Giorgio Bianchi es el Don de la mafia más temida de Italia. Frío, cruel y con un corazón blindado por la traición que destruyó a su familia. Juró no volver a confiar en nadie, y mucho menos a amar.
Pero cuando su esposa muere al dar a luz a su hija Vida, Giorgio se encuentra con algo que no esperaba: una bebé que depende completamente de él, y un vacío que no sabe cómo llenar.
Necesita una niñera. Lo que encuentra es a una mujer que va a poner su mundo de cabeza.
Ella no le tiene miedo. No se deja intimidar. Y lo peor de todo: le hace sentir cosas que juró que nunca volvería a sentir.
En el mundo de Giorgio, mostrar debilidad es una sentencia de muerte. Pero enamorarse de la niñera de su hija podría ser la decisión más peligrosa — y la más valiente — que haya tomado.
Porque incluso los hombres más despiadados tienen un punto débil. Y el de Giorgio tiene ojos grandes y la risa más contagiosa del mundo.
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YO vencí al mundo
AYLA: Porque en el mundo tendrán aflicción, pero tengan buen ánimo porque YO he vencido al mundo (sonrió y la abrazo, ella llora)
REBECA: ¡Gracias!
AYLA: Ahora seca esas lágrimas porque esa carita linda no combina llorando de tristeza. Vamos a comer que estoy muerta de hambre
REBECA: ¿Muerta?
AYLA: Ah, expresión brasileña
REBECA: Entonces vamos porque yo también estoy "muerta" (reímos y bajamos)
EN EL COMEDOR
AYLA: ¿Vas a ir a tu casa hoy?
REBECA: No, hasta el próximo fin de semana
AYLA: Bien, mira, ¿quieres dar una vuelta conmigo por la ciudad? Quiero conocer el lugar, hacer unas compras y buscar trabajo.
REBECA: ¿Quieres un trabajo?
AYLA: Mucho
REBECA: El socio de mi jefe está necesitando una niñera, ¿te interesa?
AYLA: Claro, amo a los niños (habló emocionada)
REBECA: Bien, voy a intentar hablarle de ti al señor Park. Solo llevo un mes contratada así que no tengo mucha cercanía con él, pero lo voy a intentar.
AYLA: Ah no, entonces olvídalo para que no te metas en problemas
REBECA: Nada, tranquila. El señor Park es relajado, en cambio el señor Bianchi es terrible.
AYLA: ¿Él sería mi jefe?
REBECA: Desafortunadamente si
AYLA: Uy, ya me fregaron (reímos)
REBECA: El lunes llevo tu currículo y se lo entrego
AYLA: Y sea lo que Dios quiera. ¡Muchas gracias! (desayunamos)
EN LA MANSIÓN...
PARK: Hola, guapo (habló entrando)
GIORGIO: ¿Pediste permiso para entrar? (habló tranquilo tomando mi café)
PARK: Yo soy el permiso, mi querido (me siento y tomo café) Tu comida siempre maravillosa, Cris
CRIS: ¡Gracias!
PARK: Cris cocina increíble
GIORGIO: ¿Y a ti no se te escapa ninguna comida gratis, verdad?
PARK: Y tú adoras cuando vengo a comer contigo (sonrió)
GIORGIO: Japonés
PARK: Vete al diablo (reímos)
GIORGIO: Entonces, ¿todo tranquilo?
PARK: Todo en orden, nada diferente. ¿Qué será de nuestro fin de semana?
GIORGIO: Acabo de quedarme viudo y ¿quieres llevarme de fiesta?
PARK: Aunque estuvieras casado ya ibas
GIORGIO: Creo que si necesito salir y distraerme
PARK: Entonces vamos, tranquilo, sin mujeres
GIORGIO: Dale
MARGARETH: Buenos días, queridos
FABIO: Buenos días
PARK: Buenos días, Marg, Fabio...
GIORGIO: Buenos días
MARGARETH: ¿Y mi nieta, Bel?
ISABEL: Todavía durmiendo, Marg
FABIO: ¿Y tú, Giorgio, ya estás siendo un padre para tu hija?
GIORGIO: (lo encaró) Park, vamos al despacho (salgo y él me sigue)
FABIO: Las ganas que tengo de romperle la cara a este muchacho
MARGARETH: Yo también, pero tengamos calma
ISABEL: Se despertó, ¿vamos? (subimos)
EN EL DESPACHO...
PARK: Amigo, estás siendo un tremendo cobarde
GIORGIO: ¿Perdiste el respeto? ¿Quieres una bala en medio de la frente?
PARK: Ya, no vengas que no te tengo miedo. Y estoy diciendo la verdad, ¿qué tiene que ver la niña con tu frustración?
GIORGIO: Ella mató a Vitoria (habló irritado)
PARK: Nadie mató a Vitoria, Giorgio, deja de ser idiota
GIORGIO: Ya basta con ese tema. No quiero romperte la cara con esos ojos rasgados
PARK: Tú adorarías tener estos ojos (parpadeo varias veces)
GIORGIO: Idiota sería un elogio para ti (reímos) ¿Quieres un whisky?
PARK: ¿A esta hora?
GIORGIO: Para calentar... ¿quieres esa porquería o no?
PARK: Ay, que nerviosa. Ponme una dosis (él me entrega el vaso, tomamos el whisky y nos quedamos conversando)