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Dos Mundos, Un Destino

Dos Mundos, Un Destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Aventura / Completas
Popularitas:544
Nilai: 5
nombre de autor: anónimo 2710

En los pasillos del Instituto Amanecer, Alexandra es una estudiante dulce, amable con todos y que prefiere la tranquilidad de un buen libro y pasar desapercibida. Por su parte, Santiago es el carismático capitán del equipo de natación, el chico popular de hombros anchos y sonrisa fácil que siempre está rodeado de ruido y amigos. En la vida real, apenas cruzan miradas y sus mundos parecen completamente opuestos.
​Pero al caer la noche, todo cambia.
​Cuando las pantallas se encienden y se sumergen en el vasto universo de fantasía de su MMORPG favorito, se transforman por completo: ella es Lady Sol, una guerrera feroz, terca e implacable que defiende el frente de batalla con armadura brillante; y él es Sombra22, un mercenario cínico, astuto y bromista que prefiere las sombras y disfruta al máximo sacarla de quicio. Sin saberlo, son el dúo más explosivo y divertido del servidor, compartiendo horas de risas, peleas virtuales y una química innegable a través del chat de voz.
​Mientras la ten

NovelToon tiene autorización de anónimo 2710 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: El último directo del Canal de la Sombra

La pantalla del monitor parpadeaba con los tonos oscuros y morados característicos de la interfaz de streaming. Santiago llevaba una semana dándole vueltas a la idea, sintiendo que el peso de la dualidad entre su identidad en línea y su vida real ya era demasiado pesado para seguir sosteniéndolo. Los ensayos mentales, las dudas que lo asaltaban por las noches y las largas conversaciones con Alexandra lo habían llevado a tomar una decisión definitiva. Era el momento de dar el salto.

Acomodó la iluminación del estudio improvisado en su habitación, ajustó el ángulo de la cámara web y revisó que el software de grabación capturara el audio con la nitidez perfecta. Sobre el escritorio reposaban los periféricos habituales, pero había una atmósfera distinta en el aire, una carga de adrenalina contenida que le recorría las manos.

—Muy bien, hoy toca hacer un directo especial —se dijo a sí mismo en voz baja, exhalando profundamente para calmar los latidos acelerados de su pecho.

Preparó todas las cosas técnicas, configuró las alertas de los suscriptores y, con un suspiro de resignación nostálgica, se colocó la característica máscara que lo había acompañado durante tantos años en el Canal de la Sombra. Aquella careta plástica con diseños abstractos se habia convertido en su escudo protector, en el muro invisible que separaba al Santiago cotidiano del creador de contenido al que miles de personas seguían fielmente cada noche.

El reloj marcó la hora programada. El indicador de emisión cambió a color rojo y, en cuestión de segundos, la barra lateral se inundó con miles de usuarios conectándose de golpe, saludando con emojis y spam en el chat.

—¡Hola, chicos y chicas del Canal de la Sombra! —saludó Santiago con su tono enérgico habitual, modulando ligeramente la voz por costumbre—. Hoy estaremos probando un nuevo juego que me recomendaron muchísimo en el foro, dicen que la jugabilidad es una locura y los gráficos están a otro nivel. Pero, como todas las noches, no estoy solo en esta tortura; nos acompaña el infaltable, el fastidioso... el oso CR-23.

Desde el otro lado del chat de voz, la distintiva voz sintetizada y ligeramente alterada del bot de compañía que solía usar para interactuar en pantalla —o su compañero habitual de transmisiones— saltó de inmediato con una falsa indignación.

—Hola, chicos y chicas, ¿cómo están? —respondió el sistema con acento exagerado y cómico—. Primero y principal, quiero dejar algo clarísimo para todos los presentes: yo no soy feo, soy un osito hermoso, estéticamente superior y con una presencia inigualable que ya quisieran tener en este chat.

Las risas del público explotaron en el chat con una velocidad vertiginosa. Cientos de mensajes comenzaron a correr por la pantalla: memes del oso, burlas amistosas hacia el avatar y saludos generales para dar inicio a la noche de entretenimiento.

Durante la primera hora y media, todo iba exactamente igual que en cualquier otro directo. Santiago jugaba, se equivocaba en los niveles más difíciles, maldecía en voz baja cuando el personaje moría de forma absurda y respondía a las bromas del chat con la soltura que lo caracterizaba. La dinámica fluía de manera natural, y por un momento, la comodidad de la rutina hizo que Santiago olvidara por completo el vuelco que planeaba darle a la noche.

