Descripción
Esta historia comienza con Samantha, una joven universitaria de 21 años que siempre ha dicho que le gustan los hombres mayores, porque los considera más maduros y seguros de sí mismos. Un día conoce a un hombre de 31 años que ya tiene un compromiso sentimental. Sin embargo, su relación está llena de discusiones y problemas constantes, y él siente que cada vez se distancia más de su pareja. Entonces conoce a Samantha. Entre ambos nace una conexión que ninguno esperaba, pero que los lleva por un camino complicado. Ella terminará convirtiéndose en su amor prohibido, mientras él deberá enfrentar las consecuencias de sus decisiones.
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Capítulo 16: Mi novia caleña
Hola, mi nombre es Keiner Pacheco, tengo 18 años y soy de Santa Marta, Colombia. Soy un pelao bastante tranquilo, aunque tengo que reconocer algo: para los estudios nunca he sido el más aplicado.
Actualmente estoy en primero de bachillerato. Sí, ya sé lo que están pensando: “¿Cómo así que con 18 años apenas está en primero?”. Pues sí, mi gente. He perdido varios años y por eso voy atrasado. La verdad me da pena contarlo, pero tampoco voy a inventar una historia diferente.
Algún día espero ponerme las pilas y sacar adelante mis estudios.
A Selene la conocí por redes sociales. Todo empezó cuando me apareció su perfil. Vi que era una muchacha de Cali, de 16 años, y que todavía estaba estudiando en el colegio. Me llamó la atención su forma de expresarse y decidí mandarle una solicitud.
Ella la aceptó.
—Hola —le escribí.
—Hola, ¿quién sos? —me respondió.
—Soy Keiner, de Santa Marta.
—Ah, mucho gusto.
Desde ahí empezamos a hablar.
Al principio eran conversaciones sencillas: que cómo estaba, qué hacía, qué música le gustaba, cómo le iba en el colegio y cosas así.
A mí me daba risa cuando ella utilizaba palabras de Cali.
—Vos sí hablás bonito —le decía.
—¿Bonito? ¿Cómo así? —me preguntaba.
—No sé, ustedes los caleños tienen una forma diferente de hablar.
Ella se reía.
—Y vos hablás como costeño.
—Porque soy costeño, ¿qué esperabas?
Con el paso de los días nos fuimos agarrando confianza.
Selene me contaba sobre sus clases, sus compañeras y las cosas que quería hacer en el futuro. Yo también le contaba sobre mi vida en Santa Marta.
Después de varias semanas sentí que ya no quería que solamente fuéramos amigos.
Una noche decidí preguntarle.
—Selene, te quiero decir algo.
—Decime.
—Me gustás bastante y quisiera saber si querés ser mi novia.
Ella tardó un rato en responder.
Yo estaba mirando el celular cada dos segundos.
Finalmente apareció su mensaje.
—Sí, Keiner. Podemos intentarlo.
Sonreí como un bobo.
Desde ese momento comenzamos nuestra relación.
Selene era bastante responsable con el colegio. Yo, en cambio, tenía que reconocer que necesitaba que me empujaran para hacer las tareas.
Por eso casi todos los días recibía el mismo mensaje.
Selene: Amor, ¿ya hiciste los deberes?
Yo miraba el cuaderno que tenía completamente vacío.
Keiner: Ay, amor, ya mismo los hago.
La respuesta de ella era inmediata.
Selene: No, señor. Ahora.
Yo soltaba una carcajada.
—Esta muchacha parece mi mamá.
Le escribía:
Keiner: Parecés mi mamá, así mismo es esa señora.
Selene: Pues haceme caso.
Keiner: Pero es que estoy cansado.
Selene: ¿Y yo qué? También estoy cansada y tengo que estudiar.
Keiner: Bueno, bueno. Ya voy.
Selene: No me digás “ya voy”. Andá a hacerlos.
—¡Ave María! —decía yo riéndome.
Pero sabía que tenía razón.
Una tarde estaba hablando con ella mientras tenía los cuadernos sobre la mesa.
—¿Qué tarea tenés? —me preguntó.
—Matemáticas.
—¿Ya la empezaste?
—Todavía no.
—Keiner...
—¿Qué?
—Hacela.
—Sí, señora.
—No me digás señora.
—Es que parecés una profesora.
Ella comenzó a reírse.
—Pues si no hacés los deberes, te va a tocar repetir.
—No me asustés.
—Entonces estudiá.
Aunque me molestaba que me estuviera recordando las tareas, en el fondo sabía que necesitaba esa ayuda.
Yo quería mejorar.
Me daba pena estar tan atrasado para mi edad y sabía que no podía seguir dejando todo para después.
—Selene —le dije una noche—, algún día quiero terminar el colegio y demostrar que sí puedo.
Ella me respondió:
—Claro que podés. Pero tenés que empezar por hacer las tareas de hoy.
Me quedé pensando.
—Tenés razón.
—Siempre tengo razón.
—Tampoco te agrandés.
Los dos nos reímos.
Así era nuestra relación: muchas conversaciones, bromas y también momentos en los que ella intentaba ayudarme a ser más responsable.
Ella desde Cali, yo desde Santa Marta.
Dos ciudades diferentes, dos formas de hablar distintas y dos adolescentes viviendo una etapa completamente nueva.
Y aunque yo todavía tenía mucho que mejorar, estaba dispuesto a intentarlo.
porque prácticamente los únicos que tuvieron un final feliz fue Santiago con Samantha y sus hijos Selene y su esposo y sus hijas y ya 😡
a mi lo que me da a entender es que Selene si se olvido de su madre y que al final Samantha se quedo con el lugar de su madre
Con uno era suficiente.
Si ya no quiere a la esposa, pues empezar el trámite del divorcio y volver a hablar con ella y la hija.
Si está interesado en Samantha, también ser honesto y maduro para decirle la realidad de su situación y dejar que ella tome la decisión de si continuar con la incipiente relación.
Así cómo va, sólo crearà conflictos entre todos y se sentirán traicionadas por él.
gracias por compartir esta atrapante movida interesante novela 💥✨❤️🧬🌹🇨🇴🌹🇨🇴