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La Doctora Del Padrino

La Doctora Del Padrino

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Completas
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

El jefe mafioso más temido de España, Damon Burgos, conocido como el Padrino, gobierna con puño de hierro y sin piedad. Christine, una brillante cirujana, carga con un odio profundo hacia él: fueron los hombres de su banda quienes acorralaron a su madre hasta llevarla al suicidio. Damon la ha observado durante meses, deseándola con una intensidad que lo consume, y exige que ella le dé el heredero que su imperio necesita. Christine se niega, y para escapar de su destino, acepta casarse con un hombre que cree que la protegerá. Pero Damon no permite que nadie le quite lo que es suyo. Irrumpe en la boda, la lleva a su fortaleza y la encierra. Cuando un enemigo de Damon la droga para atacarlo a través de ella, él pierde el control y hará cualquier cosa, destruir ciudades, matar ejércitos, con tal de salvarla. Y entre el odio y el peligro, arde un deseo que ninguno de los dos puede apagar.

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Capítulo 2 — La Boda y la Captura

La iglesia era pequeña, de piedra antigua desgastada por el tiempo, escondida entre las calles estrechas de un pueblo a las afueras de Madrid, tan apartada que parecía pertenecer a otro siglo. La luz entraba por las vidrieras teñida de azul y oro, dibujando manchas de color sobre los bancos de madera, y el silencio solo se rompía por el suave sonido del órgano, una melodía dulce y triste que parecía un presagio. Christine caminaba por el pasillo central, con el corazón latiéndole tan fuerte que temía que todos pudieran oírlo, el vestido blanco de encaje flotando a su alrededor como una promesa frágil de libertad. Javier la esperaba en el altar, con una sonrisa dulce y segura, el hombre que creía que la salvaría, que la protegería de la oscuridad que la perseguía. Nadie sabía de su boda. Solo ellos dos y el sacerdote. Pensaban que así podrían escapar, que en la discreción encontrarían su refugio.

—¿Aceptas a Javier como tu esposo? —preguntó el sacerdote, su voz tranquila y serena, ajena al torbellino que se avecinaba.

Christine abrió la boca para responder, para decir "sí" y sellar su huida, pero las palabras se le quedaron atrapadas en la garganta, convertidas en un suspiro ahogado. Las puertas de la iglesia se abrieron de golpe con un estruendo que hizo temblar los muros y apagó las velas con una ráfaga de viento frío. En el umbral apareció él. Damon Burgos. Su silueta se recortaba contra la luz cegadora del sol de mediodía, pareciendo más una sombra viva que un hombre, una criatura hecha de oscuridad, voluntad de hierro y una furia silenciosa que pesaba en el aire como plomo.

El silencio que cayó sobre el lugar fue absoluto, aterrador. Javier dio un paso adelante, interponiéndose entre Christine y él, aunque ella podía ver cómo le temblaban las manos apretadas a los costados, el miedo que se le escapaba por cada poro.

—Sal de aquí —dijo Javier, con voz que intentó ser firme pero quebró por completo, como cristal contra el suelo—. No tienes derecho a estar aquí. Esto no te incumbe.

Damon no respondió ni una palabra. Caminó por el pasillo, lento, pausado, cada paso calculado, pesado, como un depredador que sabe que su presa no tiene a dónde huir y disfruta saboreando el momento. Sus ojos, oscuros y ardiendo, no se apartaron de Christine ni un instante, y en ellos ardía un fuego de celos, posesión y hambre tan intenso que ella sintió que le quemaba la piel, que la desnudaba con solo mirarla.

—¿Creíste que podrías huir de mí, doctora? —dijo él, su voz resonó en toda la iglesia, grave y cargada de una furia contenida que amenazaba con estallar—. ¿Creíste que podrías darte a otro hombre, vestirte de blanco y pertenecerle a él? ¿Que yo lo permitiría?

—¡No te pertenezco! —gritó Christine, retrocediendo un paso, sintiendo cómo las lágrimas le quemaban los ojos—. No soy tu propiedad. Nadie me posee. ¡Déjanos en paz!

—Eres mía —respondió él, con una firmeza absoluta, irrompible—. Lo fuiste desde el primer momento en que te vi caminando por el pasillo del hospital, con esa bata blanca y esa mirada que desafiaba al mundo. Y nadie, nadie, se atreve a tocar lo que es mío. Nadie se atreve a tomarlo.

Javier intentó hablar, intentó resistirse, pero dos hombres que habían entrado detrás de Damon lo sujetaron con fuerza y lo arrastraron hacia un lado, a pesar de sus gritos y sus luchas inútiles. Christine dio un paso hacia él, horrorizada, pero Damon la tomó del brazo, su agarre era firme, no le dolía, pero era imposible de soltar, una prisión hecha de piel y músculo. El contacto de su mano le provocó un escalofrío que recorrió todo su cuerpo, un temblor que no sabía si era de odio, de miedo o de ese deseo maldito que no lograba apagar.

