Segunda parte
Isabella creía haber dejado atrás los secretos del pasado, hasta que un contrato inesperado la obliga a unir su destino con el misterioso heredero Blackwood.
Un matrimonio por conveniencia, una regla que no pueden romper y sentimientos que jamás estuvieron en el contrato. 💍❤️
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Capítulo 21 — La noche que desapareció de sus recuerdos
Isabella permaneció inmóvil.
Las palabras de la llamada seguían resonando en su cabeza.
“Pregúntale a Isabella quién estuvo a su lado la noche en que nació.”
—Yo no recuerdo nada de esa noche —dijo finalmente.
Su madre había hablado de ella muchas veces.
Del hospital.
De Elena.
De Adrián.
Pero nunca le había contado todos los detalles.
—Eras demasiado pequeña —explicó su madre.
—Entonces alguien tiene que recordarlo.
Adrián asintió.
—Yo lo recuerdo.
Todos lo miraron.
—¿Tú estabas allí?
—Sí.
Isabella sintió que el pecho se le apretaba.
—Pero acabas de decir que desapareciste antes de que yo naciera.
Adrián bajó la mirada.
—Te mentí.
Damián dio un paso adelante.
—¿Por qué?
—Porque necesitaba que todos creyeran que había desaparecido.
Isabella lo observó fijamente.
—¿Y qué ocurrió aquella noche?
Adrián respiró profundamente.
—Tu madre llegó al hospital acompañada por Elena.
—¿Mi madre y Elena estaban juntas?
—Sí.
—¿Y tú?
—Yo estaba escondido.
Isabella frunció el ceño.
—¿De quién?
—De la organización.
Daniel intervino:
—¿Sabían que Isabella iba a nacer?
Adrián asintió.
—Sabían que existía una niña que podía convertirse en la protectora del archivo.
Victoria preguntó:
—¿Y qué hicieron?
Adrián miró a Isabella.
—Intentaron llevarte.
El silencio fue inmediato.
—¿Qué? —susurró ella.
—No llegaron a hacerlo.
—¿Quién me protegió?
Adrián tardó unos segundos en responder.
—Elena.
Damián cerró los ojos.
Por primera vez parecía comprender algo que llevaba años intentando descubrir.
—Mi madre te ayudó a protegerla.
—Sí.
—Entonces nunca estuvo en contra de Isabella.
—Nunca.
Isabella respiró lentamente.
—¿Quién estuvo conmigo después?
Adrián la miró.
—Tu abuelo.
Ella bajó la mirada.
—Pero la llamada decía que alguien que conozco estuvo conmigo.
—Porque no fue solamente tu abuelo.
Adrián sacó una pequeña fotografía de su bolsillo.
Era una imagen tomada en el hospital.
Isabella recién nacida estaba en brazos de una mujer.
La fotografía estaba parcialmente dañada.
Pero el rostro de la mujer podía reconocerse.
Era Elena.
Damián tomó la fotografía.
—Mi madre…
En el reverso había una inscripción:
“Prometo protegerla hasta que llegue el momento.”
Debajo había una fecha.
La fecha del nacimiento de Isabella.
Daniel observó la fotografía.
—Esto demuestra que Elena sabía quién era Isabella desde el principio.
—Y que la protegió —dijo Damián.
Pero Isabella seguía mirando un detalle.
Al fondo de la fotografía había otra persona.
Una mujer de pie junto a la puerta.
Su rostro estaba parcialmente oculto.
—¿Quién es ella?
Adrián tomó la fotografía.
Su expresión cambió.
—No lo sé.
—¿Cómo que no lo sabes?
—Porque cuando tomaron esta fotografía, yo no estaba dentro de la habitación.
Isabella acercó la imagen.
Había algo familiar en aquella silueta.
El cabello.
La postura.
El pequeño colgante que llevaba en el cuello.
Entonces recordó algo.
—Ese collar…
Su madre se quedó completamente quieta.
—¿Qué?
Isabella señaló la fotografía.
—Yo he visto ese collar.
—¿Dónde?
Isabella cerró los ojos, intentando recordar.
Una imagen apareció en su mente.
Ella era pequeña.
Estaba en una casa.
Una mujer se arrodillaba frente a ella.
Le colocaba un pequeño colgante alrededor del cuello.
Y decía:
“Cuando seas mayor, comprenderás por qué tuve que esconderme.”
Isabella abrió los ojos.
—Ya recuerdo.
Todos se acercaron.
—¿Quién era? —preguntó Damián.
Isabella miró a su madre.
—Era una mujer que venía a verme cuando era pequeña.
Su madre palideció.
—¿Recuerdas su rostro?
Isabella negó lentamente.
—No.
Entonces Daniel tomó la fotografía y amplió la imagen.
—Esperen.
Señaló el colgante.
—Ese símbolo…
Era el mismo círculo que aparecía en el archivo.
El mismo símbolo que tenía Daniel.
El mismo que estaba relacionado con Adrián.
Pero había algo diferente.
En el centro del círculo había una pequeña marca.
Una marca que ninguno de ellos había visto antes.
Adrián se quedó mirando la fotografía.
—Ahora entiendo.
—¿Qué? —preguntó Isabella.
Él levantó la mirada.
—La mujer que estaba en esa habitación no vino a llevarte.
Hizo una pausa.
—Vino a asegurarse de que sobrevivieras.
—¿Quién era?
Adrián respondió:
—La persona que creó la primera versión de la organización.
Isabella quedó paralizada.
—¿Mi madre?
Adrián negó.
—No.
Miró nuevamente la fotografía.
—Era tu abuela.
Isabella abrió los ojos.
—Pero mi abuela murió antes de que yo naciera.
Adrián negó lentamente.
—Eso es lo que todos creían.
Y en ese instante, el teléfono de Isabella recibió una fotografía nueva.
Esta vez no era antigua.
Era reciente.
Una mujer mayor aparecía frente a una ventana.
Y debajo de la imagen había un mensaje:
“Isabella, si quieres conocer la verdad sobre tu familia, ven a verme.”
La firma era solamente una inicial:
“A.”