Segunda parte
Isabella creía haber dejado atrás los secretos del pasado, hasta que un contrato inesperado la obliga a unir su destino con el misterioso heredero Blackwood.
Un matrimonio por conveniencia, una regla que no pueden romper y sentimientos que jamás estuvieron en el contrato. 💍❤️
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Capítulo 12 — La verdadera traición
Isabella permaneció inmóvil.
La persona que estaba frente a ellos acababa de salir de las sombras.
Por un instante, nadie habló.
Damián fue el primero en reaccionar.
—Tú…
La persona levantó lentamente el rostro.
Era Valentina.
Isabella abrió los ojos con incredulidad.
—No puede ser.
Valentina no respondió.
Simplemente los observó con una expresión que Isabella jamás había visto en ella.
No había miedo.
No había sorpresa.
Solo una calma inquietante.
—¿Desde cuándo? —preguntó Damián.
Valentina suspiró.
—Desde mucho antes de que ustedes se conocieran.
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Isabella retrocedió un paso.
—Tú nos ayudaste.
—Sí.
—Estuviste con nosotros.
—Sí.
—¿Y todo este tiempo estabas trabajando para ellos?
Valentina negó.
—No exactamente.
Damián frunció el ceño.
—Entonces explica qué estás haciendo aquí.
Valentina miró hacia la caja que Damián llevaba en las manos.
—Porque necesitaba que encontraran el archivo.
Isabella quedó confundida.
—¿Querías que lo encontráramos?
—Sí.
—¿Por qué?
Valentina bajó la mirada.
—Porque yo no podía hacerlo sola.
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Daniel se colocó detrás de Isabella.
—No confío en ella.
Valentina lo miró.
—Y haces bien.
Damián se acercó.
—¿Quién eres realmente?
Valentina tardó unos segundos en responder.
—Mi nombre no es Valentina.
Isabella sintió un escalofrío.
—¿Entonces cuál es tu nombre?
La joven respiró profundamente.
—Victoria.
Damián quedó paralizado.
—¿Victoria Blackwood?
Valentina asintió.
—Sí.
Isabella miró a Damián.
—Pero Victoria…
—La mujer de la fotografía —dijo él.
Victoria sonrió tristemente.
—La mujer que todos creían muerta.
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Damián no podía apartar la mirada de ella.
—¿Por qué fingiste ser otra persona?
—Porque necesitaba acercarme a ustedes sin que la sociedad supiera que estaba viva.
—¿Y por qué nos ayudaste?
Victoria respondió:
—Porque mi familia estaba a punto de ser destruida.
Sebastián dio un paso adelante.
—¿Dónde estuviste todos estos años?
Victoria lo miró.
—Escondida.
—¿Quién te perseguía?
—La misma persona que persiguió a nuestros padres.
Sebastián apretó los puños.
—¿Y nunca intentaste contactarnos?
Victoria negó.
—No podía.
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Isabella preguntó:
—¿Tú enviaste los mensajes?
—Algunos.
—¿Y los demás?
Victoria negó.
—No.
Damián frunció el ceño.
—Entonces hay otra persona.
—Sí.
—¿Quién?
Victoria miró la puerta.
—Alguien que está mucho más cerca de ustedes de lo que creen.
Alexander dio un paso adelante.
—¿Quién?
Victoria lo observó.
—Tú sabes quién.
Alexander se quedó en silencio.
Isabella lo miró.
—Alexander…
Él negó.
—No.
Victoria respondió:
—No puedes seguir ocultándolo.
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De repente, se escucharon varios golpes.
¡PUM!
La puerta principal tembló.
Daniel se sobresaltó.
—Nos encontraron.
Victoria reaccionó inmediatamente.
—Tenemos que salir.
Damián tomó la caja.
—¿Por dónde?
Victoria señaló un pasillo.
—Por aquí.
Todos comenzaron a correr.
Isabella miró hacia atrás.
La puerta estaba a punto de ceder.
—¡Rápido!
---
Llegaron a un túnel estrecho.
Victoria cerró una puerta metálica detrás de ellos.
Se escucharon pasos al otro lado.
Damián respiró profundamente.
—¿Este túnel a dónde lleva?
—A la antigua mansión Blackwood.
Sebastián la miró.
—Pensé que estaba sellada.
—Lo estaba.
—¿Cómo conoces este túnel?
Victoria respondió:
—Porque yo lo construí.
Damián se quedó sorprendido.
—¿Tú?
—Mi padre me enseñó los planos.
Isabella la observó.
—Entonces sabías todo esto desde hace años.
Victoria negó.
—No todo.
—¿Qué te falta saber?
Victoria la miró directamente.
—Quién está detrás de la organización.
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Cuando llegaron a la mansión, la encontraron completamente vacía.
Victoria cerró las puertas.
—Aquí podemos hablar.
Damián dejó la caja sobre la mesa.
—Empieza desde el principio.
Victoria se sentó.
—Hace más de veinte años, nuestros padres descubrieron que alguien estaba manipulando la herencia de ambas familias.
—¿Quién? —preguntó Sebastián.
—El abogado de la familia.
Damián frunció el ceño.
—¿Nuestro abogado?
—El mismo que llevaba los documentos de Blackwood y de Iglesias.
Isabella sintió un escalofrío.
—¿Todavía trabaja para la familia?
Victoria asintió.