—Vámonos —ordenó él, y la obligó a caminar hacia la salida, hacia el coche negro que esperaba con el motor en marcha.

—¡Te odio! ¡Te odio con toda mi alma! —gritó ella, luchando con todas sus fuerzas, aunque sabía que era inútil, que desde el momento en que él apareció, todo estaba perdido.

—Odia lo que quieras —respondió él, sin mirarla, pero su voz se había vuelto más suave, casi dolorosa, como si sus propias palabras le dolieran—. Pero no te voy a dejar ir. Nunca. Antes dejaría que el mundo se queme antes que soltarte.

El viaje fue silencioso, pesado, lleno de cosas no dichas. Christine miraba por la ventana cómo las calles pasaban veloces, cómo la ciudad se alejaba y daba paso a colinas oscuras y bosques cerrados, sintiendo que su libertad se alejaba con cada kilómetro, que se desvanecía como el humo. Llegaron a una fortaleza antigua, construida sobre una colina imponente, rodeada de muros altos y jardines oscuros que parecían no tener fin. Era hermosa, majestuosa, pero también una prisión disfrazada de palacio, una jaula de piedra y lujo.

Damon la llevó a una habitación enorme, con paredes de piedra gris, una cama grande con doseles de terciopelo burdeos y una chimenea que ardía con fuerza, lanzando sombras danzantes por todas partes. Cerró la puerta con llave y se quedó de pie frente a ella, observándola, como si estuviera memorizando cada detalle de su rostro, cada gesto, cada temblor.

—Aquí estarás segura —dijo él, rompiendo el silencio—. Aquí nadie te hará daño. Nadie te separará de mí. Y aquí, poco a poco, olvidarás todo lo que no soy yo. Olvidarás ese mundo que no pudo protegerte.

—Esto es una locura —susurró ella, con la voz quebrada, sintiéndose pequeña frente a él—. No puedes tenerme así. El amor no se fuerza. No se toma a la fuerza.

—El amor no —respondió él, acercándose lentamente, reduciendo la distancia entre ellos poco a poco—. Pero el deseo, la pasión, la necesidad… esas sí se pueden encender. Y sé que tú también lo sientes. Mírame, Christine. Dime que no sientes nada cuando te acerco. Dime que no ardes igual que yo.

Él levantó una mano y le rozó la mejilla con el dorso de los dedos, un roce suave, casi tierno, que contrastaba con todo lo que era. Christine cerró los ojos, porque no podía mentir, ni a él ni a sí misma. En ese toque había furia, había dolor, había rabia, pero también había un deseo tan profundo, tan real y desgarrador, que amenazaba con arrastrarla consigo, con ahogarla en él. Y en la oscuridad cálida de esa habitación, supo que la batalla apenas comenzaba, que lo que vendría sería mucho más peligroso que cualquier cerrojo o cualquier prisión: sería la batalla contra sí misma, contra ese fuego que crecía sin que pudiera evitarlo.

...Y en ese instante, supo que ya no tenía escapatoria....

...CONTINUARÁ ...

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1
MAR
👏
Eliana Angulo
estuvo interesante tu novela, la recomiendo 👏👍
Eliana Angulo
🤣🤣 dicho y hecho una empleado los traicionó y de confianza que no es lo mismo.. ella también tan 🤬le dice que no reciba nada y lo hace.. hay tiene
Eliana Angulo
ahora los traiciona algún empleado 🤔
Eliana Angulo
Y no decía que quería su libertad 🤔 y ahora que se la estando no la quieren ... quién la entiendo 🤣🤣
Eliana Angulo
Y no decía que quería su libertad 🤔 y ahora que se la estando no la quieren ... quién la entiendo 🤣🤣🤭
Eliana Angulo
🤣🤣 me das todo menos mi libertad... y está más enamorada
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Exacto! Le quitó su libertad… pero le dio algo que valía mucho más: amor, protección y un hogar donde sentirse por fin libre de verdad. No la encadenó a su casa… la encadenó a su corazón. Gracias por leerla con tanto sentimiento
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Eliana Angulo
cómo dice un refrán del Odio al Amor solo hay un paso.. y ella está que pérdida
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: ¡Así es! 💥 Ese paso fue el más difícil y el más hermoso de todos… porque al cruzarlo descubrió que lo que sentía no era odio, sino amor escondido detrás del dolor. ❤️‍🔥 Gracias por esa frase tan bonita, ¡es perfecta para ellos dos!
total 1 replies
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