él.

—Bien.

Pero no estaba bien.

Quería preguntarle si todavía la amaba.

Quería escuchar que la extrañaba.

Quería sentir que seguían siendo los mismos dos adolescentes que se habían despedido bajo aquel árbol.

Pero no se atrevió.

—Te extraño —dijo finalmente.

Mateo guardó silencio.

—Yo también.

Pero su voz sonó diferente.

Valeria lo notó.

No dijo nada.

Los meses continuaron pasando.

Valeria comenzó a adaptarse a la nueva ciudad.

Hizo amigas.

Conoció nuevos profesores.

Empezó a pensar en sus estudios.

Pero siempre había una parte de ella que seguía en el pueblo.

En el río.

Bajo el árbol.

Con Mateo.

Una tarde recibió una carta.

La abrió con ilusión.

Pero la letra no era la de él.

Era de Camila.

Valeria, espero que estés bien. Aquí todos preguntan por ti.

Valeria sonrió.

Siguió leyendo.

Mateo también pregunta por ti, aunque parece estar muy ocupado con la escuela.

Ella se quedó mirando esa frase.

Muy ocupado.

Era exactamente lo que Mateo le decía.

Quizá todo estaba bien.

Quizá solamente necesitaban tiempo.

Pero después ocurrió algo que cambió las cosas.

Mateo dejó de llamar durante una semana.

Después fueron dos.

Valeria intentó comunicarse con él.

No respondió.

Le escribió.

Tampoco recibió respuesta.

El miedo volvió.

Pensó en sus padres.

Pensó en las palabras de la madre de Mateo.

Cuando se vaya, conocerá otras personas. Cambiará.

Tal vez había tenido razón.

Valeria lloró aquella noche.

No porque supiera que Mateo había dejado de quererla.

Sino porque no sabía qué estaba ocurriendo.

Y la incertidumbre era peor.

Mientras tanto, Mateo tampoco estaba tranquilo.

Su padre había descubierto que seguía escribiéndose con Valeria.

Una tarde encontró varias cartas en su habitación.

—¿Todavía mantienes contacto con ella?

Mateo no respondió.

Su padre tomó una de las cartas.

—Te dijimos que debías concentrarte en tu futuro.

—Ella no afecta mis estudios.

—Sí afecta tus decisiones.

Mateo intentó recuperar la carta.

—Devuélvemela.

—No.

—Es mía.

—Mientras vivas bajo mi techo, tendrás que respetar nuestras reglas.

Mateo estaba furioso.

—No tienen derecho a leer mis cartas.

Su madre apareció en la puerta.

—Mateo, cálmate.

—¡No quiero calmarme!

Su padre dejó las cartas sobre la mesa.

—Esto tiene que terminar.

—No.

—Ella está lejos. Debes entender que esta relación no tiene futuro.

—Yo decido eso.

—No sabes lo que quieres.

Mateo lo miró con tristeza.

—Sí sé.

Su padre negó con la cabeza.

—Algún día nos agradecerás.

Mateo tomó sus cartas y salió de la habitación.

Esa noche quiso llamar a Valeria.

Pero su padre había retirado el teléfono que utilizaba para comunicarse.

Mateo no pudo hacer nada.

Por primera vez sintió que realmente estaba perdiendo el control de su propia vida.

Pasaron varias semanas.

Valeria comenzó a resignarse.

No quería hacerlo.

Pero necesitaba continuar.

Se concentró en sus estudios.

Empezó a salir con sus nuevas amigas.

Intentó sonreír.

Sin embargo, cada vez que alguien mencionaba el amor, pensaba en Mateo.

Hasta que un día llegó una carta.

Esta vez sí era de él.

Valeria la abrió con manos temblorosas.

Valeria:

Perdóname por no haber podido hablar contigo.

No fue porque quisiera olvidarte.

Mis padres descubrieron nuestras cartas y me prohibieron llamarte.

No sé cuánto tiempo podremos seguir hablando.

Pero quiero que sepas que todavía te quiero.

Valeria se llevó una mano al pecho.

Continuó leyendo.

No quiero que pienses que te abandoné.

Si algún día dejo de escribir, recuerda que no fue porque dejé de quererte.

Mateo.

Valeria lloró al terminar la carta.

Ahora comprendía.

No era él.

Eran sus padres.

Pero también comprendió algo más.

La distancia no solamente separaba sus cuerpos.

También les estaba quitando oportunidades.

Los años de adolescencia que habían imaginado juntos comenzaban a desaparecer.

Y ninguno sabía cómo detenerlo.

El tiempo siguió avanzando.

Un año.

Después otro.

Valeria terminó sus estudios.

Mateo también.

Ambos crecieron.

Ya no eran los adolescentes que se habían conocido bajo aquel árbol.

Pero ninguno había olvidado completamente al otro.

Hasta que una noticia llegó a la vida de Mateo.

Una muchacha llamada Elena había comenzado a trabajar cerca de la universidad donde él estudiaba.

Era amable.

Inteligente.

Tranquila.

Y, a diferencia de Valeria, estaba cerca.

Mateo comenzó a hablar con ella.

Al principio solo eran amigos.

Después comenzaron a salir.

Mateo intentó convencerse de que debía continuar con su vida.

Sus padres estaban encantados.

—Ella sí es una buena muchacha —decía su madre.

Mateo no respondía.

Porque cada vez que escuchaba aquello, pensaba en Valeria.

Pero los años habían pasado.

Y Valeria estaba lejos.

Quizá ya había rehecho su vida.

Quizá también había conocido a alguien.

Quizá lo había olvidado.

Mateo no lo sabía.

Y poco a poco comenzó a aceptar una vida que nunca había imaginado.

Una vida sin Valeria.

Mientras tanto, en otra ciudad, Valeria guardaba las cartas de Mateo en una caja.

Nunca las había tirado.

Nunca había olvidado la pulsera.

Pero había aprendido a vivir sin él.

Creía que aquello era crecer.

Creía que el primer amor debía quedarse en el pasado.

No sabía que el destino todavía tenía una última palabra.

Porque algunos amores no desaparecen.

Solo esperan.

Y mientras Valeria y Mateo comenzaban a construir vidas completamente diferentes, ninguno imaginaba que algún día volverían a caminar por las mismas calles.

Y cuando ese día llegara, tendrían que enfrentarse a una verdad que ambos habían intentado esconder durante años:

el tiempo podía cambiar sus vidas, pero no necesariamente lo que alguna vez habían sentido.

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ariadna violet
☺️
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