Durante veinte años, un matrimonio arreglado unió el destino de dos de las familias más poderosas del país. La elegida siempre fue la hija menor de los Moretti. Pero cuando oscuros rumores sobre la crueldad del heredero Volkov salen a la luz, los Moretti toman una decisión despiadada: proteger a su hija favorita… sacrificando a la mayor. Ivonne nunca imaginó que sería entregada como moneda de cambio por las mismas personas que juraron amarla. Sin embargo, descubrirá que el verdadero peligro no siempre se encuentra en el hombre con el que debe casarse, sino en la familia que la abandonó. Porque algunas alianzas se firman con tinta… Y otras, con sangre.
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Las maletas
...Sospecha….siempre está ...
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La noticia se extendió por la mansión Villald al amanecer.
Los empleados caminaban con un cuidado inusual, hablando en susurros cada vez que Ivonne pasaba frente a ellos.
Todos sabían.
La hija mayor sería la nueva señora Volkov.
Ivonne fingía que nada había cambiado.
Desayunó en silencio, revisó algunos documentos pendientes de la empresa y respondió un par de correos. Era una rutina que la mantenía ocupada, como si así pudiera retrasar la realidad.
Pero la realidad llegó después del almuerzo.
—Señorita Ivonne.
Ernesto apareció junto a la puerta de la biblioteca.
—¿Sí?
—Su madre la espera en su habitación.
Eleonora estaba de pie frente a un enorme armario abierto.
Sobre la cama descansaban varias cajas de terciopelo y un par de maletas de cuero.
Cuando Ivonne entró, comprendió de inmediato lo que significaban.
—¿Ya…?
Su madre asintió.
—Los Volkov quieren adelantar la boda.
—¿Cuándo?
—Dentro de cinco días.
Cinco días.
Cinco días para despedirse de la casa donde había vivido toda su vida.
Eleonora abrió una de las cajas.
Dentro descansaba un collar de diamantes.
—Era de tu abuela.
Quería que lo heredara la primera hija en casarse.
Ivonne tomó la joya entre sus manos.
Siempre había imaginado que ese momento sería distinto.
No así.
Nunca así.
—Empieza a guardar tus cosas.
La voz de Eleonora sonó apagada.
—Los Volkov enviarán personal para trasladar todo después de la ceremonia.
Ivonne dejó el collar nuevamente en la caja.
—¿Todo?
—Sí.
Respiró hondo.
—Entiendo.
Se acercó al armario y abrió una de las puertas.
Vestidos.
Trajes.
Libros.
Fotografías.
Toda una vida reducida a un par de maletas.
Una hora después, Ivy apareció en la habitación.
Llevaba los ojos enrojecidos.
—¿Puedo ayudarte?
Ivonne sonrió.
—Claro.
Las dos comenzaron a doblar ropa en silencio.
Era un silencio incómodo.
Pesado.
Hasta que Ivy encontró una vieja caja de madera escondida en el fondo del armario.
—¿Te acuerdas de esto?
La abrió.
Dentro había pulseras hechas con hilo, entradas de cine, fotografías infantiles y pequeñas cartas que se escribían cuando eran niñas.
Ivonne soltó una risa suave.
—Pensé que la habías perdido.
—Jamás.
Ivy tomó una fotografía.
En ella aparecían las dos cubiertas de barro después de jugar bajo la lluvia.
—Ese día mamá casi nos mata.
Las dos rieron.
Fue una risa corta.
Pero sincera.
Después el silencio volvió.
Ivy sostuvo la fotografía unos segundos antes de hablar.
—No quiero que te vayas.
Ivonne dejó de doblar una blusa.
—Yo tampoco quiero irme.
Era la primera vez que lo decía en voz alta.
Las lágrimas comenzaron a acumularse en los ojos de Ivy.
—Todo esto es mi culpa.
—No.
—Sí lo es.
—Mírame.
La menor levantó la cabeza.
—No vuelvas a decir eso.
Nunca.
No elegiste esto.
Ivy bajó la mirada.
—Pero tú tampoco.
La habitación quedó completamente en silencio.
Ivonne no encontró palabras para responder.
Porque era verdad.
Ella tampoco había elegido.
Esa misma tarde, un convoy de automóviles negros cruzó las rejas de la residencia Volkov.
Nikolai entró al despacho de Ivako con una carpeta.
—Señor.
—¿Sí?
—La boda será dentro de cinco días.
Ivako cerró el expediente que estaba revisando.
—Más rápido de lo previsto.
—Los Villald lo solicitaron.
Aquello llamó su atención.
—¿Ellos?
—Sí.
Ivako permaneció pensativo unos segundos.
Era extraño.
La noche anterior habían parecido una familia que necesitaba tiempo para aceptar el cambio.
¿Y ahora querían apresurar la boda?
Algo no encajaba.
—Nikolai.
—Señor.
—Averigua por qué tienen tanta prisa.
—¿Cree que ocultan algo?
Ivako apoyó la mirada sobre la ventana.
—No lo creo.
Estoy seguro.
Y si iba a casarse con una mujer prácticamente desconocida…
Pensaba descubrir toda la verdad antes de que llegara el día de la boda.