—Sí.
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Damián se levantó inmediatamente.
—¿Quién es?
Victoria respondió:
—Gabriel Montgomery.
Isabella abrió los ojos.
Ese nombre le resultaba conocido.
—Es el abogado que revisó nuestro contrato.
Damián quedó completamente serio.
—Y también fue quien preparó la versión modificada.
Victoria asintió.
—Exactamente.
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Isabella recordó el documento.
La cláusula que había aparecido después de firmar.
El acceso a los archivos.
La información privada.
Todo comenzaba a encajar.
—Entonces Gabriel tiene acceso a todo.
—Sí —dijo Victoria—. Y lleva años manipulando los registros.
Sebastián preguntó:
—¿Por qué?
Victoria respondió:
—Porque quiere controlar la herencia.
Damián negó.
—Eso no explica por qué necesitaba a Isabella.
Victoria miró a Isabella.
—Porque sin ella no puede abrir el archivo completo.
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Isabella tocó el medallón.
—Entonces soy parte del plan.
—Sí.
—¿Desde cuándo?
Victoria bajó la mirada.
—Desde antes de que nacieras.
Isabella quedó en silencio.
Damián se acercó a ella.
—No estás sola.
Victoria observó la escena.
—Precisamente por eso debes tener cuidado.
—¿Con quién?
Victoria miró a Damián.
—Con cualquiera que quiera separarlos.
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En ese momento, la caja metálica comenzó a emitir un pequeño sonido.
Clic.
Todos se giraron.
Damián se acercó.
La tapa se abrió lentamente.
Dentro había un segundo compartimento.
Victoria se levantó.
—Eso no estaba ahí.
Isabella tomó el documento que había dentro.
Era una lista.
Había nombres.
Muchos nombres.
Personas que habían trabajado para Blackwood Holdings.
Personas de la Fundación Aurora.
Abogados.
Empresarios.
Y algunos familiares.
Damián recorrió la lista.
—No…
Isabella observó su rostro.
—¿Qué pasa?
Damián señaló un nombre.
Gabriel Montgomery.
Pero había otro.
Uno que hizo que Isabella sintiera que el mundo se detenía.
Elena Iglesias.
—¿Mi madre? —susurró.
Damián la miró.
—¿Tu madre estaba involucrada?
Isabella negó inmediatamente.
—No puede ser.
Victoria tomó el documento.
—Espera.
Lo revisó.
—Esto no significa que ella fuera parte de la organización.
—¿Entonces?
—Significa que la estaban investigando.
Isabella respiró aliviada.
Pero debajo del nombre de Elena había una anotación.
“Sabe dónde está el archivo.”
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Isabella levantó la mirada.
—Mi madre sabía.
Damián preguntó:
—¿Sabía dónde estaba?
—Eso parece.
Victoria señaló otra línea.
—Y aquí hay algo más.
Debajo aparecía una fecha.
17 de octubre de 2004.
La misma fecha de la fotografía de Victoria.
Isabella recordó la imagen.
—Ese día ocurrió algo.
Victoria asintió.
—Ese fue el día en que nuestros padres decidieron esconder el archivo.
—¿Y después?
Victoria respondió:
—Después desaparecieron.
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Alexander había permanecido en silencio durante toda la conversación.
Isabella finalmente lo miró.
—Tú sabías algo.
Él levantó la mirada.
—Sí.
—¿Qué?
Alexander respiró profundamente.
—Yo conocí a Elena.
Isabella quedó sorprendida.
—¿Cuándo?
—Después de su desaparición.
—¿Dónde?
—En una casa segura.
Damián se acercó.
—¿Está viva?
Alexander asintió.
—Sí.
Isabella preguntó:
—¿Y sabes dónde está?
Alexander miró a Victoria.
Después a Damián.
Finalmente respondió:
—Sí.
El silencio fue absoluto.
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Damián dio un paso adelante.
—Llévame con ella.
Alexander negó.
—Todavía no.
—¿Por qué?
—Porque Elena me pidió que esperara hasta que tuvieran el archivo.
Damián miró la caja.
—Ahora lo tenemos.
Alexander respondió:
—No.
—¿Qué falta?
Alexander señaló el documento.
—La última página.
Isabella revisó la caja.
Estaba vacía.
—¿Dónde está?
Alexander respondió:
—La tiene Gabriel.
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En ese instante, todas las luces de la mansión se apagaron.
Victoria se levantó.
—Nos encontraron.
Damián tomó la mano de Isabella.
—Todos juntos.
Pero antes de que pudieran moverse, el teléfono de Isabella vibró.
Un mensaje.
“Ya descubrieron mi nombre.”
Otro mensaje apareció.
“Ahora descubrirán por qué elegí a Isabella.”
Y finalmente:
“Damián, pregúntale a tu esposa qué ocurrió la noche en que nació.”
Isabella sintió que el corazón se le detenía.
—¿Qué…?
Damián la miró confundido.
—¿La noche en que naciste?
Ella negó.
—No sé de qué está hablando.
Entonces llegó una última fotografía.
Era una imagen antigua del hospital.
En ella aparecía una mujer sosteniendo a un bebé.
Y junto a ella…
Elena Blackwood.
Isabella observó la fotografía sin poder hablar.
Porque acababa de descubrir algo imposible:
Elena había estado presente la noche de su nacimiento.