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La Segunda Oportunidad de Blanca

La Segunda Oportunidad de Blanca

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Venganza / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:387
Nilai: 5
nombre de autor: Kayanne

Blanca lo dio todo por el hombre que amaba y por la amiga que consideraba una hermana. Su recompensa fue una cama de hospital, una traición susurrada al oído y una muerte que ellos mismos apuraron para quedarse con todo.

Pero el destino le devuelve algo que casi nadie recibe: una segunda oportunidad.

Blanca despierta diez años en el pasado, joven, sana y con un arma que sus enemigos jamás sospecharán: sabe exactamente cómo termina cada historia. Sabe quién miente, quién engaña y quién caerá primero. Esta vez no será la esposa ingenua ni la amiga bondadosa. Esta vez, ella mueve las piezas.

Con una sonrisa dulce y un plan letal, empieza a tejer la caída de quienes la destruyeron… y en el camino se cruza con Vittorio Moretti, el poderoso dueño de la empresa, un hombre acostumbrado a mandar que, por primera vez, encuentra a alguien capaz de ponerlo de rodillas.

Venganza servida en bandeja, secretos que estallan como bombas y una pasión que arde tan fuerte como el odio. Blanca aprendió por las malas que el amor ciego mata. Ahora va a demostrar que una mujer con el corazón roto y la mente afilada es lo más peligroso que existe.

Porque quien siembra vientos… recoge tempestades. Y esta vez, la tormenta lleva su nombre.

NovelToon tiene autorización de Kayanne para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24: La Prueba del Crimen

A la mañana siguiente, Blanca estaba en casa arreglando su bolso cuando sus ojos se posaron sobre un objeto olvidado al fondo de un cajón. Era una tanga roja, de encaje fino, extremadamente sexy.

Sonrió al reconocerla. Era de Lucia. Debía de haberla dejado ahí hacía tiempo, en las noches de "chicas", cuando dormían juntas e intercambiaban ropa. A Lucia le encantaba ese color, decía que daba suerte.

Blanca tomó la prenda delicada entre los dedos y la hizo girar en el aire. Una idea maligna y perfecta se le formó al instante en la cabeza.

—Vaya... el destino me lo está entregando todo en bandeja —murmuró, metiendo la tanga en el bolso con cuidado—. Ahora van a ver los dos.

Decidió llegar un poco más tarde a la empresa, dando tiempo suficiente para que la bomba que había plantado explotara primero.

Cuando finalmente entró en el vestíbulo, el ambiente ya era de pura confusión.

Todos los empleados estaban cuchicheando, señalando, riéndose de lado. Frank y Lucia acababan de llegar y ya sentían el peso de las miradas. Las fotos del estacionamiento habían recorrido la empresa entera durante la noche. Nadie podía seguir fingiendo que era solo amistad.

—Miren, ahí está la parejita...

—¡Vaya, qué caradura!

—Él tenía novia, ella era la amiga... ¡qué vergüenza!

Frank estaba morado de vergüenza, tratando de ignorar, caminando con la cabeza gacha. Lucia intentaba hacerse la desentendida, pero estaba toda encogida.

Fue en ese momento que Blanca entró en escena.

Caminó con pasos firmes, el rostro cargado con un dolor de actriz premiada, los ojos llenos de lágrimas que parecían reales. Se detuvo justo en medio del vestíbulo, llamando la atención de todos.

—¡¿ENTONCES ES VERDAD?! —gritó con la voz quebrada, rompiendo el silencio.

Frank dio un salto.

—Bran... amor, espera, déjame explicarte... ¡esas fotos son un montaje!

—¿UN MONTAJE? —Blanca avanzó hacia él, y con toda la fuerza que tenía, ¡ZAS! Le dio una cachetada tan fuerte que resonó por todo el vestíbulo. El rostro de Frank se giró hacia un lado, marcado con la huella de su mano.

—¡¿Cómo tienes el valor de mirarme a la cara?! —gritó, sollozando dramáticamente—. ¡Yo te amé! ¡Confié en ti! ¡¿Y me traicionaste con mi mejor amiga?!

Lucia intentó intervenir, poniendo cara de santa:

—Bran, por el amor de Dios, no montes una escena... podemos conversar...

—¡CÁLLATE LA BOCA, ZORRA! —Blanca se volvió hacia ella, escupiendo las palabras—. ¡Viniste a mi casa, comiste de mi pan, ¡¿y ahora te vas a la cama de mi hombre?!

Todos contuvieron la respiración. El escándalo era mayor que cualquier telenovela.

—¿Crees que no lo vi? —Blanca infló el pecho de aire, y en un movimiento teatral, metió la mano en el bolso, sacando la tanga roja de encaje colgando de los dedos, alzándola bien alto para que todo el mundo la viera.

—¡MIREN LO QUE ENCONTRÉ! —gritó, mostrando la prenda minúscula y sexy—. Fui hasta el auto nuevo de él esta mañana temprano, los vidrios son polarizados, ¿no? Abrí la puerta pensando que él todavía estaba ahí para conversar... ¡y miren lo que me encontré tirado en el asiento de atrás!

Le arrojó la tanga directo a la cara a Frank. La prenda le cayó en el pecho y resbaló hasta el suelo.

—¡Esto es tuyo, ¿verdad?! —Blanca apuntó con el dedo a Lucia, que se puso blanca como el papel, con las piernas temblando—. ¡Roja, de encaje... el color que tanto amas! ¡¿Cómo fue que terminó en el auto de mi novio, eh?! ¡Respóndeme!

Lucia se abrazó a su propio cuerpo, sintiéndose desnuda en plena plaza pública.

—Yo... yo no sé... debe de ser tuya... —tartamudeó.

—¿MÍA? —Blanca rió, una risa cargada de amargura y de burla—. Yo nunca usé una cosa tan... vulgar. ¡Eso es la cara de la zorra que prefieres, Frank!

Frank estaba parado, mirando la tanga en el suelo, mirando a Lucia, y la imagen de la noche anterior, del alcohol, del auto, del descontrol... todo le golpeó al mismo tiempo. No tenía cómo negarlo. La prueba estaba ahí, en la cara de todo el mundo.

—Entonces es verdad... —murmuró un empleado.

—Qué asco... traicionaron a la colega en su propia cara.

Blanca miró a los dos, sintiéndose la persona más poderosa del mundo. Por fuera parecía una mujer destrozada, por dentro celebraba cada segundo de su humillación.

—¡No quiero volver a verles la cara a ninguno de los dos! —gritó, dando media vuelta y caminando hacia el ascensor—. ¡Quédense con su amor prohibido, con su auto y con su ropa interior! ¡Los dos se merecen el uno al otro!

Entró en el ascensor y las puertas se cerraron.

Afuera quedaba el silencio incómodo, los cuchicheos, y los dos traidores ahí, pequeños, sucios y en evidencia para que toda la empresa viera quiénes eran de verdad.

El plan había sido perfecto. La tanga era el detalle final que sellaba su destino. Ahora, nadie volvería jamás a mirarlos como gente de bien.

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