Ella renace en un nuevo mundo, en el cual tendrá que enfrentar dificultades por los problemas de su familia. Pero, no se quedará a sufrir, porque ella es una luchadora, siempre lo fue y siempre lo será..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Stefan 3
Cuando Stefan regresó a la posada para almorzar, encontró a Gemma atendiendo unas mesas.
Ella estaba sonriendo.
Como siempre.
Cuando lo vio entrar, sus ojos se iluminaron ligeramente.
—¡Stefan!
Él se detuvo.
—Hola, Gemma.
Ella se acercó.
—¿Estaba esperándome para almorzar?
Stefan se sorprendió.
—Claro.
Gemma sonrió satisfecha.
—¡Perfecto!
Después señaló una mesa.
—Entonces siéntese. El almuerzo está casi listo.
Stefan obedeció.
—¿Qué preparó?
—Guiso.
—¿Y el pastel?
Gemma levantó una ceja.
—El pastel es para la tarde.
—Entiendo.
—Y será especial.
Stefan sonrió.
—¿Por qué?
—Porque hoy tengo un invitado especial.
Stefan sintió una pequeña calidez en el pecho.
[¿Invitado especial?]
Gemma, sin notar el efecto de sus palabras, volvió a la cocina.
Stefan la observó.
Seguía siendo la misma Gemma alegre.
La misma mujer que hacía bromas.
La misma que hablaba con los clientes.
La misma que parecía encontrar motivos para sonreír incluso después de haber vivido cosas que habrían quebrado a muchas personas.
Pero ahora Stefan sabía algo que ella no sabía.
Tres grupos diferentes la estaban vigilando.
Y no pensaba permitir que ninguno se acercara.
Durante el almuerzo, Gemma se sentó con él.
—¿Está rico?
—Mucho.
—Me alegro.
Gemma comenzó a comer tranquilamente.
Stefan esperó unos segundos.
Luego preguntó..
—Gemma.
—¿Sí?
—¿Sabe algo de los hombres que la siguen?
Ella negó con la cabeza.
—No.
—¿Nunca los ha visto?
—No que yo sepa.
—¿Nunca se han acercado?
—Nunca.
Gemma tomó un poco de comida.
—Marta y Pedro fueron quienes se dieron cuenta. Yo nunca les he prestado demasiada atención.
Stefan la miró fijamente.
—¿No le preocupa?
Gemma hizo una pequeña mueca.
—Claro que me preocupa un poco.
Después se encogió de hombros.
—Pero mientras no hagan nada...
—¿No sabe quiénes son?
—No.
—¿Ni por qué la siguen?
—Tampoco.
Stefan permaneció en silencio unos segundos.
Luego preguntó..
—¿Le molestaría que yo interviniera?
Gemma levantó inmediatamente la mirada.
—¿Intervenir?
—Sí.
—¿Para hacer qué?
—Averiguar quiénes son.
Gemma dejó los cubiertos.
—Stefan...
Su expresión se volvió seria.
—No quiero que tenga problemas por mi culpa.
Stefan parpadeó.
—¿Problemas?
—Sí.
—¿Y si fuera peligroso?
—Precisamente.
Gemma lo miró preocupada.
—No quiero que se exponga por mí.
Stefan se quedó callado.
Aquella respuesta lo había sorprendido.
Él era un mago.
No cualquier mago.
Además sabía utilizar una espada.
Había enfrentado criaturas, criminales y situaciones mucho más peligrosas que unos hombres escondidos en las calles.
Y Gemma lo sabía.
Aun así... ella estaba preocupada por él.
No por sí misma.
Por él.
Stefan la miró durante unos segundos.
[Está completamente sola y todavía se preocupa de que yo pueda salir herido.]
Sintió una calidez extraña.
—Gemma.
Ella lo miró.
—Quiero ayudarla.
Gemma sonrió suavemente.
—Nunca nadie me había ofrecido algo así.
Stefan sonrió.
—Entonces será la primera vez.
Ella bajó la mirada.
Parecía emocionada.
—Gracias.
Stefan asintió.
—Yo me encargaré de esos hombres.
Gemma lo miró.
—¿Seguro?
—Seguro.
—Tenga cuidado.
