Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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RECLAMOS
Por más que intentaron consolarlo, cantarle o rodearlo de sus juguetes favoritos, nada funcionaba.
Pasó una hora entera de llanto ininterrumpido hasta que el cuerpo del pequeño Luca, agotado por el sufrimiento emocional, comenzó a arder. Sus mejillas se tiñeron de un rojo febril y su respiración se volvió errática.
El orgullo de Lesly, incluso viendo a su hijo arder en fiebre, se negó rotundamente a buscar al "secuestrador" en los calabozos; en su lugar, ordenó llamar de urgencia al pediatra de cabecera de la familia.
Tras una minuciosa revisión que pareció eterna, el doctor suspiró, guardando su estetoscopio mientras miraba a Lesly con gravedad.
“Físicamente, Luca está perfectamente sano, señora Acuña, no hay infección. Sin embargo, es evidente que está atravesando un cuadro severo de estrés y profunda tristeza. En niños de su edad, una aflicción emocional tan fuerte se somatiza rápidamente en forma de fiebre alta”
El silencio que siguió a las palabras del médico fue aplastante.
Lesly contempló a su hijo, que descansaba con la frente sudorosa y un hilo de voz que aún susurraba por "papá" en sus sueños febriles.
El peso de la realidad terminó por doblegar su postura Suspiró profundamente, asintiendo con una mezcla de derrota y amargura.
“Está bien…” sentenció Lesly, cruzándose de brazos mientras una chispa de su habitual frialdad regresaba a sus ojos “Lo llevaré a ver a ese hombre. Pero solo lo hago por la salud de mi hijo y más le vale tener una explicación convincente”
El pequeño Luca, cuyo oído se había agudizado por la desesperación, logró escuchar las palabras de su madre.
A pesar de la debilidad que le provocaba la fiebre, reunió las pocas fuerzas que le quedaban y se incorporó en la cama “Vamos, por favor…” susurró con un hilo de voz, mirándola con ojos suplicantes.
Lesly rodó los ojos, asfixiada por una mezcla de frustración y derrota. Sin decir más, tomó a su hijo en brazos, lo acomodó en el asiento trasero de su lujoso auto y encendió el motor.
El trayecto hacia la comisaría se sintió eterno, envuelto en un silencio denso y cargado de reproches invisibles.
Al cruzar las puertas de la delegación, la altivez de Lesly se hizo notar de inmediato exigió hablar con el recluso.
Mientras tanto, en la penumbra de su celda, Rodrigo empezaba a rendirse ante la desesperanza. Con la frente apoyada en los fríos barrotes, se preguntaba cómo un acto de pura bondad había terminado por arruinar su vida.
De pronto, el chirrido de la cerradura metálica interrumpió sus lúgubres pensamientos.
Un oficial se acercó con rostro inexpresivo “Sal. Quieren hablar contigo” ordenó, abriendo la reja.
Rodrigo cerró los ojos por un segundo, agradeciendo a Dios en un ruego silencioso, y salió al pasillo con paso firme pero cauteloso.
En la sala de visitas, la puerta se abrió. Luca, que descansaba en el regazo de Lesly, abrió los ojos de par en par al ver la figura de Rodrigo.
Sin dudarlo, se deslizó de los brazos de su madre y corrió, lanzándose al encuentro de Rodrigo.
“¡Perdona a Luca, papá!” sollozó el niño, escondiendo su rostro empapado en lágrimas en el hombro del joven “¡Perdóname, por mi culpa estás aquí!”
El corazón de Rodrigo se ablandó al instante, estrechó al pequeño contra su pecho, acariciándole la espalda con ternura “Ya, pequeño, no llores más. Todo está bien, de verdad…” lo consoló con suavidad.
Sin embargo, al rozar con sus dedos la mejilla y la frente de Luca, Rodrigo se tensó. El calor que desprendía la piel del niño era alarmante.
Una chispa de indignación y pura rabia se encendió en el pecho de Rodrigo, clavó en Lesly una mirada gélida, afilada e imponente, desprovista de cualquier temor hacia su posición social.
“¿Qué clase de madre tan irresponsable eres?” escupió Rodrigo, con una voz que resonó como un latigazo en las paredes de la comisaría “¿No te das cuenta de que el niño se cae de fiebre mientras tú estás ahí sentada, con los brazos cruzados, sin hacer absolutamente nada?”
Lesly se quedó petrificada, el aire pareció congelarse en sus pulmones. ¿Cómo era posible que un simple hombre con la ropa gastada, se atreviera a hablarle en ese tono de superioridad moral? La indignación le tiñó las mejillas de un rojo encendido.
“¿Cómo te atreves?” siseó Lesly, poniéndose de pie de un salto, con los puños apretados “Cierra la boca ahora mismo o yo me encargaré de que…”
“¿O qué? ¿Me vas a encerrar otra vez de forma injusta?” la interrumpió Rodrigo, dando un paso hacia ella, sin retroceder un solo milímetro “Adelante, hazlo. Es más fácil culpar a un inocente que aceptar tu propia incompetencia. Eres una madre irresponsable que no sabe cuidar a su propio hijo, lo pierde en un lugar público y luego desquita su culpa con quienes de verdad lo protegieron”
Lesly abrió la boca para defenderse, pero las palabras se le atoraron en la garganta. La contundencia del reclamo la dejó desarmada, con el rostro encendido de rabia y una humillación que no había sentido en años.
“Tú no sabes nada de mí” logró articular con voz temblorosa “Deberías escuchar primero...”
“¿Hablas de escuchar antes de actuar?” la confrontó Rodrigo, con la ironía amarga dibujada en el rostro “Qué curioso que lo diga la misma mujer que ni siquiera se tomó la molestia de preguntar qué había pasado. Encontré a tu hijo solo en un área peligrosa de descarga. Fui a dar aviso a la policía por la tarde y lo único que recibí de ellos fue un trato déspota y la orden de regresar al día siguiente porque estaban ocupados. ¿Qué se suponía que hiciera? ¿Dejarlo solo en la calle? Lo llevé a mi casa, lo alimenté con lo único que tenía, mi familia lo cuidó y lo protegió… ¿Y cuál fue mi recompensa? Que me arrastraran aquí como a un maldito criminal. ¡No me hables de escuchar!”
cárcel sus atacantes también. sus compañeros son cómplices no hicieron nada por Yuli Rodrigo la salvó
Renato se va a arrepentir cuando vea lo que paso
😡😡😡😡