Aurelia Rose Everhart lo tenía todo: sangre imperial, belleza y un futuro prometedor. Sin embargo, detrás de las paredes del palacio se escondían conspiraciones, traiciones y personas que deseaban verla desaparecer.
A los diecinueve años, Aurelia es acusada de traición y condenada a muerte. Pero cuando abre los ojos después de morir, descubre que ha regresado al pasado, al momento en que tenía apenas ocho años.
Con todos los recuerdos de su primera vida intactos, Aurelia decide que esta vez no será una princesa manipulada por los demás.
Esta vez cambiará su destino.
Aprenderá magia, construirá alianzas, descubrirá los secretos de su familia y se enfrentará a aquellos que algún día la traicionarán.
Porque Aurelia ya no quiere simplemente sobrevivir.
Quiere convertirse en la mujer que gobierne el Imperio de Elarion.
Pero cambiar el destino tiene un precio...
Y quizá, entre conspiraciones, magia y una peligrosa historia de amor, Aurelia descubra que su primera vida escondía secretos mucho
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Capítulo 7 — La verdad enterrada
Aurelia permaneció inmóvil frente a Elias.
Durante varios segundos no pudo pronunciar una sola palabra.
La verdadera Emperatriz Astral.
Elara Everhart.
Una mujer que había vivido trescientos años atrás y que, según los registros oficiales, jamás había existido.
Aurelia volvió a mirar el libro negro.
—¿Por qué nadie conoce su historia?
Elias suspiró.
—Porque fue eliminada de los registros imperiales.
—¿Por quién?
—Por la propia Familia Imperial.
Aurelia sintió un escalofrío.
—¿Por qué borrarían la historia de su propia antepasada?
Elias la miró seriamente.
—Porque si el pueblo descubre quién fue realmente Elara, también descubriría quién tiene derecho a portar la Corona Astral.
Aurelia comprendió inmediatamente.
—Yo.
—Exactamente.
El silencio llenó la habitación.
Aurelia caminó lentamente hasta la ventana.
—Entonces... ¿yo soy descendiente directa de Elara?
—Sí.
—¿Y mi padre lo sabe?
Elias no respondió.
Aquella ausencia de respuesta fue suficiente.
Aurelia apretó las manos.
—Lo sabe.
—Tu padre conoce una parte de la verdad.
—¿Y Seraphine?
Elias la miró.
—Ella sabe mucho más de lo que debería.
Aurelia sintió que todas las piezas comenzaban a encajar.
La reacción de Seraphine cuando descubrió su Magia Astral.
El símbolo de la Orden del Eclipse.
La conspiración contra Adrian.
El libro.
Su muerte.
Todo estaba conectado.
—Maestro...
Aurelia se giró.
—¿Por qué regresé?
Elias guardó silencio.
—No lo sé.
—Usted dijo que la Magia Astral está relacionada con el destino.
—Sí.
—Entonces debe saber algo.
El anciano se acercó.
—Existe una antigua leyenda.
—¿Cuál?
—Cuando la última heredera de Elara muera antes de cumplir su destino, el Árbol del Destino puede devolver su alma al momento en que todavía exista una oportunidad de cambiar el futuro.
Aurelia abrió los ojos.
—¿Entonces mi muerte provocó mi regreso?
—Quizá.
—¿Y cuál era mi destino?
Elias negó con la cabeza.
—Eso solo tú puedes descubrirlo.
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Al día siguiente, Aurelia decidió investigar por su cuenta.
No podía confiar completamente en nadie.
Ni siquiera en Elias.
La primera persona que decidió buscar fue su padre.
El emperador Lucien se encontraba en su despacho revisando documentos.
Cuando Aurelia entró, levantó la mirada.
—¿Qué necesitas?
—Quiero preguntarte algo.
Lucien dejó la pluma.
—Adelante.
Aurelia caminó hasta el escritorio.
—¿Quién fue Elara Everhart?
El emperador se quedó completamente inmóvil.
Aurelia observó su reacción.
Había acertado.
—¿Dónde escuchaste ese nombre?
—En un libro.
—¿Qué libro?
—Uno antiguo.
Lucien se levantó.
—Aurelia, hay cosas que no debes investigar.
—¿Por qué?
—Porque son peligrosas.
Aurelia dio un paso hacia él.
—¿Más peligrosas que morir?
El emperador palideció.
Aurelia comprendió inmediatamente que había dicho demasiado.
Pero Lucien no preguntó qué quería decir.
Solo la miró fijamente.
—¿Qué recuerdas?
Aurelia sintió un escalofrío.
—¿Qué?
Lucien se acercó.
—Desde que despertaste después de golpearte la cabeza, has cambiado.
Aurelia no respondió.
—Aprendes demasiado rápido.
El emperador continuó.
—Tu magia despertó antes de tiempo.
Aurelia bajó la mirada.