—Lo tendré.
Gemma sonrió.
—Entonces... gracias.
Stefan tomó un sorbo de su bebida.
—¿Quiere saber quiénes son?
Gemma negó rápidamente.
—No.
—¿No?
—No quiero saber.
Stefan la observó.
—¿Está segura?
—Sí.
Gemma volvió a tomar los cubiertos.
—No quiero problemas con nadie.
Hizo una pequeña pausa.
—No quiero deberle nada a nadie.
Después miró alrededor de la posada.
—Mi vida está bien.
Sonrió.
—Tengo mi posada.
Miró hacia la cocina.
—Tengo a Marta y a Pedro.
Volvió a mirarlo.
—Tengo trabajo.
Su sonrisa se hizo más amplia.
—Y tengo clientes.
Stefan sonrió.
Gemma continuó..
—No quiero que por buscar información, aparezca alguien buscando problemas y termine destruyendo todo esto.
—No lo permitiré.
Ella lo miró.
—¿De verdad?
—De verdad.
Gemma sonrió.
—Entonces está bien.
Stefan asintió.
—Yo resolveré la situación.
—Gracias.
Gemma pensó unos segundos.
Y de repente sonrió.
—Entonces el pastel de esta tarde será mucho más grande.
Stefan levantó una ceja.
—¿Mucho más grande?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque me está ayudando.
—No era necesario.
—Ya está decidido.
Stefan soltó una pequeña risa.
—Está bien.
Gemma tomó otro bocado.
Después pareció recordar algo.
Lo miró.
—Stefan.
—¿Sí?
—¿Somos amigos?
La pregunta lo tomó completamente desprevenido.
Stefan se quedó mirándola.
Gemma esperaba una respuesta.
Por alguna razón, la pregunta le pareció mucho más importante de lo que debería.
Finalmente sonrió.
—Sí.
Los ojos de Gemma se iluminaron.
—¡Bien!
Se levantó de la silla y, sin pensarlo demasiado, se acercó y le dio un pequeño abrazo.
Stefan volvió a quedarse sorprendido.
Pero esta vez no tardó en reaccionar.
Sonrió.
—Amigos.
Gemma se separó.
—Entonces tengo que hacerle un pastel digno de un amigo.
—No tiene que..
Pero ella ya estaba caminando hacia la cocina.
—¡Voy a empezar!
—Gemma...
Ella se giró.
—¿Sí?
Stefan negó con la cabeza, divertido.
—Nada.
Gemma sonrió y desapareció en la cocina.
Poco después comenzó a escucharse el sonido de los utensilios.
Stefan permaneció sentado.
Miró hacia la cocina.
Luego bajó la mirada hacia su taza.
La palabra seguía dando vueltas en su cabeza.
Amigos.
Sonrió.
Era una palabra sencilla.
Pero le gustaba.
Mucho.
[Amigos.]
Miró nuevamente hacia Gemma.
[Entonces debo proteger a mi amiga.]
Su expresión se volvió más seria.
No pensaba decirle todavía lo que había descubierto.
Ella no quería problemas.
No quería nombres.
No quería enemigos.
Solo quería vivir tranquilamente.
Y Stefan iba a darle exactamente eso.
Aunque para conseguirlo tuviera que enfrentarse a tres grupos diferentes.
Volvió a mirar hacia la cocina.
—¿Gemma?
—¡¿Sí?!
—¿Necesita ayuda con el pastel?
Hubo unos segundos de silencio.
Después escuchó..
—¡Sí!
Stefan sonrió.
[Definitivamente no sé cómo ocurrió esto.]
Se levantó y caminó hacia la cocina.
Quizás podía encargarse de los hombres que la seguían.
Quizás podía descubrir qué querían.
Quizás incluso podía protegerla de todo aquello que amenazaba su tranquilidad.
Pero había una cosa que Stefan todavía no sabía.
Proteger a Gemma estaba comenzando a dejar de sentirse como una obligación.
Y cada vez más... se estaba convirtiendo en algo que quería hacer.
Los magos por consiguiente no buscan enamorarse y el pobre Estefan no pudo resistirse a Gemma.
conquistado con todo lo que ella es.
Amo esta parejita.