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Demasiado Tarde para Arrepentirse: La Mujer que Él Despreció

Demasiado Tarde para Arrepentirse: La Mujer que Él Despreció

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Mujer poderosa / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:181
Nilai: 5
nombre de autor: Sila Reis

Después de dos años viviendo un amor que creía verdadero, Yasemin ve su mundo desmoronarse al descubrir que nunca fue más que una sustituta. Herida y sin mirar atrás, toma una decisión que cambiará por completo su destino: regresar a casa… y aceptar el matrimonio arreglado que alguna vez rechazó.

Lo que nadie sabe es que Yasemin no es solo otra mujer con el corazón roto.
Es la heredera de un imperio.

Criada entre Londres, Milán, Tokio y Zúrich, preparada para liderar y dominar el juego del poder, Yasemin eligió el amor —y pagó un precio muy alto por ello. Ahora, decidida a no volver a ser subestimada, está lista para ocupar el lugar que siempre le correspondió.

Pero el pasado no desaparece tan fácilmente.

Cuando Vicent se cruza de nuevo en su camino, ya no encuentra a la mujer que dejó atrás… sino a alguien a quien ya no puede controlar. Al mismo tiempo, un poderoso y enigmático italiano surge de las sombras, interesado no solo en el apellido que lleva Yasemin, sino en la mujer en la que se está convirtiendo.

Entre secretos, poder, venganza y sentimientos no resueltos, Yasemin tendrá que decidir:
hasta dónde está dispuesta a llegar para no volver a ser rota jamás.
Y si aún queda espacio para el amor… después de todo.

NovelToon tiene autorización de Sila Reis para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 01

Yasemin se quedó algunos segundos mirando la pantalla iluminada del celular antes de armarse de valor.

El viento de la noche soplaba entre los edificios altos de Chicago, deslizándose por las avenidas anchas y frías de la ciudad. Allá abajo, las luces de los autos formaban ríos de brillo rojo y blanco que se extendían por las calles como si nunca fueran a terminar.

A lo lejos, el Lago Míchigan reflejaba las luces de la ciudad, creando un brillo plateado en el horizonte.

Chicago nunca dormía.

Pero en aquel momento, para Yasemin, parecía que todo el mundo se había detenido.

Estaba sola en la acera frente al restaurante de lujo del que acababa de salir.

Sola…

Con el corazón hecho pedazos.

Sus dedos sostenían el celular con fuerza, como si el pequeño aparato fuera lo único que aún la mantenía en pie.

Durante dos años, aquel teléfono guardó mensajes dulces, promesas, fotos y planes de un futuro que ahora parecían solo una mentira bien contada.

Respiró hondo.

Una vez.

Dos.

Tres.

Entonces sus dedos finalmente se movieron.

Marcó un número que conocía de memoria… pero al que no llamaba desde hacía años.

El teléfono comenzó a sonar.

Una vez.

Dos.

Tres.

Cuatro.

Cada tono parecía más fuerte que el anterior.

Cuando la llamada finalmente fue contestada, Yasemin sintió que el pecho se le apretaba como si algo se estuviera partiendo dentro de ella.

Cerró los ojos.

— Hola, papá.

Del otro lado de la línea hubo algunos segundos de silencio.

Era una llamada inesperada.

Muy inesperada.

Yasemin tragó saliva.

— Yo… acepto el matrimonio arreglado.

Las palabras salieron más calmadas de lo que imaginaba.

Casi serenas.

— Voy a volver a casa en unos días.

Como si aquella decisión hubiera sido tomada mucho antes… solo que tardara en ser dicha en voz alta.

El viento frío sopló nuevamente por la avenida, haciendo que el cabello oscuro de Yasemin se moviera suavemente bajo la luz de los postes.

Estaba de pie bajo uno de ellos.

Sola.

La cabeza erguida.

La mirada perdida en el cielo oscuro de la ciudad.

💭 Así que así es como termina…

💭 Dos años… y todo lo que fui para él fue solo una sustituta.

💭 Una sombra.

💭 Una distracción.

💭 Mientras él seguía amando a otra mujer.

El pensamiento le apretó el pecho con fuerza.

💭 Vicent…

💭 Te esperé.

💭 Creí en ti.

💭 Ignoré todas las señales.

💭 Y al final… tú la elegiste a ella.

Sus dedos apretaron el celular con fuerza.

💭 Summer.

💭 Siempre fue ella.

💭 Siempre.

Del otro lado de la línea, la voz de su padre finalmente apareció.

— Yasemin… ¿pasó algo?