—Y haces preguntas sobre cosas que una niña de diez años no debería conocer.
El silencio fue pesado.
Finalmente, Lucien habló.
—Dime la verdad.
Aurelia levantó los ojos.
—¿Qué verdad?
—¿Quién eres?
Aurelia sintió que su corazón se aceleraba.
No podía decirle que había vivido hasta los diecinueve años.
No todavía.
—Soy tu hija.
Lucien la observó durante unos segundos.
—Eso no es lo que pregunté.
Aurelia sostuvo su mirada.
—Es la única respuesta que puedo darte.
El emperador suspiró.
—Entonces prométeme algo.
—¿Qué?
—No busques la historia de Elara.
Aurelia se sorprendió.
—¿Por qué?
Lucien miró hacia la ventana.
—Porque la última persona que intentó descubrir la verdad murió.
Aurelia sintió que el aire se volvía frío.
—¿Quién?
El emperador no respondió.
—Padre.
—No puedo decirte más.
Aurelia comprendió que no conseguiría respuestas.
Pero había obtenido algo mucho más importante.
Su padre tenía miedo.
Y si el emperador le tenía miedo a un secreto...
ese secreto debía ser enorme.
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Aquella tarde, Aurelia encontró a Kael en el campo de entrenamiento.
El niño practicaba con una espada de madera.
Su cabello negro estaba despeinado y tenía pequeñas gotas de sudor en la frente.
Aurelia cruzó los brazos.
—Estás mejorando.
Kael se giró.
—Tú también.
—¿En qué?
—En ocultar tus pensamientos.
Aurelia sonrió.
—¿Me estás observando?
—Siempre.
Aurelia levantó una ceja.
—Eso suena un poco aterrador.
Kael se puso serio.
—Encontré algo.
Aurelia se acercó.
—¿Qué?
Kael sacó un pequeño documento.
—El símbolo del Eclipse apareció hace diez años en una investigación militar.
Aurelia tomó el papel.
—¿Dónde?
—En la frontera norte.
—¿Quién lo encontró?
—Mi padre.
Aurelia levantó la mirada.
—¿Tu padre sabe sobre la Orden?
—Sí.
—¿Y por qué no me lo dijiste antes?
—Porque quería asegurarme.
Kael se acercó.
—Mi padre sospecha que la Orden del Eclipse está intentando infiltrarse en la Familia Imperial.
Aurelia sintió un escalofrío.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace años.
—Entonces...
Aurelia comenzó a unir las piezas.
—El ataque contra Adrian.
—Probablemente.
—El intento contra mí.
Kael asintió.
—También.
Aurelia apretó el documento.
—Y Seraphine...
Kael la miró.
—¿Crees que ella pertenece a la Orden?
—No lo sé.
Aurelia respiró profundamente.
—Pero voy a descubrirlo.
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Esa noche, Aurelia recibió una carta.
No tenía sello.
No tenía nombre.
Solo una frase.
«Si quieres descubrir quién mató al príncipe Adrian, ven sola al antiguo invernadero a medianoche.»
Aurelia observó la carta.
En su primera vida, había cometido demasiados errores por confiar en personas equivocadas.
Pero esta vez tenía algo que no había tenido antes.
Preparación.
Se puso una pequeña capa negra y salió de su habitación.
Sin embargo, antes de abandonar el pasillo, una voz la detuvo.
—¿A dónde vas?
Aurelia se giró.
Kael estaba allí.
—A ninguna parte.
—Mientes.
Aurelia suspiró.
—Recibí una carta.
Kael la tomó.
Leyó el mensaje.
—No irás sola.
—Kael...
—No.
Su tono fue firme.
—Si es una trampa, necesitamos estar preparados.
Aurelia sonrió.
—De acuerdo.
Ambos se dirigieron al antiguo invernadero.
La luna iluminaba los cristales rotos del edificio.
Aurelia abrió lentamente la puerta.
Dentro no había nadie.
—¿Hola?
Silencio.
Entonces una voz surgió desde la oscuridad.
—Llegaste.
Una figura encapuchada apareció al fondo.
Aurelia dio un paso adelante.
—¿Quién eres?
La figura levantó lentamente una mano.
Un símbolo negro apareció sobre su palma.
El círculo del Eclipse.
Kael sacó su espada.
—¡Aléjate de ella!
La figura soltó una pequeña risa.
—No he venido a hacerles daño.
—Entonces habla —ordenó Aurelia.
La figura bajó la capucha.
Aurelia abrió los ojos.
Conocía ese rostro.
Era una persona que jamás había esperado encontrar allí.
Una persona que en su primera vida había estado a su lado durante años.
—No puede ser...
La persona sonrió.
—Ha pasado mucho tiempo, princesa.
Aurelia sintió que su sangre se congelaba.
Porque aquella persona era alguien que, según sus recuerdos...
había muerto mucho antes que ella.