Ella es una policía que trabaja en una cárcel. Después de morir, ella reencarna en una joven maga quien en sueños ve como muere, así que despierta decidida a cambiar su destino y a cobrar venganza.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Regalo 1
Al día siguiente, la rutina previa al viaje a la mansión Belmont volvió a instalarse en el ducado Vanderbilt.
Circe despertó temprano.
Entrenó hasta quedar exhausta.
Después desayunó, trabajó con Adrian y pasó buena parte del día revisando documentos.
Y, por supuesto, entre una cosa y otra, seguían las pequeñas provocaciones.
Una mirada.
Una sonrisa.
Una caricia aparentemente accidental.
Un roce de manos que ninguno de los dos se apresuraba a evitar.
Era una rutina que ambos habían terminado aceptando sin siquiera hablar de ella.
Pero tres días después, algo cambió.
Adrian recibió una carpeta de manos de su oficial de confianza.
—Mi lord. He reunido toda la información que solicitó.
El duque tomó los documentos.
—Déjame ver.
Se sentó en su escritorio y comenzó a revisar.
Los primeros informes hablaban de los negocios de Lord Root.
Había movimientos financieros cuestionables.
Deudas.
Acuerdos comerciales poco transparentes.
Algunos delitos menores relacionados principalmente con dinero.
Y, por supuesto, las deudas de juego.
Adrian frunció el ceño.
[Así que realmente tiene problemas.]
Continuó leyendo.
Hasta que encontró un documento diferente.
Era una declaración escrita.
La había realizado un antiguo sirviente de la mansión Root.
Adrian comenzó a leer.
El hombre afirmaba que Lord Root había tenido varias amantes a lo largo de los años.
También señalaba que despues de haberse casado por segunda vez, tuvo otra amante, a una mujer proveniente de otro reino.
La descripción era breve.
Cabello azul claro.
Hermosa.
Extranjera.
Adrian dejó de pasar las páginas.
Siguió leyendo.
Según el testimonio, cuando Lord Root descubrió que aquella mujer estaba embarazada, la expulsó de la mansión.
La mujer desapareció.
Pero la niña sobrevivió.
Adrian miró la fecha.
Casi veinte años atrás.
Sus ojos se endurecieron.
[La edad coincide.]
Tomó otro documento.
Circe había sido encontrada en las calles cuando tenía tres años y posteriormente había sido adoptada por el templo.
El pueblo donde había sido encontrada estaba cerca de los territorios de Root.
Adrian volvió a mirar el testimonio.
Cabello azul claro.
Miró hacia la ventana.
Pensó en Circe.
Su cabello azul ceniza.
Su edad.
Su reacción al ver a Lord Root.
El miedo.
La manera en que había tenido que abandonar el salón para recuperar la compostura.
Todo comenzó a encajar.
Adrian apretó los puños.
[Así que no era simplemente miedo.]
Había una conexión.
Y ahora entendía por qué Circe había reaccionado de aquella manera.
Ella no le había contado nada.
Todavía.
Adrian continuó revisando.
No había ninguna relación registrada entre Lord Root y el templo.
Pero el documento sobre la adopción de Circe estaba allí.
Tres años.
Encontrada en las calles.
Un pueblo cercano.
El duque cerró lentamente la carpeta.
Su mandíbula estaba tensa.
No necesitaba saber mucho más para comprender que aquel hombre había abandonado a una niña.
Y que, probablemente, esa niña había sido Circe.
Pero Adrian tampoco quería quitarle a Circe la posibilidad de contarle su propia historia.
No iba a interrogarla.
No iba a presionarla.
Pero sí podía hacer algo.
—Oficial.
—¿Mi lord?
Adrian volvió a abrir la carpeta.
Señaló los documentos relacionados con las deudas de juego.
—Compra las deudas de Lord Root.
El oficial levantó la mirada.
—¿Todas?
—Todas las que podamos adquirir legalmente.
—Sí, mi lord.
Adrian cerró la carpeta.
—Y cuando estén bajo nuestro control...
Hizo una pausa.
—Serán de Circe.
El oficial comprendió inmediatamente.
—¿Como regalo?
Adrian asintió.
—Como regalo.
El oficial sonrió ligeramente.
—Entendido.
Dos días después, Circe estaba terminando su trabajo cuando Adrian apareció.
Ella levantó la mirada.
—¿Qué ocurre?
Adrian sonrió.
—Tengo algo para usted.
Circe arqueó una ceja.
—¿Para mí?
—Sí.
Él se acercó.
Circe lo observó con curiosidad.
—¿Qué es?
Adrian negó con la cabeza.
—Tendrá que esperar.
Ella hizo un pequeño puchero.
—No me gusta esperar.
—Lo sé.
Circe lo miró con una sonrisa coqueta.
—¿Es algo bueno?
—Espero que le guste.
Adrian la rodeó suavemente con los brazos.
Circe se sorprendió un poco, pero inmediatamente se relajó contra él.
—Ahora tengo todavía más curiosidad.
Adrian sonrió.
—Entonces tendrá que esperar hasta la cena.
Circe levantó el rostro para mirarlo.
—¿Hasta la cena?
—Hasta la cena.
Ella entrecerró los ojos.
—Esto parece sospechoso.
—¿Sospechoso?
—Sí.
Circe apoyó una mano sobre su pecho.
—Un duque que aparece de repente diciendo que tiene un regalo secreto...
Adrian sonrió.
—¿Y eso le preocupa?
—No.
Ella se acercó un poco más.
—Me intriga.
Adrian soltó una pequeña risa.
—Entonces espere.
Circe finalmente asintió.
—Está bien.
Se separó lentamente.
—Esperaré hasta la cena.
Pero mientras volvía a sus documentos, no pudo evitar sonreír.
[¿Qué habrá preparado?]
Y, aunque todavía no lo sabía, aquel regalo estaba a punto de convertirse en una de las primeras piezas de su venganza contra los Root.