Sin embargo, conforme el juego se acercaba a su tramo final y la cantidad de espectadores concurrentes alcanzaba su punto más alto de la semana, el ambiente en la habitación comenzó a cambiar. Santiago dejó de prestarle atención a los objetivos secundarios del mapa. Dejó caer las manos sobre el escritorio, apartando ligeramente el teclado, y el silencio comenzó a prolongarse entre una frase y otra, algo sumamente inusual en sus transmisiones.

En el chat, algunos usuarios más atentos empezaron a notar la rareza. ¿Qué pasa? ¿Te mataron en el jefe final? Estás muy callado hoy, bro.

Santiago tragó saliva. Sintió un nudo seco en la garganta, pero sabía que si lo pensaba dos veces, el miedo volvería a ganar terreno. Respiró hondo, ajustó el micrófono y miró directamente a la lente de la cámara, con el parpadeo constante del indicador de grabación recordándole que miles de pares de ojos lo estaban observando en ese preciso instante.

—Bueno... chicos —comenzó diciendo Santiago, y esta vez su voz sonó completamente natural, sin la modulación habitual que utilizaba para proteger su anonimato—. Paramos aquí el juego. Esto... esto sería todo por hoy. Y, de hecho, no es solo el fin del directo de esta noche. Les tengo que dar una noticia muy importante.

El chat se ralentizó por una fracción de segundo ante lo inesperado del tono, para luego acelerarse de forma violenta con preguntas de confusión y sorpresa.

—Esta será mi última transmisión jugando con esto —continuó Santiago, levantando lentamente las manos hacia los costados de su cabeza—. Ha sido un viaje increíble, de verdad. Agradezco cada minuto, cada risa, cada moderador, cada persona que ha estado aquí apoyando el canal durante todo este tiempo. Pero siento que ha llegado el momento de cerrar una etapa.

Sin dudarlo un segundo más, con un movimiento firme pero cargado de un temblor casi imperceptible en los dedos, Santiago se quitó la máscara de golpe y la dejó caer sobre el escritorio con un ruido seco contra la madera.

La cámara capturó por primera vez su rostro al descubierto: el cabello castaño ligeramente revuelto, los ojos marrones brillando bajo el foco de la habitación y una sonrisa nerviosa pero profundamente liberada dibujándose en sus labios.

—Esta es la razón por la que lo dejo —dijo Santiago a la cámara, mirando fijamente a sus seguidores sin ningún escudo de por medio—. Por qué quiero que me conozcan como yo soy en realidad. Mi nombre es Santiago. Y ya no quiero esconderme detrás de un plástico para compartir lo que me gusta con ustedes.

El chat se volvió absolutamente loco. Los mensajes entraban tan rápido que era físicamente imposible leer una sola línea completa; la plataforma incluso comenzó a experimentar pequeñas interrupciones por la avalancha masiva de interacciones simultáneas. Las pantallas se llenaron de emoticonos de sorpresa, corazones, mensajes de apoyo incondicional y expresiones de auténtico shock.

¡¿Santi?! ¡Es una locura! No me lo creo, tiene buena cara ¡Te apoyamos, hermano! ¿Estás bromeando?

Santiago leyó algunas líneas al azar y una carcajada genuina, llena de un alivio indescriptible, brotó de su pecho. Se pasó una mano por la frente, sintiendo que un peso gigantesco acababa de ser desprendido de sus hombros.

—Los mensajes en el chat son demasiado, apenas puedo leer nada —comentó entre risas, negando con la cabeza mientras observaba la locura digital que había desatado en cuestión de segundos—. Pero quiero que sepan que los leo a todos. Y a partir de ahora... las cosas van a cambiar, pero para bien. Seguiré haciendo contenido, pero sin la máscara. Este es un nuevo comienzo para todos nosotros.

El ambiente en la habitación pasó de la tensión absoluta a una calidez reconfortante. El oso virtual en la esquina de la pantalla emitía sonidos de celebración automatizados que ahora resultaban cómicos ante la seriedad del momento emotivo.

Santiago se acomodó mejor en la silla, sintiendo el aire fresco golpear directamente contra su rostro sin la opresión de la careta, sabiendo que del otro lado de la pantalla, en su teléfono, una notificación reciente de Alexandra con un mensaje de orgullo y apoyo lo esperaba.

—Ah, y una cosa más antes de cerrar definitivamente la transmisión de hoy... —añadió Santiago, ladeando la cabeza con una sonrisa traviesa y un brillo cómplice en los ojos—. Mi novia les manda saludos a todos. Buenas noches, familia del Canal de la Sombra; nos vemos en el próximo episodio, ya sin máscaras.

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