Donatella lo dio todo por su matrimonio. Veinte años dedicada a un hombre que dejó de verla, a una vida que dejó de ser suya. Hasta que un día decidió que ya era suficiente.
A los cuarenta, la mayoría del mundo le dice que su mejor momento ya pasó. Pero Donatella está a punto de descubrir que la mujer más poderosa de su vida siempre estuvo ahí, esperando ser liberada.
Nueva ciudad. Nuevo cuerpo. Nueva actitud. Y un hombre que aparece en el momento exacto para recordarle que el deseo no tiene fecha de caducidad.
Porque después de los cuarenta no se termina la historia. Se empieza la mejor parte.
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Acontecimientos...
Renata
Solo puede ser ella, ¡los niños le cayeron bien de entrada! Y ellos no simpatizan con casi nadie, peor aún las que se les acercan siempre por causa del padre...
Acompaño a Donatella y en cuanto ella sale, unos cinco minutos después, aterriza el jet privado del señor Leonardo en la pista que tiene cerquita de casa.
Qué lástima, podrían haberse conocido, sin embargo tengo la sensación de que eso sucederá pronto, dejo que el destino haga su parte, ¿y yo? Yo voy a seguir rezando y si es ella, sé que Dios me lo va a mostrar.
Donatella
Salí superencantada y preocupada, aunque Renata diga que no hay problema, ni conozco al señor malvadón, imagínate que me arroje de verdad por la ventana y de cabeza, qué horror...
Y encantada con el palacio de él, con Renata que es un amor y con los hijos de él. Niños lindos, educados y me cayeron bien. Bueno, ¿a quién no le gustan seres tan puros como los niños?
Llegando a la oficina, Adelaide parece más calmada, le cuento todo lo que pasó, pues me demoré mucho en volver y ella solo se ríe y dice que está todo bien.
—Donatella, si Renata te invitó a entrar y permitió que conocieras a los hijos de él, quédate tranquila, él la escucha mucho a ella. No habrá problema, solo lo habría si ella no hubiera simpatizado contigo —dijo Adelaide, sonriendo.
—Espero de corazón que le haya caído bien —dijo Donatella.
—Te adoró, hasta ya me llamó y me dijo que te habías atrasado por culpa de ella, es una querida —dijo Adelaide.
Se quedaron conversando y trabajando.
Leonardo
Ni puedo creer que llegué a casa y para quedarme. Ítalo y Aurélio llevan las cabezas de los malditos al edificio de la mafia. Voy a bañarme, estar un rato con mis hijos y conversar con Renata. Mañana voy a la empresa.
Esta fiesta que el consejo insistió en hacer no me está agradando. Siento que algo anda mal... Ítalo y Aurélio dicen que es el cansancio, pero no sé...
En cuanto entro a casa, mis hijos corren y me siento bien, los extrañaba. Después de un rato con ellos, viene Renata, conversamos y Atena me dice algo que me llama la atención.
—Papá, no despidas a Donatella, es divertida —dijo Atena, sonriendo.
—¿Donatella? —preguntó Leonardo, cambiando la expresión relajada a seria.
—Sí, la mujer que Adelaide contrató, vino a traer tu traje para la fiesta y me cayó bien. La invité a tomar un café conmigo, cuando se estaba yendo, tus hijos llegaron y se los presenté. Créeme, es una excelente persona. No tienes que preocuparte, confío en ella y sabes que tengo un sexto sentido agudo —dijo Renata.
—Hmm, no debería invitarla ni presentarle a mis hijos sin tener la certeza de que es de confianza —dijo Leonardo.
—Ella es de confianza, muchacho, trabaja hace 9 meses para ti sin siquiera conocerte, miró la casa, el jardín, los niños con cariño, admiración... no vi codicia, ni falsedad, mucho menos arrogancia, es una mujer espontánea —dijo Renata.
—Veo que te gustó demasiado la tal Donatella —dijo Leonardo.
—¡Me gustó! —dijo Renata.
—A mí también me cayó bien, papá —dijo Adonis.
—A mí también me cayó bien —dijo Atena.
Leonardo apenas levantó las cejas, los miró con una expresión bastante sorprendida.
—Ok, aun así quiero siempre ser informado antes de que eso pase —dijo Leonardo.
—No seas paranoico, Leo, sabes que puedes confiar en mí —dijo Renata.
—Sí, eso lo sé, pero vamos con calma, ¡todavía está en prueba! El tiempo nos dirá si puedo o no confiar en ella —dijo Leonardo.
—Concuerdo —dijo Renata, sonriendo.
—Hmm, esa sonrisa tuya no me dejó feliz —le dijo Leonardo a Renata.
—Voy a mandar a preparar una merienda —dijo Renata, y salió riendo.
Leonardo
Necesito saber más sobre esta empleada mía, ahora que volví, voy a mandar a investigar todo sobre ella. Sé que no tiene antecedentes ni cosas irregulares, eso Adelaide ya lo había investigado. Ahora, esta semana quiero todo, desde el día en que nació.
Solo que pase esta fiesta y mando a uno de mis detectives a darle vuelta a la vida de ella.
Aprovecho y llamo a Adelaide, ella me dice que está todo listo y que antes de irse a casa va a pasar por el salón de fiestas para dar otra revisada, como siempre hace.
Mientras tanto en la Mafia, dos consejeros, la sobrina de uno de ellos y algunas amigas.
—Saben que probablemente solo tendremos esta oportunidad y Don Leonardo es muy astuto, necesitamos tener mucha cautela y hacer exactamente lo planeado —dijo Giacomo.
—Exactamente, pasamos meses maquinando los detalles de este plan, no puede salir mal —dijo Victor.
—Relájense, va a salir bien, sé bien cómo distraer al Don —dijo Alessia.
—No puedes manifestarte antes de que empiece el efecto de la droga, sabes bien cómo es el Don, no permite ciertos comportamientos —dijo Giacomo.
—En eso concuerdo con tu tío, Alessia, porque muchas de nosotras ya intentamos acercarnos de varias maneras y ¡él no lo permite! —dijo Akira.
—Sí, voy a hablar con él y después me voy, pareciendo triste, cuando vea el efecto, vuelvo y ¡esta vez se va a casar conmigo! Cuando despierte y vea que estoy con él, no va a correr, más todavía presionado por el consejo. Yo, siendo sobrina de uno de los miembros del consejo, él sabe que si se enteran, tiene que casarse conmigo —dijo Alessia, riendo.
—Eso, y vamos a hacer que el consejo y todos en la mafia sepan que durmieron juntos, me vas a mandar las fotos —dijo Victor.
—Con seguridad, pero necesitan poner la droga en su bebida, saben que eso es muy complicado —dijo Alessia.
—Déjamelo a mí —dijo Giacomo.
—Y los amigos y consejeros fieles de él necesitan creer que todo está normal, los drogaremos a ellos también y tiene que ser antes del Don, ellos necesitan desaparecer de su vista —dijo Victor.
—De Ítalo me encargo yo —dijo Akira.
—Y de Aurélio me encargo yo —dijo Noemi.
—¡Perfecto! Y de doña Adelaide, no podemos olvidarnos de ella —dijo Giacomo.
—Sí, ella siempre revisa las fiestas, déjenmela a mí, no va a poder socorrerlo y la doña pesada de Renata, él no la saca de al lado de esas criaturas mimadas —dijo Alessia.
—Sí, entonces escuchen, tenemos que hacer todo exactamente como lo planeamos —dijo Victor.
—Después de que logremos esto, pasaremos al paso dos...
Se quedaron conversando.