Abrió los ojos lentamente.

— No… nada importante.

Su voz estaba calmada.

Increíblemente calmada.

— Solo… me cansé de huir.

Miró hacia la avenida transitada frente a ella.

— Quiero casarme.

Una pequeña pausa.

— Quiero tener una vida estable.

Del otro lado de la línea, el silencio era pesado.

Entonces Yasemin continuó.

— En el pasado estuve equivocada.

Respiró hondo.

— Fui inmadura… infantil. No debería haber peleado contigo y salido de casa de esa manera.

Sus palabras parecían una confesión.

— Ahora lo entiendo.

Miró hacia el horizonte de la ciudad.

— En cuanto resuelva algunas cosas aquí en Chicago… vuelvo a Londres.

La llamada terminó pocos minutos después.

Pero Yasemin siguió de pie ahí.

Inmóvil.

Como si el mundo hubiera cambiado de dirección sin pedir permiso.

Durante mucho tiempo caminó por las calles.

Sin rumbo.

Sin prisa.

Los rascacielos se alzaban gigantescos a su alrededor, iluminados por miles de ventanas brillantes.

Chicago era una ciudad enorme.

Pero aquella noche, Yasemin se sentía increíblemente pequeña.

💭 De verdad creí que me amaba.

💭 Qué tonta fui.

💭 Vicent… ¿acaso sentiste alguna culpa?

💭 ¿O simplemente fue más fácil decidir volver con ella…

💭 La mujer que nunca olvidaste?

Sus pasos resonaban por la acera.

Cada paso parecía cargar recuerdos.

Dos años.

*Dos años enteros* al lado de Vicent.

*Dos años* intentando ser perfecta.

Tratando de ser suficiente.

Creyendo ser… amada.

Y al final…

Nunca lo fue.

Cuando Yasemin finalmente regresó al penthouse, el reloj ya pasaba de las once de la noche.

En cuanto entró, el ama de llaves apareció en el pasillo sosteniendo un pequeño tazón.

— ¡Señorita Yasemin! Qué bueno que llegó.

Era Ana.

Caminó hasta Yasemin con una sonrisa amable.

— Vi que usted preparó el caldo para el señor Vicent. Es bueno para su estómago.

Levantó el tazón con cuidado.

— Vi que se había enfriado, así que lo calenté de nuevo.

La mujer sonrió.

— Ya iba a llevárselo… pero ya que usted llegó, ¿por qué no se lo lleva personalmente?

Yasemin simplemente asintió.

Sin decir nada.

Tomó el tazón.

Subió las escaleras lentamente.

Cada escalón parecía resonar en el silencio de la casa.

Cuando llegó a la habitación, empujó la puerta despacio.

El lugar estaba vacío.

La silla frente al escritorio permanecía vacía.

Pero la computadora estaba encendida.

La pantalla iluminaba el ambiente con una luz azulada.

Vicent no estaba ahí.

Del baño venía el sonido continuo del agua de la regadera.

La luz estaba encendida.

Yasemin dejó el tazón sobre el escritorio.

— Duchándose tan temprano hoy… —murmuró.

Fue entonces cuando algo llamó su atención.

Un sonido repetitivo.

Notificaciones.

La computadora de Vicent tenía WhatsApp Web abierto.

Y los mensajes no dejaban de llegar.

Yasemin se quedó paralizada por algunos segundos.

Algo dentro de ella se tensó.

Un presentimiento.

Despacio… tomó el mouse.

Hizo clic en la pantalla.

La conversación abierta era con alguien llamada:

Summer.

El corazón de Yasemin se disparó.

Y entonces el mensaje apareció ante sus ojos.

📩 Summer:

Vicent, estoy volviendo. Mi vuelo aterriza en una hora en el aeropuerto. ¿Puedes venir a buscarme?

Yasemin se quedó completamente inmóvil.

El mensaje había sido enviado hacía diez minutos.

Diez minutos.

Volvió a escuchar el sonido del agua cayendo en el baño.

Vicent se estaba duchando.

Para salir.

Para ir a buscarla.

💭 Así que eso es todo…

💭 Ni siquiera intentó esconderlo.

💭 Ni por un segundo.

Sus ojos permanecieron fijos en la pantalla.

💭 Summer volvió.

💭 Y Vicent…

💭 corrió hacia ella.

Su primera novia.

Su verdadero amor.

¿Y Yasemin?

Ella solo sonrió.

Una sonrisa silenciosa.

Triste.

Pero decidida.

💭 Está bien, Vicent.

💭 Ahora me voy.

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