Un brote biológico impredecible de origen desconocido transforma a la frenética ciudad de Bogotá en un Infierno claustrofóbico. Atrapados en la intersección entre la vida y la muerte —un complejo residencial contiguo al ala médica del Hospital San José—, Sofía y Mateo enfrentarán una pesadilla donde el peligro no solo proviene de infectados sedientos de sangre e implacables, sino de las mismas estructuras de un edificio surrealista que parece jugar con la lógica espacial y la gravedad. Separados por el azar, las decisiones apresuradas y el terror, su única salida será sobrevivir piso por piso en una odisea de 50 niveles de angustia, con el único fin de volver a sostener la mano del otro.
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EL ALA DE TRIAJE
El piso 3 no albergaba la arquitectura residencial del edificio, sino una estructura fría y funcional: la manga de empalme que conectaba la torre de apartamentos con la sección de Urgencias y Triaje del Hospital San José.
Sofía dejó atrás la pesada guillotina cortafuegos que la separaba de Mateo y subió los peldaños finales de la escalera de servicio técnico. Empujó una puerta de vaivén con visor de acrílico y se adentró en el pasillo de tránsito médico.
Aquí no había fenómenos extraños, sino la cruda realidad de un centro asistencial desbordado. El suelo de vinilo blanco estaba cubierto por una pátina de sangre derramada, camillas volcadas, soportes de suero aplastados y cientos de mascarillas N95 usadas y esparcidas como hojas secas. El aire olía de forma sofocante a desinfectante concentrado, formaldehído y fluidos biológicos en descomposición.
Las luces fluorescentes parpadeaban intermitentemente por la sobrecarga de la planta eléctrica del hospital. A través de los ventanales laterales que daban a la calle 8, el ruido exterior era desolador: explosiones lejanas de vehículos incendiados y el aullido constante de sirenas que ya nadie atendía.
Sofía avanzó pegada a la pared de azulejos, sujetando la llave inglesa con ambas manos. Al pasar junto al módulo de recepción de Triaje, observó una serie de monitores clínicos encendidos. En uno de los escritorios, un radio de comunicación interna emitía una estática constante intermitida por la voz entrecortada de una enfermera:
—...aislamiento en zona cero fallido... la cepa es volátil... repito, transmisión por microgotas aerotransportadas en espacios cerrados... el personal expuesto sin respirador presenta síntomas en menos de ocho minutos...
La voz del radio se cortó en un silbido de interferencia.
Sofía se llevó rápidamente la mano a la boca. Sintió una punzada de terror helado en el pecho. Llevaban casi una hora respirando el aire confinado del edificio y del hospital sin ningún tipo de mascarilla ni protección respiratoria. Sin embargo, no sentía fiebre, náuseas ni la tos violenta que se escuchaba al fondo de los pasillos.
¿Por qué ellos no se habían contagiado?
Sus pensamientos se interrumpieron bruscamente. Al fondo del pasillo, la puerta de cristal templado de la Sala de Rayos X cedió con un chasquido. De la penumbra salieron tres figuras vestidas con pijamas quirúrgicas manchadas de sangre. Caminaban con una descoordinación biomecánica aterradora, como si el sistema nervioso motor sufriera descargas eléctricas continuas. Sus rostros presentaban hematomas severos y los ojos totalmente ensangrentados por hemorragias subconjuntivales.
Una de las criaturas alzó la vista, olfateó el aire cargado de cloro y emitió un silbido gutural al detectar la presencia de Sofía.
Sin dudarlo, Sofía corrió hacia la puerta de mantenimiento del ala de aire acondicionado, buscando una ruta hacia el conducto de extracción que conducía al piso 4.
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PERFIL DE PERSONAJES PRINCIPALES
Sofía (28 años): Diseñadora gráfica independiente. De estatura media, cabello castaño ondulado que suele llevar recogido en situaciones de estrés, tez clara y ojos avellana profundamente expresivos. Es observadora, intuitiva y analítica en momentos de crisis; su mente está acostumbrada a buscar patrones, lo que le permite notar anomalías en el entorno donde otros solo ven caos. Sin embargo, cuando el pánico extremo la sobrepasa, sufre episodios de parálisis hiperventilatoria.
Mateo (31 años): Ingeniero biomédico. Alto, de tez morena clara, cabello negro corto y barba ligera de unos pocos días. Su trabajo en el mantenimiento de equipos hospitalarios de alta complejidad lo convierte en alguien técnico, práctico y con conocimientos en anatomía y herramentaje. De carácter impulsivo y protector, su prioridad absoluta es la integridad de Sofía, aunque esa misma desesperación a menudo lo lleva a tomar riesgos precipitados.